Al principio pensé que era una broma pero con la seriedad que hablaron me convencí que a pesar de la indumentaria, los tres personajes, una muchacha menuda de pelo rojo, con un solo ojo maquillado y dos chicos de la misma edad también maquillados y vestidos al estilo circense, se presentaron ante mi en mi consultorio.
Venían acompañados de una rara cruza de mastín con labrador que llamaba la atención por su gran tamaño, sobretodo por las dimensiones de su cabeza y la amplitud de la boca. Pelo canela más bien largo.
A pesar de su aspecto aterrador Brutus resultó simpático y amistoso, tendría alrededor de cuatro años.
Los tres chichos se aprestaban a contar porque habían venido, pero mi curiosidad pudo más ii pregunté porque iban vestidos así.
Entonces sonriendo me dijo la chica, llamada Melisa que eran artistas de calle, a diario iban a una plaza concurrida y hacían su número, los casuales espectadores dejaban en una galera, la misma que usaba en este momento y que tanto me había llamado la atención, algo de dinero y así intentaban ganarse la vida. Brutus si bien no actuaba permanencia echado disfrutando del espectáculo.
De inmediato uno de ellos impaciente comenzó a contar cual era el problema que los traía a mi consultorio. Me explicó que desde hacía un tiempo Brutus trataba de comer, masticaba pero dejaba la comida. Eso era todo.
Primero hice una revisión general y todo estaba bien. Examine la boca, no tenía ningún problema aparente ni dolor de ningún tipo. Sólo cuando revise la garganta pude apreciar una masa tumoral que por poco no la obstruía.
Con un largo hisopo de algodón y gracias a la increíble bondad de Brutus pude hacer un frotis y mirar al microscopio para averiguar de que se trataba. El resultado no se hizo esperar, se trataba de un tumor venéreo trasmisible sensible a la quimioterapia.
Les expliqué a los tres que debían comprar una ampolla de un fármaco si querían que su perro se salvara, también les advertí que era costoso.
Tendremos que trabajar horas extras respondió la chica de cabello rojo.
Les hice una receta y una caricia a Brutus y se despidieron con un apretón de manos.
Por un tiempo no supe más de los artistas callejeros ni de su perro, pero una mañana en la que atendía un rottweiler, se presentaron todos juntos con sus extrañas vestimentas y con la ampolla de medicamento.
Cuando termine con el rottweiler los atendí. En este casi un mes, en los muchachos trabajaron duro juntando dinero, la salud de Brutus había desmejorado, conservaba su buen carácter pero estaba más delgado.
Le examiné la garganta, el tumor estaba allí pero no había crecido como pensaba. De inmediato prepare todo para introducir en una de sus venas el quimioterapico.
Confiaba en que una dosis bastaría para reducir al mínimo el tumor. Así le comunique a los muchachos artistas y les pedí que volvieran en un mes.
Aprovecharon para contarme las peripecias de las cuales fueron protagonistas, todo con el fin de conseguir el dinero para el medicamento, llegaron a hacer colectas en el barrio dónde vivían y a vender tortas fritas por la calle.
De nuevo pasó el tiempo esta vez más de dos meses pero un día caluroo y de esos en que nadie sale de su casa entró al consultorio una chica rubia de ojos castaños más bien menuda. Si no fuera porque en el extremo de la correa extensible que tenía en la mano estaba atado con coqueto collar Brutus , mejor dicho un repuesto Brutus.
Salude a Melisa y le confesé que sin maquillaje y con el cabello rubio no la había reconocido. Ella sonrió y me dijo que traía a Brutus para controlarlo.
Ni siquiera lo puse sobre la mesa, solo me incliné y abrí con mi mano la enorme y bondadosa bocaza, por lo que vi no había rastro del tumor.
No fue necesario decir nada Melisa ya intuía que estaba curado. Le pregunté por sus amigos y me dijo que desde hacía tiempo habían dejado de actuar en la calle y después cada uno tomo su camino.
Mientras actuábamos en la calle, dijo Melisa, Brutus estaba con nosotros durante el día pero en la noche se alejaba y dormía afuera, cuando nos separamos se convirtió en un perro vagabundo. Una noche no podía dormir, me levanté de la cama y en pijamas salí a buscarlo. Lo encontré arrollado en un rinconcito. Cuando nos vimos no pudimos contener nuestra alegría. Desde ese día vive conmigo.
Al sentir esta historia se me hizo un nudo en la garganta.
Melisa revisó en su bolso y saco un sobre cerrado y me lo entregó, se despidió, le di la mano a ella y a Brutus y nos dijimos adiós.
En el sobre había una carta de agradecimiento y el dinero de la consulta.
Me alegro mucho saber que Brutus ya tenía una humana que se ocupara de él.
Valoración: 0.0/5 (0 votos)
Comentarios
Aún no hay comentarios. Sé la primera persona en compartir una opinión respetuosa.