Lectura

LA PRIMA MARIPILI

Por Oliet Rodriguez · Cuba - Alemania · Erótica

LA PRIMA MARIPILI
¡María del Pilar!, grité hacia los pasajeros del Marqués de Comillas que salían de la aduana. Una mujer de 25 años, de piel tan blanca como masa de coco y ondas de miel en el pelo se acercó a mí al ritmo de un pasodoble. El vestido rojo se le pegaba a su cuerpo de sirena del mar mediterráneo. Tú eres Idelfonso, sonrió, entonces su boca se abrió como la de un pescado fuera del agua. Bienvenida a La Habana, le dije antes de quitarle las maletas. Soy tu prima Maripili, exclamó mientras aprovechaba el abrazo para sobar sus tetas en mi pecho. ¿Huelen a dulce todos los cubanos o sólo eres tú?, preguntó con el ceño fruncido. Le mostré el cartucho con el último de los chiviricos, entonces me lo arrancó de las manos para despacharlo de dos mordiscos. ¿Quiero más?, exclamó con los labios embadurnados de saliva.
El vendedor de chiviricos había desaparecido, pero Maripili insistió tanto que le prometí hacérselos en la casa. Salimos del puerto en una máquina de alquiler, la prima hizo el viaje con la cabeza fuera del carro. Oh, ...Ah, exclamaba con asombro al no encontrar cubanos en taparrabos ni edificios de guano. Si te gusta el azúcar te vas a divertir mucho aquí, le dije cuando llegamos a mi apartamento. ¿Dónde me voy a divertir, en Cuba o en tu casa?, respondió. No supe qué decirle, así que le regalé una sonrisa. Yo quiero un macho rico, ¿no es así como se llama lo que probé en el puerto?, preguntó. Chivirico, se llama chivirico, le aclaré con la certeza de que su confusión no había sido accidental...

Del libro "Échale Salsita",

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