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La Insurrección 11 de julio

Por David Lobaina · cuba · No Ficción

La Insurrección 11 de julio
Comenzaba a oscurecer en La Habana... El Gato, apodo de un muchacho que solía vivir en Santo Suárez, estaba sentado en el contén de la calle, pensando en 24 mil ideas para comenzar una rebelión contra la tiranía castrista, encabezada por Castro [en la sombra], cuya cara visible era el deplorable dictador Díaz-Canel.
El Gato, un muchacho sencillo, gente de pueblo, muy amado en redes sociales y con un público muy variado, en el cual podías encontrar desde un adolescente hasta un señor mayor y muchísimas "clarias", así llaman a todos los personajes oscuros que controlan las redes sociales en busca de disidentes y pueblo en contra del régimen Cuba.
Comenzaba una directa desde el parque contiguo a su casa. "Conéctense, conéctense, háganlo rápido y compartan.
Nuestra libertad comienza hoy..." Cada persona que se conectaba saludaba muy alegremente al Gato. Él se sentía el rey de internet; en su cara se dibujaba una sonrisa cada vez que lo saludaban y les decía: "Date un beso ahí, mi hermano..."
"Hermanos, el motivo de esta directa es, además de denunciar al dictador y su régimen de oprobio, concertar una cita donde cada cubano que quiera se nos una en busca de la libertad", decía.
"Hace más de 65 años nuestras familias sufren abuso y represión, mueren muchos jóvenes, ancianos, y los más afortunados abandonan el país."
Oye tú, claria, dando un giro inesperado en el llamado que hacía, "se le van los pines", como solía decir cuando alguna claria decía algo a favor del desgobierno cubano. ¿Qué haces aquí? Esto es para los patriotas que quieren a su patria libre. Tú, que eres un lame botas al servicio de la represión y el dolor, sal de esta directa y lo bloqueo. Yo sé que hay muchos más aquí escuchando y viendo mi directa, pero todos somos cubanos y no podemos seguir permitiendo que nuestros ancianos, nuestros padres e hijos no tengan medicinas ni alimentos, y mucho menos que vestir decentemente.
Oye tú, Cari, ¿desde cuándo tienes esa blusita?, le dice a una amiga que reconoce en el chat. Cámbiala ya, mi amor, esa blusita habla sola... Hermanos, no sé qué uds va a hacer. Yo me sentaré en el parque hoy con un cartel que dice "Abajo la dictadura". Si te me quieres unir, allí estaré. en el Parque Don Quijote en La Habana.
Esa tarde, él fue junto a otros que se le fueron sumando y otras que lo reconocían de la directa de Facebook que se compartió en toda Cuba. Se sentó muy pacíficamente, abrió su cartel que decía en buen español "ABAJO LA DICTADURA", y como es de costumbre, ya el aparato represor y el DTI los estaban esperando con su camión característico donde metían a los capturados como si fueran animales. Los esbirros traían palos y garrotes. "Uds no pueden estar aquí", dijo el oficial. "Este parque es libre, no pertenece a nadie, está aquí para sentarse y descansar", había tirado el cartel detrás del banco para no complicar las cosas y esperar que la policía se fuera. Pero los guardias ya estaban alertados, descubrieron el cartel, repartieron palos y montaron a todos los presentes en el camión.

Así que tú eres el cabecilla, le decía el oficial, ya una vez en una oficina de la unidad policíal. El Gato no pronunció palabra alguna de lo que le preguntaban. ¿Quién te mandó? ¿Cuánto te paga el enemigo para subvertir el orden en Cuba? El Gato levantó la cabeza, lo miró a los ojos y solo gritó: ¡VIVA CUBA LIBRE! Ahora, por tu gracia, dijo el esbirro, vas preso por desobediencia civil y alboroto, a ver si escarmientas.


Así transcurrieron los acontecimientos de aquel día, terminando en una sentencia en un tribunal y un juicio sumario que le impuso una pena de dos años por los delitos, que no eran más que ejercer su derecho a expresarse libremente y exigir un cambio de poder político, donde también se pudiera elegir a un presidente y no fuera impuesto. Y que se pudiera tener otros partidos por quienes elegir, y no esa lacra de comunistas que gobiernan el país hace 65 años y lo tienen destruido, donde es más prioritario hacer un hotel que darle comida al pueblo, a niños y a ancianos.
-¿Este es el reo?- comenta el oficial que viene de la prisión de Quivicán a buscar al presunto criminal. -Sí, es él- respondió otro con voz forzada e intimidatoria. -Y trátamelo como tú sabes, a ver si se le olvida querer tumbar al gobierno revolucionario - y se ríen los dos como los verdaderos criminales que son, contra un hombre con cadenas pero eso sí, con la frente en alto.
Ya dentro de la prisión, con manos y pies atados, le dan vestimentas de preso y le dicen que se cambie y entre a la galera donde están los otros presos. Los presos gritaban, chiflaban y se decían unos a los otros: -¡Ahí viene el Gato! - Él, al escucharlos, se preguntaba cómo es que lo conocen si nunca había estado ahí ni preso...

