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LA ILUSIÓN DE LO DIGITAL

Por Malan · España · Ciencia ficción

LA ILUSIÓN DE LO DIGITAL
Cuando aparecieron los primeros animales digitales, muchas personas los veían una estupidez y no comprendían cómo alguien querría uno.

A otras en cambio, les parecía una idea atractiva: no necesitaban comida, ni agua o veterinarios. Tampoco envejecían ni enfermaban; siempre estaban ahí para ti. Eran capaces de reconocer rostros, lugares o personas y crear vínculos emocionales.

Y, con los años, pasaron de ser una mera curiosidad a una alternativa para sustituir a las mascotas tradicionales; eran perfectas para quien no tenía tiempo o no quería cuidar a un animal real.

Joak llevaba tiempo pensando en uno. El día que entró en la tienda, no buscaba el modelo más avanzado ni el más caro; simplemente uno que cumpliera.

Recorrió el pasillo de hologramas, observando la reacción de cada animal a su presencia. Uno de ellos, un gato siamés, se aproximó despacio, apoyó la cabeza sobre su mano y permaneció inmóvil, como si llevara años esperándolo. Joak sonrió.

Minutos después salió de la tienda satisfecho y convencido de haber realizado una buena compra. Durante los meses posteriores no tuvo motivos para pensar lo contrario.

El animal aprendía de las rutinas de Joak y lo esperaba cuando volvía del trabajo; reaccionaba según su estado de ánimo. No era una sucesión de respuestas programadas, sino que era capaz de razonar y adaptarse a las situaciones.

Poco a poco dejó de verlo como un programa y más como a un compañero de vida, pero cuando empezaba aceptar esa nueva amistad, todo cambió el día que recibió un aviso en su correo electrónico.

"Su licencia de uso será renovada en siete días".

Cuando lo abrió, leyó, entre todo un párrafo de de términos técnicos que apenas entendía, una frase que lo confundió todavía más:

"Licencia de uso del animal digital".

Releyó la frase varias veces y no le veía sentido porque no era un alquiler, sino una compra total lo que él había realizado. Buscó el contrato en los mensajes del correo y se puso a leerlo, algo que no había tenido la precaución de hacer.

Descubrió entonces la letra pequeña en sinfín de hojas que el usuario casi nunca se detiene a leer:

La empresa seguía siendo la propietaria de todos los animales digitales, los clientes solo adquirían una licencia de uso mientras siguieran pagando una cuota mensual y no podían venderlo, copiarlo ni manipular su software. Y, si en algún momento, la empresa cerraba los servidores, perderían a su mascota.

Exactamente el mismo modelo que se aplicaba a películas, libros, videojuegos o música La diferencia era que esta vez estaban jugando con los sentimientos y emociones de las personas y, en cierta manera, también se aprovechaban de los animales.

Sin pensarlo un segundo y después de contemplar con ternura a su mascota mientras dormía, decidió desconectarse del servicio para siempre. Se sentó en el sofá y comprendió que el formato físico era indispensable; algo que se pudiera tocar y sentir.

Por la mañana iría a una protectora para adoptar a un animal de carne y hueso. Un ser con sentimientos reales.

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Comentarios

J.F. Puente

Muy bien

Malan

Muchas gracias, me alegro de que te haya gustado ??