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5 El ataque a la ciudad

Por Pablo Manrique Sánchez · Costa Rica · Ciencia Ficción

5 El ataque a la ciudad
5- El ataque a la ciudad. Pablo Manrique Sánchez

En aquel primer intento las cosas no resultaron bien. El rayo no se disparó en forma lineal. Fueron varias centellas y salieron de los lados del cristal destruyendo todo lo que tocaron. Bastó que permaneciera solo un instante sin el receptáculo y en contacto con suru, para que de la cabaña solo quedaran un par de bases y mucho humo. Además de la muerte de dos guardas jóvenes atravesados por los poderosos relámpagos emitidos por la joya.
Vesty lideraba el grupo. Junto a él, dos canosos muy respetados de la ciudad, Solón y Jerath; quienes habían logrado sobrevivir al ataque de los espectrum, aquella sangrienta tarde tiempo atrás. Los longevos personajes tenían conocimientos en muchas áreas. Practicaban métodos medicinales, biología, astronomía, metalurgia y ciencias ocultas; tras quedar la ciudad en cenizas y varios de los altos jerarcas atravesados por las espadas y lanzas, ahora tomaban los cargos más importantes de la comunidad de las cavernas.
También eran parte del grupo algunas otras figuras sobresalientes de la ciudad. Viela, una mujer zagas y peligrosa, excelente elemento de combate. Por su machete de mandíbula de hippo, decenas de humanos habían dejado de existir. Era de belleza impresionante y figura superior entre las de su clan; un grupo de mujeres guerreras que vestían pieles de jaguares. Vesty la prefería mejor de su lado que como enemiga, por lo que la había invitado a la reunión.
Zedrak era otro invitado del rufián, un tipo alto de mucho respeto en todos los pueblos ya que manejaba varias lenguas a la perfección, además, era un hábil guerrero. Había participado en las últimas doce batallas, desde "La helada del invierno azul" hasta "La masacre de los espectrum", como le llamaban al último combate. También se distinguía por ser un líder justo, un hombre que siempre valoraba entre el bien y el mal. Vesty suponía que en algún momento el tipo sería un problema y debería matarlo, sin embargo, antes conquistaría su clan.
Chenka era líder desde muy joven. Había ganado su puesto en las cacerías de bisontes encabezando las primeras filas. Estas cacerías eran eventos muy importantes en las tierras de las cavernas. Ya había obtenido "la piel blanca" un sin número de veces, solo los que sobrevivían la obtenían y los vestiría hasta la siguiente expedición, más o menos cada tres arcos de estrellas. Chenka era un tipo sólido, de carácter muy explosivo, amante de las armas y sobre todo muy supersticioso, lo cual era un punto débil en su vida.
Los últimos que formaban el grupo de Vesty, eran los constructores Agdamaniel y Bolin; quienes ya habían asumido el cargo de reconstruir la ciudad. Eran hombres muy precisos con el maso y el hacha. Construían fácilmente torres y represas, chozas y botes. Todo cuanto a Vesty se le ocurriera, sus ingenieros procedían a realizar.
¿Pero que había sucedido? ¿Porque Gabus estaba desaparecido?
Hagamos un recorrido por los hechos que anteceden esta reunión.
Luego de que Blop mostrara su descubrimiento a Gabus, y luego a los ciudadanos de la metrópoli, el crecimiento fue extraordinario. Se pudieron producir ladrillos de forma ininterrumpida y con ello más chimeneas que mantenían cavernas y chozas calientes. Las pieles se curtieron en poquísimo tiempo, los alimentos se conservaban perfectamente y muchas enfermedades desaparecieron.
Blop fue exonerado de su delito de deserción y tomado como el nuevo héroe de todo Akmevirit. Pero esto provocó la furia de Vesty, quien vio amenazado su lugar en la ciudad; lo que lo llevó a idear un plan para imponer su mando.
Su idea consistía en hacerle creer al pueblo que Gabus les estaba negando el derecho al valioso elemento, por lo que debería robar la "gema de fuego" y apagar la hoguera central; así los habitantes se quedarían sin fuego y comenzarían las preguntas.