Ya estando con los demás presos, casi todos lo saludan con alegría y admiración... Su video se había hecho tan viral en redes sociales que hasta las cárceles de Cuba había llegado por medio de los visitantes y los vis a vis familiares.
El Gato reconoce a alguien de su mismo barrio.
-Oye, Michelito, ¿qué vola, asere?
-soy yo, el hijo de Santa del barrio.
-Ah, Santa, sí ¿y tú eres Orlando, su hijo, no?
-Sí, pero ahora soy el Gato.
-¿Y por qué caíste? -preguntó este en voz baja
-Estoy en cana por pedir libertad para Cuba.
Sabes que pudieras haber estado muerto en estos momentos, ¿eh?
-Tranquilo, el Gato tiene siete vidas -contestó riéndose.
La vida en la cárcel transcurría como debía: todos los días igual. Algunos salían a hacer trabajos fuera de la cárcel a una granja contigua y otros se quedaban haciendo pesas, leyendo y tratando de pasar sus días allí lo mejor posible menos el Gato, él solo pensaba e ideaba un plan para cuando saliera de esa tortura psicológica poder derrumbar a la dictadura, como era el deseo de muchos otros cubanos.


No saben que me han hecho un favor, se repetía mentalmente, NO ESTOY PRESO. Utilizaré mi tiempo aquí para estudiar, leer todo lo que pueda y prepararme para, cuando salga, ser un hombre diferente. Además, trazaré un plan para derrocar a la dictadura desde adentro con la ayuda de todos los cubanos que quieren la libertad de nuestro país.
A la mañana siguiente, Michelito, ¿qué vola, asere? le decía el Gato, acercándose a el -Bien, ¿y tú, cómo fue tu primer día aquí?
-Nada, muy bien. Hubo algunos gritos de madrugada, pero dormí bien pues estaba solo en mi cubículo. Oye, pregunto, ¿existe la posibilidad de cambiarme a tu cubículo o tú al mío? Así estamos juntos y podemos ayudarnos mutuamente.
-Sí, claro, hablaré con el jefe de pelotón -respondió Michelito.
-¿Esto se desayuna?
-¿Cómo? ¿No te gusta? No desayunarás... -El guardia tomó su vaso de agua con azúcar y su pan y lo tiró al piso.
Michelito abrió los ojos y miró al Gato, este en su mirada pudo entender. Dale paso... que así se dice en la calle cuando quieres dejar las cosas como están y no complicarlas más. El Gato recogió su pan y su vaso vacío mientras el guardia lo miraba intensamente y sacaba su garrote. El muchacho se dirigió hasta el cesto de basura, lo botó todo y se dirigió al patio. Nada podía entorpecer su objetivo mayor con la liberación de Cuba.
-Oye, Gato, una vez en el patio se le acerca Michelito y le dice que habían aprobado el cambio de galera y se disponía a mudarse hacia la suya.
-Oye, Gato, sabes admiro tus ganas de liberar a Cuba y te quería pedir hacerlo juntos.
El Gato lo abrazó, ya no está solo en su propósito. Michelito le dijo que conocía a muchos otros dispuestos a dar su vida por la misma causa.
-Pero tenemos que tener mucho cuidado.
Los días pasaban y cada vez se sumaban más presos a la lucha por la liberación de Cuba. La voz se fue corriendo entre los presos y las cárceles de toda Cuba. El Gato se había convertido en un líder. Todos los presos comenzaron a prepararse tanto físicamente como espiritualmente orden del Gato. Los que podían tener contactos con la calle se pasaban papelitos con órdenes muy claras para preparar una sublevación popular y derrocar la dictadura.
11 de julio, San Antonio de los Baños.
Las personas se comienzan a aglomerar en un parque, las redes sociales se alborotan pues esto nunca había pasado en Cuba. Son cientos de personas pidiendo una vida digna, muchos pedían comida, medicamentos, una vida mejor y un porvenir justo para todo. Pedían elecciones libres, multipartidismo y el derrocamiento de la tiranía.
11 de julio, Santiago de Cuba.
Los santiagueros, al enterarse de que en La Habana suceden estas cosas, se lanzan a la calle a pedir lo mismo. Se les suman varias provincias más, y en La Habana se reúne mucha gente en la calle pidiendo libertad también.
Quitaron el internet en toda Cuba, pero el Gato, como palomero viejo del barrio, ya había pensado en eso.
Las palomas, símbolos de la libertad, surcaban los cielos de Cuba con órdenes precisas y un mensaje esperanzador.
El gobernante títere del dictador Castro sale en televisión nacional y da la orden de combate:
"¡A LA CALLE LOS REVOLUCIONARIOS!"
Se prepararon muchos defensores de la tiranía y otros muchos que no están de acuerdo pero temen las represalias que los dictadores pueden tomar y se les unieron en la mayor represión de la que se tiene noticias en Cuba después de la dictadura de Batista.
En la cárcel, confiados que de allí no se puede salir, sacan un poco de efectivos policiales para reprimir al pueblo en la calle.
-Esta es nuestra hora -dijo el Gato-, estaba esperando esto hace mucho. Michelito, como teníamos calculado, comienza la distracción.
El joven era encargado, junto a otros jóvenes, de crear un incendio en las últimas barracas y distraer a los efectivos que custodiaban la prisión para que los demás pudieran escapar, unirse a las manifestaciones y liberar a Cuba.

