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Pedrito y el papalote

Por Enrique A Meitin · Estados Unidos · Fantasía

Pedrito y el papalote
PEDRITO Y EL PAPALOTE por Enrique A. Meitin
Pedrito corría emocionado por una de las calles habaneras adoquinadas, cercana a su casa, con su papalote en las manos, listo para echarlo a volar. Era un día de un julio soleado, y el viento, suave pero constante, prometía ser perfecto para su objetivo. El papalote era uno de los juguetes más preciados de Pedrito, construido a mano por su abuelo con papel de colores; varillas de bambú, y un rabo con retazos de tela vieja..., tan vieja como su ciudad.
-¡Mamá, mira cómo vuela! Gritó emocionado mientras tiraba de la cuerda, viendo cómo su papalote subía lentamente hacia el cielo azul.
Su madre, sentada en un banco cercano, lo observaba con una sonrisa. Para Pedrito, aquella tarde representaba mucho más que un simple juego. El papalote era su conexión con el cielo, su manera de sentirse libre y poderoso. A medida que el juguete ascendía, sentía que sus problemas de niño, aunque pequeños, quedaban atrás, allá en el suelo, mientras él conquistaba el aire.
Pero no todo era fácil. El viento podía cambiar de dirección en cualquier momento, y el niño debía aprender a controlar el papalote, a sentir cuándo debía soltar la cuerda y cuándo recogerla. Su madre lo observaba en silencio, sabiendo que, aunque ahora el juego parecía sencillo, estaba aprendiendo una lección sobre paciencia y perseverancia que le sería útil toda su vida.
De súbito el papalote se enredó en el tendido eléctrico, y Pedrito corrió a pedir ayuda a su madre, frustrado. Ella dejó lo que estaba haciendo y lo ayudó a desenredarlo, mostrándole cómo tomar las cosas con calma. A veces, pensó, la vida era como volar un papalote: uno debía aprender a lidiar con los imprevistos sin dejar de disfrutar el vuelo.
Al final del día, el papalote seguía en el aire, y Pedrito, con la cuerda en las manos, sintió la satisfacción de haberlo logrado.

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