creí
que escribir sobre vos
era una forma de traición.
Como si poner ciertas cosas
en palabras
pudiera romper definitivamente
algo
que ya venía roto.
Hay hombres
que enseñan hablando.
Vos enseñabas
levantándote temprano.
Arreglando cosas.
Pagando cuentas.
Quedándote en silencio
cuando el cansancio
ya no entraba
dentro del cuerpo.
Recién de grande entendí
que algunas personas
fueron criadas
para sobrevivir,
no para explicarse.
Y sin embargo
pasé años esperando
ciertas palabras.
Algo simple.
Un "estoy orgulloso".
Un abrazo
que no pareciera
accidental.
Supongo que cada familia
tiene su propio idioma.
La nuestra
hablaba en puertas cerradas,
platos servidos,
cuentas pagas,
televisores encendidos
para evitar conversaciones.
Tal vez por eso
me convertí en alguien
que escribe.
Porque donde otros
aprendieron a callarse,
yo terminé buscando
una forma desesperada
de traducir el silencio.
Hoy ya no espero
que leas esto.
Ni siquiera
que lo entiendas.
Algunas cartas
no se escriben
para llegar.
Se escriben
para dejar de cargar
ciertas habitaciones
dentro del pecho.
Poema perteneciente al libro La patria del silencio escrito por
Juan Ignacio Castelao Machín
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