Un amanecer lleno de expectativas, la imaginación vuela en la cabeza de Andrea, la inteligente mujercita que con sus cuentos y narraciones atrapó la mente y sentimientos de Mauricio.
La promesa de un delicioso desayuno entre ellos es anheladamente esperado. Los minutos parecen horas, las distancias de sus lugares de residencia parecen alargarse para dar inicio a su encuentro.
Ya estoy a cinco minutos, señorita. El tráfico está a tope por las calles de la ciudad.
Yo también en unos minutos llego al lugar de encuentro, me esperas. Dice cándidamente la joven.
A la distancia se localizan, al llegar, un tierno abrazo entre ellos, manifiesta el cariño y la emoción que tienen por encontrarse.
-Me alegra mucho verte, te ves radiante. Luces de maravilla.
- Muchas gracias por aceptar este desayuno, no te imaginas cuántas ganas tenía de verte aquí junto a mi.
En sus miradas se entrevé un gran afecto en la pareja. Inician un delicioso ir y venir de temas de su interés mientras los platillos van siendo devorados por dar gusto a su paladar y charla.
La sobremesa se hace más interesante al tocar temas de su agrado, la docencia. Algo que dominan y le gusta compartir opiniones con la experiencia que ellos han forjado a lo largo de su años de maestros.
Una caminata por las calles los desemboca a un agradable parque donde se respira tranquilidad, los niños jugueteando por los jardines y columpios. Adultos mayores haciendo ejercicios de aerobics, mientras que Mauricio abraza tiernamente a Andrea.
El calor corporal de la pareja se transmite de sus manos a sus labios. Besos llenos de ternura dan paso a caricias candentes que los árboles atestiguan el ardor que desprende la pareja por su manifestación de cariño.
Se refugian en las sombras de un acertado estacionamiento subterráneo donde la pasión brota por sí sola con la cercanía de sus cuerpos. Sus manos se convierten en extensiones de su sensualidad, se escuchan murmullos de placer, labios que se entrelazan en una danza de deseo por complacer al otro de felicidad y gozo. Las prendas estorban, se vuelven frágiles obstáculos para su pasión, por un instantes logran una gran comunión sobre el deseo y el anhelo del alma infinita que llenan sus cuerpos de espléndida luz.
Ayy Mauricio ya, calma por favor. Me gusta pero ya. No sigas por favor
No te gusta lo qué estamos haciendo Andrea?
Por supuesto que me encanta, pero sí seguimos ya no podré parar, dice la joven con voz temblorosa.
No te preocupes querida, el momento debe ser ideal para que nuestros cuerpos se unan. Y si hoy no es el día, lo comprendo.
Gracias mi amor por entenderme.
Te llevo a tu casa, vale?
Por favor, te lo agradecería muchísimo
Parten hacia la salida del estacionamiento donde la luz, ilumina sus rostros plenos de felicidad por haber compartido un delicioso desayuno que sació su hambre espiritual, física y amorosa. Cómo un aperitivo exquisito que dejara venir un plato fuerte maravilloso, deseando venga pronto.
Soy adipto a los relatos cortos por su brevedad y su capacidad de asombro.