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8 El escape de la gruta.

Por Pablo Manrique Sánchez · Costa Rica · Ciencia Ficción

8 El escape de la gruta.
8- El escape de la gruta. Manrique Sánchez

La inmensa gruta donde Innantra mantenía capturadas a las chicas era un lugar gélido, húmedo y demasiado tétrico. Sus altas paredes parecían tomar formas de gigantescos y feroces animales. El lago interior era como un espejo negro, reflejando una luz azulada tan lúgubre como funesta. El techo del agujero estaba repleto de estalactitas de miles de tiempos dorados, enormes ubres de vacas, remolachas, nabos, macarrones, cualquier forma bulbosa se podía registrar en esas alturas.
Condenadas a vivir un embarazo en esas cavernas, las mujeres sufrían muchas necesidades y agravios por parte de la partera y sus ayudantas. Los hijos de los espectrum causaban gran daño en las mujeres. Algunas morían durante la gesta, muchas veces sus vientres no soportaban al gigante y eran sometidas a cesáreas, otras daban a luz y a los pocos pasos del sol perecían, victimas normalmente de fiebres, producto de terribles infecciones. Las pocas que lograban sobrevivir volverían a quedar en cinta, luego de la "cuarentena".
La alimentación era bastante buena, se basaba en alguna clase de cereal que era bastante rico y aportaba los nutrientes necesarios para la vida. Siempre almorzaban fruta y una vez cada cuenta de lunas, Innantra la partera, llevaba carne de bóvido o roedor primitivo. La leche la obtenían de uros domésticos y ovejas que pastaban cerca de la gruta.
El proceso de gestación para un gigante era apenas de cuatro arcos de estrellas y su desarrollo para alcanzar el tamaño de un humano común era apenas de dos tiempos dorados. Innantra las obligaba a dar todos los cuidados a las crías, terminando muchas veces entre las fauces de su propia abominación. La esperanza de vida para ellas se había acortado muchísimo por el hecho de los embarazos antinaturales.
Divana se mantenía en cuarentena. Su estado no era grave, ser joven de alguna manera le había ayudado a superar de buena manera su primer parto. Durante la noche no pudo conciliar el sueño, los dolores de sus hermanas le entristecía demasiado y un cierto valor la había acompañado en su desvelo, incitándole a intentar realizar una proeza.
Una tupida nevada caía sobre los montañosos territorios. Innantra revisaba lecho por lecho a cada una de sus cautivas. Sobre todo, le importaba que tuvieran buena salud, lo que garantizaba una cría fuerte. Las que aparecían enfermas eran tratadas en otra caverna de la enorme gruta, bajo las medicaciones de una bruja espectrum llamada Soriel, usando técnicas de sanación basadas en rituales lamentosos.
Esa mañana las muchachas, que se encontraban en confinamiento; ordeñaban unos grandes uros que les suplían buena cantidad de leche tibia para desayunar. Divana limpiaba su lecho, que en realidad era un nido de paja. Otras lavaban desechos que durante la noche habían sido puestos en el piso de la galería.
-Luego de limpiar tu piltra debes alimentar tu cría cochina musaraña- se dirigía Innantra a la chica, con su voz chillona y penetrante.
Innantra era un verdadero espectrum maligno. Poseía garras y dientes afilados, piel pálida y ojos fulgurantes. Su carácter era una tormenta, que asustaba a sus propias hermanas menores.
- ¡Si entiendo excelencia! Voy por la leche- bajando la cabeza la muchacha salió de la presencia de la intimidante partera y se dirigió a los corrales.
Al acercarse al establo pudo notar que un tibio suru rayaba tímidamente en el exterior. Lo que la hizo recordar grandes momentos con su padre en la granja de pieles, cuando eran libres y felices.
- ¿Que habrá sido de mi papá y mi pequeña hermanita Lubana? - Cavilaba la linda muchacha.
- ¡Tal vez Wakan me esté buscando! - Esa era otra esperanza de Divana, que se había convertido más en un sueño para no desfallecer, que en algo posible -siempre me decía que si nos separábamos me buscaría en todo Pangea y los pantanos...- sus pensamientos fueron rápidamente interrumpidos, cuando su compañera Denki la abordó.
- ¿Aun piensas escaparte? - Le susurró muy débilmente al oído la niña.
- ¡Cállate! Mira lo cerca que está Innantra- respondió Divana mientras fingía un tropiezo y su balde para recoger la leche rodaba un par de metros.
