Lectura

Kefrén y Horus

Por José-Blas Molés Miró · España · Fantasía

El antiguo Egipto -del que se me nota enamorado- duró tanto tiempo que los propios egipcios estudiaban su pasado. La relatividad del tiempo y la precisión de los datos explican evidencias incontestables.
Datos, datos... Cleopatra vivió más cerca de la invención de Internet que de la construcción de las pirámides de Guiza: cuando ella nació, estas ya tenían 2500 años de antigüedad. Para nosotros, un abismo equivalente a mirar hacia el 500 a. C.
Podría describir multitud de piezas, estatuas y símbolos egipcios, pero quiero hablar de una que me impresionó cuando la vi por primera vez, a pesar de tenerla muy estudiada en fotos y vídeos: la estatua de Kefrén. En ella, el halcón Horus le protege la cabeza por detrás con las alas extendidas, simbolizando que el faraón gobernaba bajo el amparo divino y como representante de los dioses en la Tierra.
Técnicamente resulta impensable que hace más de 4000 años se pudiera esculpir con tal perfección una pieza de diorita pura.
Una tía mía, muy beata, decía que era el Espíritu Santo, que ya andaba por allí.
Fe le llaman a eso, frente a la historia, rasa y pura.
"Acuérdate de que el cepillo está a la salida en ambas puertas; echa limosna, que te vas a condenar com una pota de burro si no lo haces".

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