El orgullo levanta montañas.
La indiferencia borra horizontes.
Uno necesita ser visto.
El otro ya no busca testigos.
Hay estrellas que mueren millones de años antes de que su luz desaparezca del cielo.
Así también ocurre con algunos afectos.
El brillo continúa atravesando la noche, mientras el corazón ya se ha convertido en un universo extinto.
El orgullo lo llama fuerza.
La indiferencia ni siquiera le concede un nombre.
Toda guerra termina cuando uno de los lados vence.
Toda relación termina cuando uno de los lados deja de existir.
Y ninguna galaxia es más silenciosa que aquella donde el amor ha perdido su propia gravedad.
J. Kasra - Todos los derechos reservados.
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