Sus alumnos de la universidad nunca hicieron mención al respecto. Sus amigos -a propósito ¿existen sus amigos? - tampoco le advirtieron.
¿Y los políticos? ¿A caso también mintieron? Realizaron reuniones secretas. Jugaron Paddle, Golf... Asistieron a copetines...? ¿Para qué? Para ocultarle sin discursos, sin palmaditas y sin ironías lo que debían y estaban obligados a ocultarle?
No. No es creíble que aquellos militares que estacionaron sus tanquetas frente a su casa improvisaran el velorio de una vecina para desviar su atención. Y mucho menos se puede creer que los policías que dirigían el tránsito en calle San Martín desviaran los vehículos para que él cruzara sin infortunios y no atisbara a pensar...
No. No es creíble. Es absurdo. Sin embargo, la realidad existe y no puede ser sometida. No hay mentiras que puedan contra ella, ni arma que la destruya.
Esa misma noche decidió escribir un artículo bajo el título: "La realidad existe". Pero al poco tiempo de haberlo escrito le pareció muy breve y decidió romperlo.
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