De este modo, una noche pactada Viela atravesó el patio central del pueblo y llegó hasta donde estaba la famosa hoguera, llevaba ya varios arcos de estrellas sin apagarse. Era como una sombra y sabia moverse como el felino más silencioso. Sin que el guarda de turno se diera cuenta depositó dentro de las brasas ardientes un líquido parecido a una goma blanca, que rápidamente se esparció por los carbones y terminó apagando la inmensa antorcha. Para cuando el vigilante se dio cuenta, ya la chica y su sombra habían desaparecido del sitio.
El ingenuo guarda no dio la voz de alarma de inmediato. Supuso que quizá la falta de troncos había extinguido el fuego y decidió esperar al cambio de turno para reportar el hecho. Esto le dio aún más tiempo a la audaz asesina de encontrar la cueva de Gabus. Donde se suponía, estaba el famoso cristal.
Existía un problema para la ágil y mortífera Viela y eran los guardas en la entrada de la cueva de Gabus. Siempre eran de los mejores elementos y su constante entrenamiento no les permitía despistarse ni un momento.
Viela, que tenía en cuenta todo, había ideado una estrategia para poder atravesar el muro que representaban los gendarmes del Ejército de las Piedras. Un plan que necesitaba que todo sucediera "al pie de la letra".
La cautelosa guerrera-jaguar colocó dos jarras de bambú llenas de agua adulterada en una mesita a la par del pozo que se ofrecía para refrescar a toda la comunidad, eso incluía por ende a Vort y sus compañeros de turno. Luego dirigiéndose muy sigilosamente a la entrada de la cueva, destripó con su sable una extraña fruta parecida a una toronja; del cual se disparó un fétido olor. Rápidamente el nauseabundo tufo fue captado por los guardias, los cuales corrieron tapándose sus narices en estado de semi descomposición.
- ¡Uuggg, que asco siento que me voy a vomitar Tirks! - El joven Vort tosía y sudaba al igual que su compañero-
-Tenemos que ir a tomar agua. Vamos Vort, tampoco me siento muy bien. Esto es obra de un asqueroso huevo de gallimimo ¡uuaagg! -Vort ayudado por Tirks logró llegar hasta el pozo sin vomitar ni desmayarse.
Los huevos de gallimimo eran famosos justamente por el olor a descomposición, y eran utilizados por ciertas tribus como "bombas" en las batallas por territorio. El hedor de estos causaba vómitos, irritación de ojos y garganta, asfixia y a mucha exposición alucinaciones.
Rápidamente los adoloridos guardas buscaron algo con que tomar del pozo. Muy atenta Viela los observaba desde su escondite, cerca de la entrada a la caverna. Sin pensarlo mucho el ingenuo Vort, tomó líquido de la jarra previamente llenada por la felina guerrera y trató de refrescar sus ojos y garganta, luego Tirks hizo lo mismo tomando de la otra jarra. Pasó menos de un cambio de nubes para que los dos guardas cayeran noqueados en el piso a la par del pozo.
Lo que continuó fue muy sencillo para Viela. Sin la vigilancia de Tirks y Vort, penetrar en la cueva de Gabus y robar el cristal, fue realmente cosa fácil. El hecho estaba consumado, la ladrona entregaría el cristal a Vesty y lo que vendría a continuación sería un levantamiento del pueblo contra su gobernador. Nuevamente el pueblo no tendría fuego.
A la mañana siguiente la "hoguera común", como se le llamaba al horno que todas las mañanas se avivaba para que el pueblo se sirviera de fuego; estaba apagado. Nadie sabía que había sucedido, los guardas aún estaban en el piso y sus esposas trataban de reanimarlos.
- ¡Parece que han robado "el cristal del fuego"! - Exclamó una voz que aparecía entre la multitud. Se trataba de Gabus quien acababa de pronunciarse.
- ¡También envenenaron a mi esposo! - Gritó la voz de la mujer de Vort.
En el patio central, entre la multitud también se encontraban Blop, Vesty y la mismísima Viela, que, a pesar de ser la autora de los hechos, su presencia en el lugar le restaba sospechas.
