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"Un loco Proyecto"

Por Enrique A Meitin · Estados Unidos · Historia real

"Un loco Proyecto"
UN LOCO PROYECTO por Enrique A. Meitin
En 1967, la capital cubana se encontraba inmersa en un proyecto denominado "El Cordón La Habana", una ambiciosa y alocada iniciativa que buscaba transformar las tierras agrícolas alrededor de la capital en una vasta producción de café y frutas. Para muchos como Carlos y Julia, un matrimonio de obreros, aquel proyecto parecía ser una oportunidad para mejorar sus vidas, o al menos así lo creían al principio. Ambos, como tantos otros, fueron movilizados de sus trabajos para participar en la siembra, dejando atrás sus empleos habituales para trabajar en los campos designados para tal proyecto.
Cada mañana, Carlos y Julia se levantaban antes del amanecer, dejando a sus dos hijos con los abuelos. Tomaban la "guagua", junto a otros trabajadores, hacia las tierras asignadas, donde pasaban largas horas bajo el sol. Las promesas del gobierno eran grandes: cafetales que rivalizarían con los de otros países, frutales que alimentarían a toda la nación, y una infraestructura que garantizaría un futuro próspero para todos.
Sin embargo, la realidad era muy distinta. El café plantado en tierras poco adecuadas apenas crecía, y los frutales, en su mayoría, nunca daban fruto. Carlos, con las manos cubiertas de callos, observaba las plantas marchitarse y se preguntaba si todo aquel esfuerzo tenía algún sentido. Julia, por su parte, mantenía la esperanza viva, convencida de que las cosas mejorarían.
Meses después, el entusiasmo inicial comenzó a quebrarse Los recursos escaseaban, las herramientas se rompían, y el mantenimiento de las tierras se volvía imposible. Las promesas del gobierno no se cumplían, y lo que antes era optimismo ahora se transformaba en frustración. En las noches, Carlos y Julia regresaban agotados a casa, viendo cómo mientras destinaban recursos y mano de obra en el loco proyecto, las fachadas de los edificios en la Habana Vieja, donde ellos vivían se deterioraban, sin que nadie se preocupara por arreglarlas, teniendo que apuntalarlas con vigas de madera, para que no se derrumbaran los inmuebles.
Cierto día, Carlos recibió la noticia de que el proyecto de "El Cordón La Habana" se había cancelado. Las tierras donde habían trabajado durante meses quedarían abandonadas, y ellos debían regresar a sus viejos empleos, si es que aún los tenían. El café, que se había presentado como la joya del proyecto, nunca se materializó en la forma prometida, y las pocas frutas que crecieron fueron consumidas por el tiempo y el olvido.
Con el paso de los años, Carlos y Julia miraban las tierras áridas desde la distancia, recordando aquel sueño que nunca fue. El Cordón de La Habana se había desvanecido, pero su recuerdo persistía como un ejemplo de cómo las promesas grandilocuentes de la Revolución..., que mejor sería adjudicarle el nombre de Robolución, podían engañar a muchos y arrastrar a miles hacia un esfuerzo inútil.

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