-No nos está prestando atención tranquila Diva- atendió Denki - ¿te lastimaste...? -
Era verdad, en ese momento la espectrum centraba su atención en una humana que presentaba manchas púrpuras por todo su cuerpo.
-Estará un buen rato con Brill- siseaba la niña -no mejora de su dolencia y creo que va a morir-
- ¡No digas eso! Pobre Brill- una lágrima recorrió las delicadas y rosadas mejillas de Divana.
-No llores. Es lo mejor que le puede pasar. Recuerda todo lo que padeció en su primer embarazo. Es inhumano volver a preñarse de un monstruo de esos- ambas chicas ya habían dado a luz una vez.
Caminaron unos metros, hasta alcanzar a un uro de metro y medio con las ubres cargadas de líquido lácteo.
- ¡Yo estoy lista amiga! - murmuró Denki -mañana me llevaran nuevamente a copular y no deseo volver a embarazarme. Prefiero arriesgarme a morir que vivir infeliz-
Las palabras de la joven tocaron los sentimientos de Divana, que se envalentonó.
-Tienes mucha razón. No podemos esperar más a que nos vengan a rescatar. Tampoco podemos prestar nuestro cuerpo como un bulto para cargar esos engendros. Vivir infeliz no tiene sentido-
Una de las guardas espectrum se acercó a las dos chicas con mirada de sospecha.
- ¡Muévanse gusanas! Sus crías necesitan ya el alimento-
Rápidamente las amigas tomaron sus botes que estaban llenos del nutritivo líquido y caminaron hacia la cámara de incubación. Era el lugar donde permanecían las criaturas hasta lo cuatro arcos de estrellas, luego vendría su etapa de niñez y adolescencia que duraba más o menos dos tiempos dorados, para dar el salto a la adultez donde quedaban en manos del brujo espectrum, que los prepararía para convertirlos en guerreros.
Con cada alimentación que recibían los pequeños gigantes, su desarrollo era impresionante. Además, su razonamiento era mejor; ya algunos seguían ordenes específicas y podían incluso elaborar algunas armas.
Las compañeras alimentaron a las pequeñas bestias en sus ya dentadas fauces, por medio de un embudo. En menos de un cambio de nubes, los futuros colosos habían ingerido cada uno, más de cuatro litros del néctar blanco e inmediatamente descansaban plácidamente en sus cestos. Denki y Divana, tenían que estar atentas a que la leña de los hornos no se acabara y se enfriara la gran incubadora de los monstruos.
-Hoy nos escaparemos Denki- susurró Divana mientras colocaba los últimos troncos en el fogón. Ella sonrió, dando entender a su pequeña amiga la complicidad en el asunto.
-Ya sabes lo que tienes que hacer hermanita y estoy segura de que la caída no nos matará-
Las chicas caminaron hasta la entrada de la galera de la leña. Una espectrum de tercer orden muy mayor y con la piel marchita, era la encargada del sitio.
- ¡Alto miserables! - Refunfuñó la vieja centinela.
-Necesitamos madera o el fuego se extinguirá en los hornos de la cámara de incubación- le gritó Divana a la espectrum, dando a su voz la sensación de emergencia y preocupación.
En la mazmorra, que en realidad era una cueva más de la galería subterránea; se almacenaba gran cantidad de troncos y palos de muchas maderas. Aunque los espectrum no acostumbran a calentarse, sabían que no funcionaba igual para los gigantes y de ahí la importancia del fuego vivo.
-Pasa y saca lo que ocupes, pero tu amiga se queda aquí esperándote- la mayoría de espectrums féminas, poseían voces particularmente chillonas, pero Hellmit se caracterizaba por tener su tono más grave, casi tanto como un macho de la especie; aunque con sonoridad menos metálica.
Divana entró en la bodega. Miles y miles de troncos estaban esquivados formando paredes de leña seca. Corrió hasta la parte trasera de la galera, eran bastantes metros; estaba sola y debía aprovechar. Por fin encontró lo que buscaba.
En el fondo de la bodega, quitando unas cargas de leña, aparecía un pequeño agujero por el cual penetraba luz exterior. Al parecer, el hoyo era una salida secreta de la gruta.
La chica penetró por el pequeño agujero. Era estrecho y frío, pero podía soportarlo dado que su cuerpecillo estaba muy acostumbrado al clima y sus deseos de escapar eran superiores a todo.
Ya en el exterior sintió dolor en sus ojos. La claridad producida por un paisaje nevado era demasiada, comparado a la oscuridad de las cavernas.