- ¿Alguien sabe algo sobre este crimen? - Preguntó Herrald, un zapatero del centro de la ciudad - ¡Necesitamos el cristal y justicia para nuestros hermanos! -
- ¡Sin la roca, en el invierno volverán las muertes! - Mencionó consternado Boyorg, alfarero del barrio Arcillas, quien todas las mañanas subía al centro a llevar fuego para su horno.
- ¡Te han robado ese cristal como quitarle una nuez a un niño Gabus! - Se atrevió a decir Solón, quien era seguido por muchos- ¡Es increíble que se hallan burlado de tus centinelas después de tanto entrenamiento! -
Gabus no sabía que responder, no estaba acostumbrado a los reclamos. Siempre había llevado una vida de triunfos y agasajos y más en los últimos tiempos dorados, con la introducción de la "gema de fuego". Obtener grandes reconocimientos de muchas ciudades, países y personajes importantes, lo habían elevado a celebridad. Ahora se veía en una situación para la que no estaba preparado.
- ¡De verdad no entiendo que ha pasado! El fuego que nos trajo Blop con el vidrio, siempre fue compartido entre todos. Nunca se le ha negado a ningún habitante. ¿Porque alguien querría robar el cristal? -
- ¡Es lógico! - Se escuchó entre la multitud - ¡Para venderlo a los Somantis, nuestros mortales enemigos! - La voz era de Zedrak el altivo guerrero de la ciudad central.
Un silencio se produjo de inmediato y todos abrieron paso para que Zedrak se ubicara en el frente.
- ¡En nuestra ciudad hay traidores! Si no tenemos cuidado pronto tendremos una invasión y nuestros hijos estarán en peligro. Creo que necesitamos un líder que nos pueda defender y cuidar de nuestra estabilidad. ¡Gabus tú no eres ese líder! -
Las palabras del gran Zedrak, calaron hondamente en los sentimientos de Gabus, quien, en su puesto de gobernador, nunca había sido cuestionado ni se habían sublevado contra él.
-Es definitivo necesitamos más seguridad- continuó Zedrak -con el dominio sobre el fuego la ciudad se ha vuelto más peligrosa y Gabus ha demostrado que no nos puede gobernar. ¡Propongo que hagamos una nueva elección! -
Una sonrisa se dibujó en el rostro de Vesty, y sus ojos se iluminaron con chispas de malicia; situación que no pasó desapercibida para Blop, que se encontraba cerca y sospechaba desde sus primeros encuentros, de las malas intenciones del tipo.
Gabus no sabía qué hacer, ni siquiera podía pensar. Sus guardas personales estaban tendidos en el piso, el pueblo enojado y asustado, sumado a eso uno de sus líderes más importantes se pronunciaba en su contra.
La mayor parte de los habitantes de la ciudad ya se habían levantado y se encontraban cerca del lugar. De pronto un brazo apareció y tomó de la mano al asustado y confundido gobernador.
- ¡Esposo mío! - Exclamó una voz llena de angustia y con lágrimas en los ojos.
- ¡Tranquila Zoroe no pasa nada, todo se solucionará ya verás! -
Zoroe, era algunos tiempos dorados menor que Gabus. Mujer de rasgos muy refinados y hermosos. Sus cabellos adornaban algunos hilos de plata añadidos por el tiempo. Le gustaba vestir pieles largas donde ocultaba los tonificados músculos de sus piernas, producto de las largas caminatas entre las regiones. Solo tenía una hija con Gabus, de nombre Yadriela.
- ¡Acepto la nueva elección hermano Zedrak y hago mi propuesta para el puesto! -
- ¿A quién propones hermano Gabus? - Interrogó el justo guerrero.
Muchos de los residentes ya estaban sentados en las edificaciones creadas para el reposo de la gente en la plaza común. Los que más destacaban en los diferentes grupos permanecían de pie en medio del debate. El pueblo en verdad era muy entendido en todas las materias de la vida y esperaban una solución rápida al problema, para volver a sus funciones normales y fortalecer su linaje.
