Lectura

MAMASA

Por Oliet Rodriguez · Cuba - Alemania · Erótica

MAMASA
Aquella noche, mi atención se la robó Mamasa, una bailarina que debía llamarse así porque en todo el cabaret nadie tenía las nalgas más grandes ni las movía mejor, ni la piel más negra y brillosa, ni los dientes más blancos, ni los tacones y el penacho más altos. Tan embelesado estaba contemplando sus caderas que sin poder evitarlo le guiñé un ojo. Ella no me hizo caso en ese momento, pero cuando sonaron los acordes de la orquesta de Alfredo Brito, Mamasa se acercó a la mesa, me devolvió el guiño que había creído ignorado y me sacó a bailar. Aquí tamo tó lo negro, que venimos a rogar que nos conceda permiso para cantá y bailar. Mamasa sujetó mi mano, entonces la colocó en su cinturita de avispa para dejarme palpar su piel en el repiqueteo de nalgas que hacía al ritmo del bongó. Luego otra bailarina sujetó mi cintura por detrás para arrollar en un trencito rumbero. Mamasa era una locomotora ella sola, nalgas, muslos, espalda, otra vez nalgas, muslos, espalda, música, locura, meneo, sabor, Mamá Inés, el café, Mamasa, mi madre, qué rico se movía, nalgas, muslos, espalda. Hubiera pagado lo que ella pidiera por cogerle el culo a esa negra. Ay mamá Inés, ay mamá Inés, todo lo negro tomamo café. Le di una nalgada, mi mano se mojó con el sudor de su piel, entonces Mamasa respondió con la carcajada más sonora de todo el Cabaret. De repente la apreté por la cintura, luego la atraje hacia mí para pegármele bien por detrás. Pero Belén, Belén, Belén adonde anda tú metía, que en tó Jesús María yo te buscá y no te encontrá. El trencito pasó cerca de Cecilia. A Mamasa le gustó el pellizco en la nalga porque me devolvió un meneo de cintura. !Ay, chico, sí! Yo estaba en casa e madrina que ayer me mandó buscá en el solar de la esquina que ella vive en el manglar. El hilo de su bikini no me molestaba, aunque lo tuviera metido entre las nalgas, incluso parecía no existir, en cambio me irritaba la tirita del sostén blanco que dividía su espalda a la mitad. La línea blanca sobraba dentro de tanta belleza negra. Entonces halé la tirita suelta y, para mi sorpresa, el nudo se deshizo sin esfuerzo. Me cago en tu madre cabrón, me dejaste con las teta'afuera, gritó Mamasa. Quise acercarme para verle las tetas, pero no pude pues ya ella corría a los camerinos entre zancadas larguísimas de sus tacones de dos pisos. Sin la locomotora de Mamasa el trencito rumbero descarriló muy pronto, así que no tuve otra opción que regresar a mi mesa. Ay mamá Inés, ay mamá Inés, todo lo negro tomamo café, le canté a Cecilia. Quiero irme, susurró la mulata china con su boca en forma de puchero. Dos manantiales de lágrimas salían de sus ojos. Entonces pensé que me había visto tocarle las nalgas a Mamasa, pero luego me tranquilicé cuando me pidió un abrazo.

Extracto de "Échale Salsita"

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