Excavó un poco entre un tumulto de hojas y nieve, no tardó mucho en encontrar lo que estaba rastreando, a escasos metros del agujero de salida, apareció entre una zanja lo que parecía ser una ancha tabla de alguna madera suave, parecía ser una especie de abeto o tuya. Los cortes estaban hechos con piedras afiladas y la forma que tenía estaba diseñada para deslizarse por la montaña nevada.
Mientras tanto, Hellmit aguardaba en la puerta. Se desesperaba. Le gustaba ser holgazana y solaz, y mientras la chica no saliera con la leña, no podía recostarse a descansar.
Denki suponía que Divana se encontraba preparando la plataforma que las sacaría del lugar. Ese era el plan. Alistar la tabla mientras la otra entretenía a la guarda, pero la situación era difícil de controlar con la espectrum tan impaciente.
-Si quieres puedo ir a ayudar a mi hermana a traer la leña- dijo, mientras acomodaba a su cintura la vieja piel que le servía de enagua.
La espectrum miró con desprecio a la niña ¿qué podía importar tan insignificante ser? ¿Qué daño podría causar? Extendió sus alas lo más que pudo y después de batirlas por algunos cambios de nubes las cerró y se colocó sobre una pared de cuclillas.
- ¡Muévete! ¡Regresa con la larva de tu hermana y la leña rápido! - La guardiana dejaba pasar a Denki dentro del laberinto de leña.
La joven inició una carrera por los pasadizos que ya conocía. Estaba muy oscuro y decenas de charcos, producto de aguas filtradas por las milenarias paredes de la caverna, la recibían a cada zancada que daba. Solo sería una oportunidad, así que no podía perder instantes valiosos, no podía equivocarse en su ruta hasta donde estaba su hermana esperando.
Divana ya había desenterrado por completo la tabla para la nieve. La tenía colocada en el punto donde iniciaba la inclinación nevada, que serviría de rampa para darle propulsión al peligroso vehículo. Por entre unos agujeros en su parte frontal, logró pasar una cuerda bastante fuerte. Le serviría a ella y a su compañera para aferrarse duro del tablón. Apenas Denki llegara, se montarían y se lanzarían al vacío de la montaña. De alguna manera esa sería la única forma de ganar tiempo contra los espectrum, y si todo salía bien, perderles.
El tiempo pasó y no regresaron las prisioneras. Hellmit ya no esperó más y se lanzó dentro de la bodega de leña. Por medio de su increíble olfato y su gran super visión, pudo seguir las huellas de la chiquilla que acababa de ingresar al depósito. Sospechó que estaba oculta en algún escondrijo durmiendo, ya que no las vio en los pasadizos de leña. Pero al doblar en el tramo final, notó que las huellas terminaban y desaparecían en la nada. Sumamente molesta al verse burlada por las niñas Hellmit golpeo fuertemente la pared con su puño. El estremecimiento causado por el golpe hizo que un pequeño puño de nieve que tapaba el agujero por donde las chicas habían escapado se derrumbara, dejando al descubierto la redonda fisura en el muro.
Inmediatamente la vigilante entendió lo que pasaba. De su cinturón sacó un pequeño cuerno que sopló fuertemente, creando una honda de sonido audible solo para el oído espectrum. Luego agachándose, trató de penetrar la pequeña grieta, pero le fue imposible siquiera introducir su cabeza; por lo que empezó a agrandar el hoyo con sus manos y sable.
- ¡Tienes que amarrarte fuerte Denki! - Gritaba Divana mientras escuchaba como la espectrum iba destruyendo la pared.
- ¡Vamos empujemos la tabla ya! - Denki y Divana estaban listas para dejarse caer por el precipicio.
En el cielo se empezaban a ver las sombras de algunos espectrums que, avisados por el sonido del cuerno de la guardiana, salían a inspeccionar cuál era la situación inusual.
- ¡Tenemos que lanzarnos ya o nos atraparan Diva! - Exclamaba desesperada y ansiosa Denki. Divana se ajustaba otro mecate y se amarraba con su cómplice. Tomó de entre la nieve una vara de madera de un metro y empujó el improvisado carruaje. Justamente en ese momento Hellmit acababa de destruir la pared y se asomaba a las afueras de la bodega. Las hermanas ya estaban en curso.
El tablón se adaptó fácilmente a la nieve que empezó a abrirle camino. Denki se abrazaba duro de la piloto que trataba de controlar con el madero el zigzagueo, que crecía al ir tomando velocidad.