- ¡Yo propongo como gobernador al hombre que nos trajo el dominio del fuego hasta aquí, propongo al hermano Blop, hijo de Mikem! -
Todos quedaron desconcertados, nadie se esperaba la proposición para gobernante de un hombre que, aunque era considerado muy inteligente, jamás cumplía con un récord para ser el máximo líder. Primero por su situación de personaje perdonado de su cargo de deserción y segundo, por su historial de participación en batallas y guerras, que básicamente era nulo.
- ¡Siiii, claro que Siiii, todos con Blop! - Gritó un habitante de joven edad, que al instante empezó a incitar a sus coterráneos de apoyar al desertor.
- ¡Todos con Blop "el rey del fuego"! - Chilló una mujer gorda con sus dos hijos gemelos alzados uno en cada brazo.
Blop no esperaba que lo apoyaran. Vivía feliz haciendo sus experimentos y sabiendo que había ayudado a su comunidad con traer el secreto del fuego. Pero ahora las cosas eran diferentes, habían robado "la piedra cristal" y eso implicaba que de nuevo su ingenio y facultades, iban a ser necesarias para resolver el asunto. Imaginaba lo peligroso que podía ser manipular tan peculiar objeto sin el conocimiento correcto.
En la rápida visita al lugar de los hechos se había topado con la sorpresa de encontrar el receptáculo de la roca, lo que implicaba que el ladrón solo se había llevado el cristal, tras desconocer la función de la madera de gidgee.
- ¡Me rehúso totalmente a tan descabellada idea! - Era Vesty quien se promulgaba en contra de la idea propuesta por Gabus. - ¡Me propongo yo para cubrir el puesto de "Gabus el confiado"-
-Vesty estaba dando el paso definitivo de su plan. El pueblo lo admiraba y él tenía plena confianza en que rápidamente ascendería a su soñada idea de convertirse en el gobernador.
- ¡Todos con Vesty para gobernador! - Gritó Viela quien era la cómplice más cercana a Vesty, después de su novia Vaehla.
Las discusiones iniciaron de inmediato, algunos del lado de Blop y otros con Vesty. Cada uno tenía su opinión acerca del caso. Incluso algunos decían que Gabus debía de continuar, el caso es que no había acuerdo rápido.
El alboroto continuó un rato más, pero de entre la gente surgió una figura con una solución.
- ¡Lo haremos por medio de las joyas del azar! - Era Jerath el viejo, un tipo de piel oscura como quemada por suru, y barba blanca como el algodón. Hombre de ciencia que tenía el respeto de todo el pueblo. Jerath era un gran ingeniero, había diseñado por medio de cañas un sistema de tuberías que hacía que cada cueva y choza de la ciudad tuviera agua potable extraída del caudal del río, los constructores lo habían hecho realidad gracias a sus mediciones, ideas y planos. El increíble resultado había catapultado al genio a la estratosfera de la admiración y respeto.
Pasaron varios cambios de nubes. En medio de las charlas y discusiones apareció entre la multitud un chico de escasos cinco o seis tiempos dorados. Cargaba entre sus brazos una linda caja echa de madera de abedul. La aglomerada gente abrió espacio para que el jovencito avanzara. Luego de un corto recorrido, el niño llegó hasta donde estaba Jerath y le entregó el pequeño cofre. El viejo lo colocó en una mesa ubicada en el centro de la plaza.
Todo el pueblo miraba atento los movimientos del científico. Luego de quitar un par de seguros que representaban dos mecatillos de alguna fibra, Jerath extrajo de la caja el instrumento "las joyas del azar".
El juego era muy sencillo y fácil de ejecutar, pero en realidad era más azar que democracia. Y era así porque nunca había nadie mejor que nadie, solo el que la gran fuerza decidiera, por lo que el sistema democrático no era usado.
- ¡Utilizaremos las tres cubetas! - Informaba el hombre de oscura piel al pueblo - las cubetas tienen su placa de color respectiva, la roja representará a nuestro "maestro de guerra Vesty", la otra de color oro, será la designada a nuestro "maestro de fuego Blop" y la última, de color verde queda para nuestro gobernador Gabus-
El pueblo apoyó la decisión por medio de un largo aplauso, sin embargo, ellos no verían la placa de la vasija donde depositarían su gema, porque estas estarían cubiertas con mantas oscuras. Todo sería ejecutado desde la guía que su corazón les dictara.
