LA INDIGENCIA DEL ACTO CREADOR
Pensar en Gelio Acosta y su triste fallecimiento, en ausencia de recursos
económicos y financieros, me lleva insoslayablemente al fondo y a su vez a la
forma de una realidad consabida y enjugada en tiempo de escasez espiritual. A más de 20 años de revolución socialista, es imperdonable tanta desidia política. Con más de 20 misiones y grandes misiones sociales, no se perdona tanta ignominia social. Habiendo obtenido más de 20 triunfos y victorias electorales, consecutivas, no se justifica el olvido cultural. Los creadores populares no pedimos riquezas porque no esperamos hacernos ricos. Creamos y hacemos de nuestros talentos una forma única de existir, de vivir, de habitar las calles. Sólo ellas nos dan el carácter de popular, por nuestra entrega, conocimiento, habilidades, destrezas creadoras y por nuestra cosmovisión cultural. Sólo ellas nos las quitan o nos dejan, eternamente en sus entrañas.
Gelio Acosta, conjuró todas las asperezas e injusticias sociales y las vomitó, como fuego, sobre las aceras y tarimas del pensamiento político burgués, y a los pies de nuestra sociedad aburguesada en la pestilencia petrolera. Ante la incomodidad política y cultural, por su irreverente pensamiento y largo trajinar, le confieren el título académico de Maestro Honorario del Arte y la Cultura Popular. Las calles continuaron siendo su seno y núcleo familiar. Al resguardo de sus brazos, encontró su último aliento. De sus labios recibió los únicos besos de despedidas.
Y así, con su remendado cuatro, su rebelde y canosa barba, y su canción
golpeando injusticia, se lo tragó la calle, halló la eternidad.
A Gelio lo conocí en noches de lunas nuevas compartiendo su canto y poesia von la calle y sus nadies...