-Agárrate fuerte hermanita que vamos a volar- Divana divisaba una enorme piedra que se asomaba en el camino.
Desde lo alto Kannis, un poderoso espectrum logró avistar el vehículo que se arrastraba por la nieve, se dio un giro en el aire y se lanzó como un depredador aéreo hacia su presa.
Mientras tanto las intrépidas tripulantes se agarraban al madero como si tuvieran en lugar de uñas, afilados garfios. No perdían de vista el camino por lo que no imaginaban el peligro que también las amenazaba desde el aire.
A pesar de ser dotado de una gran fuerza y sentidos extremadamente agudos. Kannis no advertía el peligro. En su veloz vuelo, solo calculaba su caza que estaba en movimiento. La cantidad de nieve acumulada en el terreno producía un efecto resplandor, que centelleó el brillo del azulado cielo en el rostro del alado. El espectrum cerró por un momento sus ojos cuando de pronto sintió un impacto en su cara que de inmediato lo hizo quedar tendido en el piso. Mientras la tabla, Divana y Denki se elevaba por los aires. La roca que estaba forrada por la nieve funcionó como rampa para la tablilla. Kannis engañado por su vista no notó el levantamiento en el terreno y el impacto contra el risco del tobogán lo dejó inconsciente.
La caída fue perfecta. Las chicas pudieron controlar el vehículo mientras éste estaba en el aire, para que aterrizara sobre la pista horizontalmente y continuara su descenso de la montaña. Un truco que en competencia de snowboarding, sería calificado como jugada perfecta.
La pendiente comenzaba a enderezar. Habían descendido de cuatrocientos a seiscientos metros. El carruaje empezaba a perder velocidad, lo que daba espacio para que Divana pudiera maniobrar por medio de la vara que aún conservaba. Denki pudo observar que algunos espectrum descendían justo en el punto donde Kannis había impactado.
El espectrum aun no moría, de ser así su cuerpo se hubiera degradado un momento después, esto por ser un espécimen de primer orden.
- ¡Debemos apurarnos hermanita ya están atendiendo al centinela! - A pocos metros se divisaba una sección de bosque que alegró mucho a las muchachas.
Lo más rápido que pudieron se desataron las amarras. Tanto Diva como Denki calzaban buenas botas, lo que les aseguraba un paso firme en el suelo nevado. Con las amarras ajustaron el calzado y faldas e iniciaron una última carrera hacia el bosque.
Un espectrum de los que atendía a Kannis pudo advertir las dos figuras corriendo en la nieve hacia el bosque y como impulsado por un resorte se lanzó a la persecución.
- ¡No puede ser, viene otro! -
- ¡Rápido el bosque está cerca! - Gritó Divana.
El terreno perdía cada vez más la nieve y emergía la tierra. El pasto se hacía presente lo que mejoraba las zancadas de las hermanas, que despavoridas buscaban penetrar en el desconocido bosque y perderse de vista. En menos de un cambio de nubes las chicas estaban dentro del arbolado, buscando un escondite.
En un principio el sitio se presentaba como una gran plantación de altas coníferas, las que no eran para nada eficaces si de eludir al espectrum se trataba.
Continuaron adentrándose, tratando de dejar el menor rastro posible. Era seguro que el espectrum ya se encontraba tras la pista.
Repentinamente el panorama empezó a cambiar. La floresta con forma de copas empezó a dar paso a especies más frondosas como los olmos, álamos y fresnos. Luego aparecieron especies de la familia del arce y otros similares al naranjo y la acacia.
Buscar un escondite ahora sería mucho más fácil para las fugitivas. La espesa selva era un territorio difícil hasta para los espectrum, que amaban la virtud de poder volar, lo que los limitaba en tierra firme.
Las niñas escucharon movimiento en la hojarasca por lo que se consumieron bajo unos matorrales muy tupidos. Las formas rellenas de los arbustos las ocultaban perfectamente de la vista de cualquiera, pero el agudo sentido del olfato y oído del alado podría ser la perdición para las pequeñas.
Transcurrieron unos instantes que parecieron eternos. Sobre todo, para Denki, que, por su joven edad, no era la niña más paciente que existía. De alguna manera Divana le hizo saber que tenía que mantenerse muy quieta y en silencio, ya que le parecía escuchar los pasos del espectrum muy cerca.