-Tengo en esta mesa quince gemas de colores...- Anunció Jerath -...cinco son negras y cada una depositada en una cubeta tiene un valor de cinco puntos, las blancas son cuatro y valen cuatro puntos; luego siguen las azules que son tres las rojas que son dos y una sola de color oro y valen respectivamente diez, veinte y treinta puntos. Ustedes tomaran una al azar y la depositaran en la cubeta que sientan es la designada por "la fuerza"-
- ¿Quiénes serán los que tomarán esas gemas Jerath? - Preguntó un hombre muy alto de entre la muchedumbre.
-Lo mejor será que ustedes mismos elijan a esas personas que los representaran. Deberán ser cinco hombres, cinco mujeres y cinco niños- respondió el viejo, quien era el que había creado la metodología y también la había perfeccionado.
De nuevo empezaron las conversaciones y discusiones entre todos los aglomerados en la plaza. Se escuchaba que unos proponían a otros y otros a otros. Pero las cosas no eran tan complicadas en la Ciudad de las Piedras, como lo es en nuestro tiempo. Rápidamente el pueblo tenía elegidos a sus representantes, quienes pasaron al frente subidos en una tarima dentro del quiosco de reuniones, para proceder con la elección al azar de quien sería su nuevo gobernador; esto si Gabus no quedaba nuevamente.
Destacaban de entre los elegidos, hombres con negocios importantes: Calder un panadero que ya se había extendido por todo Akmevirit, Vyron el carnicero y Mankey el herrero. De entre las mujeres destacaba Falibú, dueña de la casa de citas más importante de la capital, también Moria, propietaria de una tienda de vestidos. Con los niños fue una elección más simple, destacaba Bjark y Kinnet un chico y chica muy sobresalientes en la clase de planos del maestro Feretrum.
Todos pasaron al frente y se colocaron linealmente. Las joyas fueron depositadas en una vasija la cual no permitía mirar hacia dentro mientras la mano estuviera penetrando, lo que hacía imposible que la persona, incluso un niño, pudiera saber que perla iba a sacar -pero de todos modos ¿que importaba? Al final, aunque obtuvieran la joya echa de oro no sabrían a quien se la darían, solamente funcionarían como instrumento de "La Fuerza"-
Colocados de manera que las primeras en sacar joya fueran las mujeres, luego los hombres y de último los niños.
Inició el ritual.
Una mujer adulta de piel muy roja por el intenso suru de los Llanos sin fin (sitio donde se cosechan grandes cantidades de fruta y miel). Introdujo su callosa mano en la estrecha vasija y rápidamente tenía en su poder una de las perlas color rojo. Todos se quedaron admirados cuando ella la mostró, sin importar que los demás vieran lo que La Gran Fuerza le había regalado para servirle. Luego caminó hasta donde estaban las tres vasijas cubiertas, solo poseían un pequeño orificio por donde caerían las perlas. La mujer roja con una sonrisa esquizofrénica depositó su perla con un valor de veinte puntos en el cesto número uno, que era el primero de derecha a izquierda.
Luego le siguió Falibú, la mujer de la casa de citas. En su negocio reclutaba jóvenes de escasos tiempos dorados, para servir en múltiples funciones que eran del agrado de los adultos. Falibú tenía una cabellera enmarañada y sucia, su pelo eran rastas muy maltratados y de largo tamaño. Introdujo su mano en el cesto y sacó su perla. Era de color negra con un valor de cinco puntos. Rápidamente caminó hacia las vasijas y sin importarle mucho la depositó en la cesta que tenía las dos rayas. En seguida apareció Moria, la dependiente, sacó una de las perlas color azul y la colocó también en el cesto donde acababa de introducirse la joya de Falibú. Así siguieron dos féminas más que colocaron sus cuentas en el cesto número dos y eran, una de color negro y otra azul. A continuación, sería el turno de los hombres de la ciudad capital.