¡FUEGO, FUEGO! -gritó alguien desde el fondo de la prisión.
Algunos efectivos corrieron a sofocar el incendio y, como estaba previsto, el chico que repartía los libros celda por celda ya se había robado las llaves con el alboroto formado por el fuego y rápidamente fue abriendo celda por celda. Cuando llegó a la celda del Gato, este gritó:
-¡Abre rápido!
-¿Así que queriendo escapar? -gritó un guardia desde el fondo del pasillo.
-Tranquilo, oficial, no es lo que piensa -dice el chico tembloroso mientras el Gato era liberado.
-Gato -gritó el guardia-. Solo quiero que te acuerdes de mí cuando Cuba sea libre y espero que entiendas que tenía que alimentar a mi familia, pero odio como tú a la dictadura.
El Gato, sorprendido, le dijo que si estaba arrepentido y lo ayudaba a salir, lo iban a tener en cuenta una vez Cuba fuese libre.
En la calle, la situación se ponía peor. La represión era brutal, la policía disparaba, los adeptos a la tiranía daban palos sin pensarlo, se publicaban muchos videos en internet y la gente se sumaba. Era una lucha encarnizada; los policías tenían armas pero el pueblo no. Se hacían barricadas con gomas y fuego, se hacían cócteles Molotov, piedras, machetes, muchas veces la policia tuvo que retroceder y el pueblo fue ganando lugar y fueron liberado lugares donde la policia no entraba.
Los muchachos del comando numero trece de bomberos se sumo a la lucha poniendo del lado correcto de la historia, con un carro de bomberos pudieron llegar a la televisión y se ponen a transmitir en vivo y en cadena nacional.
Mientras michelito se reunia frente a el capitolio y conectaba algunos televisores sacados de algunas tiendas de la habana en el portal y por toda la escalinata para que los cubanos pudieran verla desde la calle.
Otros muchachos hacían lo mismo desde otros lugares del país.

Todos los ojos del mundo están puestos en cuba

Muchas embajadas también fueron tomadas como había pensado el gato creando un caos internacional

Horas despues...
CUBANOS, aparece en la televisión de toda Cuba la voz y la imagen de un hombre.
-¡ES EL GATO! -se pone a decir toda Cuba al ver la imagen en TV.
-Cubanos, llevamos 63 años sumidos en la pobreza. Tenemos que cambiar por el bien de nuestros mayores y por nuestros niños. Tenemos derecho a escoger a nuestros dirigentes y no que nos lo imponga alguien desde una silla y con la barriga llena. Es hora de hacer bien las cosas. Tú que me escuchas, militar; tú que me escuchas, dirigente revolucionario; tú que me escuchas, policía, no levantes la mano contra otro cubano. Únete a la lucha y también serás libre, tendrás una vida más digna y no tendrás que hacer nada inmoral para poder vivir.

Toda Cuba escuchó el mensaje.
Las tropas especiales se alistaban para buscar al Gato, esta vez tenían órdenes muy precisas de matarlo. Los chicos bomberos lo sacaron de emergencia de allí y lo reunieron con otros valientes que lo esperaban en un lugar secreto en Luyano, su barrio. Michelito lo esperaba allí.
Mientras, en las calles de toda Cuba se gestaba una cruel pelea entre dos bandos.
El Gato no se podía quedar escondido sabiendo que era buscado con máxima prioridad por la dictadura,
Cuba era la noticia. Los países pedían explicaciones sobre sus Embajadas tomadas, y empezaba a desmoronarse todo.
Durante varios días la lucha continuó. Cada vez eran más los que se sumaban; muchos militares también lo hicieron. Casi toda Cuba se unió a la liberación.

30 de julio, Santo Suárez, La Habana.
-Gato.
-Dímelo, Miche -le respondió cariñosamente.
-El tirano ha salido de Cuba con rumbo desconocido, junto a mucha gente de su familia y sus allegados.
Al Gato le rodaban lágrimas de emoción por la noticia.
¿Y los demás camarillas?
-Tenemos a muchos custodiados Sin poder no son nadie -decía Michelito-. ¡Marreto hasta se orinó! -y terminaron riendo.
-Miche, es cruel reírnos de esto, pero somos cubanos y él hizo mucho daño. Cuando se pueda, se juzgará, al igual que Díaz-Canel y los que no pudieron escapar.


Así comenzaba una nueva vida en Cuba para todos los cubanos. Muchos de los exiliados regresaron y ayudaron a levantar el país. Hubo mucha ayuda internacional; varias empresas extranjeras se alojaron en Cuba y ayudaron con capital a levantar el país. Se hicieron elecciones,
se activaron todos los mecanismos de comercio libre en Cuba, Además, se cambió la constitución de Cuba en su totalidad, aunque la primera oración de la nueva constitución seguía siendo completamente igual y nunca se cambió:

"Todo hombre tiene el derecho de ser libre" - José Martí.

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