Era cierto, Luzz, el espectrum que las seguía, estaba en el sitio y al perder el rastro observaba en los árboles, sospechando que las prisioneras estaban ocultas en las ramas.
Inmenso y tenebroso era Luzz. Pálido como un hueso, de nariz puntiaguda y greñas largas. Portaba un chaleco de piel de comadreja con gorro. Al igual que todos los espectrum sus ojos destellaban energía malévola. Era bastante fornido y sus alas eran inmensas, negras y brillantes, como de cuervo.
El secuestrador no se movía del lugar. Sus sentidos le advertían que estaban cerca. Tal vez las podía oler, pero no las escuchaba ni las estaba viendo.
Juntó sus manos frente a su cara, con los puños chocados se agacho un poco. Un halo de energía se empezó a producir alrededor de su tórax. La potencia que se formaba tenía tonalidad blanco verdoso. Fueron cuestiones de instantes. Enderezó de nuevo su cuerpo y separo sus manos. La energía voló alrededor dejando los árboles sin hojas y deshaciendo arbustos y ramas. Un cervatillo que se ocultaba tras unas plantas trepadoras quedó sin camuflaje y al verse descubierto dando brincos corrió despavorido.
Las hermanas vieron lo ocurrido y se asustaron aún más. Si el alado lanzaba energía hacia ellas, al igual que el pequeño venado quedarían desamparadas.
Nuevamente Luzz unió sus puños y tomó la posición para crear el nimbo. Las hermanas se tomaron de las manos y trataron de ocultarse un poco más dentro del matorral, cuestión imposible ya que tendrían que enterrarse para lograrlo. El espectrum separó las manos y las abrió enviando la poderosa fuerza a varios lugares, incluido el sitio donde se ocultaban Denki y Divana. En menos de un cambio de nubes una nueva sección del bosque quedaba sin vegetación; y en esta ocasión el espectrum lograba su objetivo. Hojas, pequeñas plantas, follaje y ramas eran desechas por la honda de energía lanzada por el guerrero. Las hermanas estaban descubiertas. Abrazadas y sin protección las pequeñas no se movieron ni un centímetro del lugar, a pesar de que ya nada las ocultaba.
-Tienen dos opciones- dijo Luzz con el típico tono de los espectrum muy seco y metálico -Regresan conmigo sin dar problemas o las puedo obligar-
Las chicas no respondieron. Se miraron como descifrándose y luego volvieron a ver aterradas al enorme villano que las esperaba soga en mano.
Todo parecía perdido, tanto esfuerzo para escapar y de nuevo estaban a la sombra de su terrible destino. Inesperadamente una sombra apareció por la espalda de Luzz. Las amigas gritaron aterradas y el sonido de carne y huesos partiéndose interrumpió aquel llanto lleno de angustia. La boca de Luzz se inundó de sangre y fluyeron hilos de un líquido verdoso. Por unos instantes se pudo apreciar la salida del espectron, una clase de humo azulado que en el aire se disipó, más su cuerpo no se desvaneció por ser un espécimen de segundo orden. Luzz acababa de ser atravesado por las mandíbulas de una hormiga roja gigante.
Denki saltó de su escondite y se puso a correr mientras era seguida por su hermana. El enorme insecto llevaba entre sus fauces el cadáver del alado que seguía chorreando sangre y jugo verde por montones.
De un momento a otro las pequeñas pasaban de un peligro a otro.
El inmenso hormigón estaba furioso y arremetió contra las chicas. El cuerpo del alado no se despegaba de sus mandíbulas y al parecer el líquido verde era como un ácido que le estaba corroyendo sus maxilares.
Lograron adentrarse otra vez en territorio boscoso. Las jóvenes corrían tomadas de la mano, el miedo y la desesperación las hacia más ágiles y parecían dos liebres.
El gigantesco himenóptero trataba de seguir a su presa. En un golpe contra un olmo pudo arrancar el cuerpo del espectrum, pero a costa de perder su mandíbula derecha. Un inmenso agujero se asomaba en la cara del bicho y gran cantidad de líquido verdoso le seguía quemando hacia dentro.
En un descuido Denki perdió el equilibrio y calló, rompiéndose contra una roca una de sus frágiles rodillas. Fueron momentos importantísimos los que perdieron debido al accidente ya que la hormiga las pudo alcanzar y ubicar, sin embargo, fue más el terror que otra cosa. El animal cayó desplomado en los pies de la niña. El ácido segregado por el espectrum cumplía con su trabajo de liquidarlo. Las chicas estaban a salvo.

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