Calder subió a la tarima, era un tipo sumamente creyente y se tomaba ese tipo de ceremonias de la manera más seria. En su desfile hasta donde se encontraba el cesto de joyas parecía que iba orando. Al introducir su mano en el cesto, sus ojos estaban cerrados y se sumía en un trance. Sacó su perla y la mostró al público, pero no abrió los ojos para mirarla. Su hijo, un muchacho de catorce tiempos dorados se acercó y lo encaminó hasta los tres jarrones, luego el hombre aun con los ojos cerrados la dejó ir en el cesto número uno, respirando de manera acelerada y levantando voces al cielo.
En el caso del carnicero Vyron no hubo mayor detalle. Subió, tomó una joya y la introdujo en la cesta número uno, era una perla blanca con un valor de cuatro puntos. No causó interés y pasó prácticamente inadvertido. Lo que sucedió después si llamó mucho la atención de los presentes. Era Mankey el forjador de metales, hombre de suma importancia y admiración en la metrópoli, quien se distinguía por ser un tipo altanero y muy orgulloso. Subió a la tarima sin mirar a nadie y se dirigió de inmediato a la cesta de las alhajas, donde introdujo su dura y musculosa mano la cual entró ajustadísima.
- ¡Sácala ya Mankey! - Le gritó un hombre que se encontraba en las primeras filas.
- ¡No ves que se me atoró! - Gritó disgustado el herrero que ya llevaba varios cambios de nubes con la mano dentro de la vasija y le corría sudor por la frente.
Luego de luchar con la estrecha vasija, por fin la mano de Mankey parecía que se liberaba de la presión del recipiente. Pero, cuál sería la admiración de todos, cuando al abrir el gigantesco puño pudieron observar que el desagradable Mankey, tenía entre sus dedos la preciosa joya de oro puro; con un valor de treinta puntos.
- ¡Ja ja ja quien iba a creer que para La Gran Fuerza yo soy el más valioso! - Se jactaba Mankey mientras atónitos los presentes observaban- ¡Depositaré mi joya en la canasta número tres, así esto se nivelará un poco, ja ja ja! -
Era cierto, ya las canastas uno y dos poseían joyas dentro, mientras la tres no había obtenido ni un solo voto.
Mankey bajó las pequeñas gradas de piedra y de inmediato se retiró del lugar. Al final de cuentas era un tipo muy ocupado y realmente disfrutaba su trabajo en el taller de herramientas.
Los siguientes dos sujetos en depositar joya lo hicieron igual que Mankey, en la canasta tres. Aunque fuese un hombre desagradable, el herrero tenía poder de influencia sobre muchas mentes del pueblo, y al verlo sacar la joya de oro, supersticiosos creyeron estar ante una señal o algo parecido. Esos votos fueron perlas blancas, con valor de cuatro puntos cada una.
Ahora venia el turno de los niños, el primer chico fácilmente extrajo su perla del jarrón y la enseñó a los presentes. Con los destellos de suru parecía ser fuego en su mano, se presentaba de color rojo y ésta tenía un valor de veinte puntos. A la hora de depositar la joya, el niño parecía confundido, tardó unos instantes, pero optó por la canasta número dos. Luego bajó corriendo a perderse entre la multitud de personas.
Ya solo quedaban cuatro perlas en la vasija, tres con valor de cinco puntos y una con valor de cuatro puntos. Los interesados que llevaban anotaciones sabían que jarrón iba ganando, pero no a quien pertenecía, lo que hacía su información poco valiosa.
Era el turno de Bjark, estudiante destacado de planos. Contaba con trece tiempos dorados y era bastante maduro. Solamente se concentró en sacar su perla y depositarla en la cesta tres. Su mejor amiga Kinnet hizo lo mismo sacó una perla y la depositó en la canasta tres. Si bien los chicos se habían puesto de acuerdo lo que generó discusiones de a quien pertenecía la cesta, nada se podía probar en contra de ellos, lo que rápidamente llevó las cosas a la calma.
