Lectura

Rayajos simbólicos

Por Juan Alberto · España · No Ficción

Rayajos simbólicos
Vagabundeando por Antigua, doy con la "Casa para las artes". Uno de los cuadros expuestos me fascina. El motivo del mismo no tiene nada de especial: en primer plano, una señora carga con un niño, a sus espaldas, y con un canasto de frutas, sobre su cabeza, y, en segundo plano, en el plano de fondo, se yergue un majestuoso volcán. El tratamiento del color es lo principal, lo que confiere a la pintura un aire mitad mítico, mitad onírico. Me quedo contemplando el cuadro durante un buen rato. Hasta que caigo en la cuenta de que yo también soy contemplado por alguien. Me aventuro a iniciar la conversación:

- Buenos días. ¿Es usted el autor?

- Sí, claro. Veo que le gusta el arte.

- Sí, bueno, pero no crea que soy un entendido.

- Para disfrutar del arte no es necesario ser entendido. Si acaso, para ser artista, pero tampoco crea usted que tanto. Veo que ese cuadro le llama la atención.

- Bueno, más que llamarme la atención, me encanta. Supongo que debería terminar aquí mi comentario sobre el cuadro, pero, aprovechando la ocasión y pidiendo disculpas por anticipado si considera que lo que paso a decirle constituye una impertinencia, le diré que hay algo en el cuadro que me sobra, que está de más. Me refiero a esas extrañas líneas, a esos rayajos que aparecen por todas partes. No sé qué significan. No sé si trata usted de impregnar a la pintura, a través de ellos, de un aire azaroso, provisional, inacabado, como de obra en marcha, o no sé exactamente qué pretende.

-No. La verdad es que anda usted muy descaminado. Se trata de algo mucho más importante. Esos rayajos, como usted los llama, representan, por una parte, que todo lo que se ve en el cuadro, y todo lo que no se ve, esto es, que todo, absolutamente todo, está conectado, que todos los seres humanos estamos interrelacionados, y, por otra parte, representan que existe un vínculo muy poderoso que une a unas generaciones con otras y que es nuestro deber fortalecer ese vínculo, cultivando el amor y el respeto a nuestras tradiciones.

- Sí, ya veo mi interpretación fue un tanto pedestre. Meditaré sobre lo que me ha dicho. Ya volveré en otra ocasión.

- Cuando quiera volver, aquí estaremos. Le esperamos con los brazos abiertos.

Mientras volvía al hotel, pensaba en que toda esa simbología era muy interesante, pero que, lamentablemente, el observador medio se la iba a perder por completo.

Valoración: 0.0/5 (0 votos)

Comentarios

Aún no hay comentarios. Sé la primera persona en compartir una opinión respetuosa.

Conversemos entre autores

Un espacio para compartir y acompañarnos entre letras

Cargando la conversación...

Estás leyendo la conversación de la comunidad. Para participar necesitas una cuenta.