Los números eran parejos con la canasta dos y la tres. Esto condujo a que comenzaran a surgir apuestas entre el intrigado conglomerado. El cesto dos, al parecer tenía dentro cincuenta puntos y el tres, cuarenta y ocho. Quedaban en juego nueve puntos que podrían irse para cualquier urna. Las personas que hacían apuestas, era lógico que tuvieran algún favoritismo, pero los ciudadanos que no se habían jugado su suerte, simplemente disfrutaban del evento.
Subió a "urnas" un chico de rostro muy joven, con cabellos largos y rubios y de mejillas rojas. No lo acompañaba al parecer ningún familiar. Su caminar directo al vaso que contenía las perlas era divertido, parecía que daba pequeños brincos balanceándose en el aire. Introdujo su delgada mano y sacó la perla negra que quedaba, sin hacer caso a lo que le gritaban los dramáticos aficionados que se querían ganar unas semillas ese día; la dejó caer en la urna número uno.
Solo quedaba una perla y un niño.
No había que escoger nada era una perla blanca de cuatro puntos. Si llegaba a caer en la cesta número uno no alcanzaría los puntos para cambiar un final ya dictado. Sería el ganador el representante de la canasta dos, con cincuenta puntos. Pero si lograba alcanzar la cesta tres, el ganador sería el designado con esa urna, con un total de cincuenta y dos puntos.
Jerath dio órdenes de guardar silencio. La decisión la tomaría el último niño. Un chico sumamente joven e inocente, hijo de un pastor de cabras que habitaba un poco más allá del centro de la ciudad.
-Sube con tu hijo, Birdyec- Alentó Jerath al orgulloso padre de familia.
Birdyec tenía bastante tiempo de ser pastor. Era un tipo acomodado y vivía bastante bien con su esposa en su granja, en las hermosas Montañas de Grano de Arena, las cuales se apreciaban desde lejos como tres majestuosos e inmensos picos, siempre vigilando desde lo alto la ciudad y siempre con sus puntas blancas de nieve.
El fornido pastor subió con su pequeño a la tarima de votación. Jerath se encargó de entregarle la última perla a Birdyec, quien se la puso en las manos al pequeño Theum, y dándole la indicación de que la depositara en cualquiera de las tres vasijas, el niño empezó a caminar en dirección a estas. Su torpe andar hacía creer que en cualquier momento el pequeño tropezaría. Sin embargo, se mantuvo de pie y llegó a las urnas. Nadie podía decir nada. El silencio era absoluto. Theum se encontraba en medio de las canastas dos y tres y aun su perla no caía en ninguna.
- ¡Vamos pequeño échala en cualquier vasija! - Animó el pastor, a quien no le reclamaron su atrevimiento por impulsar a su hijo.
El niño miró la hermosa perla y jugando con ella la lanzo hacia las vasijas. La perla golpeó una base de la tarima y calló directo en la de tres líneas. Ya había un ganador. Unos gritaron de eufórica alegría, otros simplemente callaron. Pero todos querían saber a quién representaba la singular urna que había capturado cincuenta y dos votos.
De pronto hubo conmoción en el grupo de personas. Rápidamente la gente empezó a moverse de un lado para otro. Jerath acababa de quitarle a la vasija ganadora la manta negra que la cubría y declaraba ganador a Gabus. Pero no entendía la alarma de los pobladores. Hasta que miró hacia el cielo y comprendió lo que pasaba.
Parecía que decenas de aves gigantescas daban vueltas en el aire. Eran tantas que rápidamente ocultaron los rayos del suru de la media tarde. De pronto las cosas cambiaron para desgracia de los habitantes. Las "aves" empezaron a descender justamente en la zona donde se realizaba el evento político.
El horror se apodero del lugar al contemplar aquellos especímenes. Estaban dotados de belleza humana, con enormes músculos y cabelleras, cuerpos torneados y ojos llenos de estrellas. Femeninos, masculinos y andróginos, pero todos con impresionantes alas. Éstas extensiones parecían variar. Había los que tenían sus extremidades similares a las de las aves de rapiña, como los buitres, los halcones y las águilas. Pero otros lucían más como los quirópteros, parecían murciélagos gigantes, solo que sus brazos eran independientes de sus alas, estos también poseían pequeños y grandes cuernos como los bóvidos, en todas las formas imaginables y su piel era más oscura, además, sus rasgos se alejaban de la humanidad.
Caían en tierra firme siempre de pie y destrozando lo que hubiese colocado en el suelo. Varios habitantes fueron aplastados por los espectrum en su aterrizaje. Chozas, el pozo, el quiosco, edificios, la rueda gigante del acueducto, el faro del vigía, muros y el mercado de alimentos, se demolieron en menos de un par de cambio de nubes con la caída de los alados invasores. Empezaron con la captura de mujeres y niños mientras asesinaban a cuanto guerrero los enfrentara.
Sangre corría por el arenoso suelo, cuerpos mutilados, vísceras y cabezas aplastadas empezaban a llenar el sitio. Imposible luchar contra semejantes bestias.
Birdyec ocultaba a su esposa y a su pequeño Theum en una diminuta cueva cerca de los restos de la rueda del acueducto. El niño y la mujer sollozaban aterrorizados por los espectrum. El temor de que algo malo le sucediera a su familia le tenía sumamente preocupado y atento a los acontecimientos. Debían permanecer ocultos mientras los monstruos estuvieran en el lugar.
Parecía que ya empezaban a mermar los ataques cuando el pastor sintió que "el cielo se le habría en su cabeza". Los escombros que lo ocultaban junto a los suyos habían sido quitados violentamente por un espectrum de alas rapaces que había escuchado llorar al niño.
- ¡No por favor no nos hagas daño! - La desesperada madre intentaba comunicarse con el alado interponiéndose entre éste y Theum, pero no hubo respuesta, el gigante la abrazó junto con el niño y se dispuso a volar.
El pastor tenía una fuerza increíble y tratándose de su familia ya había enfrentado otras bestias en las Montañas de Grano de Arena, por lo que de inmediato se lanzó corriendo a rescatar a los suyos.
El titánico ser tomó impulso y cuando iba a alzar vuelo una roca pasó muy cerca de su rostro lo que lo hizo retroceder. Theum en su inocencia lloraba desconsolado, su madre por más esfuerzos tratando de liberarse no lo lograba.
- ¡Suéltalos inmunda bestia! - Gritaba el valiente pastor mientras dirigía otra enorme roca hacia la cabeza del alado.
Bastó solo interponer su mano para que la roca chocara con esta y se destruyera en mil pedazos. El poder de los espectrum era aún desconocido. No se observaba ni un solo cuerpo de ellos tendido en el suelo.
Viela y sus aliadas, Zedrak y los guerreros, más los pobladores que aún estaban de pie; luchaban incansablemente por contener el terrible ataque. Aun así, ya los espectrum habían capturado a decenas de niños y mujeres, además de haber asesinado a muchísimos de la población adulta masculina.
Birdyec había logrado contener el vuelo del espectrum. El terrible guerrero alado no soltaba a Theum y desesperado el ovejero atacaba con piedras, lanzas y palos al inmenso humanoide. Cerca estuvo de la muerte, pero sus excelentes reflejos lo habían salvado una vez más.
Pocos eran los espectrum en el campo de batalla. La gran mayoría ya con su presa volaban lejos. Los habitantes de la Ciudad de las Piedras al final habían resultado ser incómodos.
Birdyec en su intento por recuperar a Theum y su esposa, se había lanzado al ataque cuerpo a cuerpo contra el enorme asesino. Las condiciones eran pésimas para el pastor, pero el amor por su familia lo empujaban a intentar lo imposible. De un golpe como de mazo el espectrum desarmó a Birdyec y lo acostó sobre el piso.
Justo cuando se disponía a rematarlo majándole el estómago con su poderosa pierna sucedió lo inesperado. La cabeza del espectrum se desprendió del cuerpo haciendo que este cayera como un saco de arena mientras su testa rodaba con los ojos desorbitados. Un cambio de nubes después el cuerpo se degradó totalmente y Theum con su madre ya repuesta, no paraban de llorar. Se habían salvado.

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