Me acostumbré tanto a anticipar el dolor que, sin darme cuenta, empecé a anticipar también la vida. Antes de aceptar una invitación pensaba cuánto tendría que caminar. Antes de salir pensaba qué llevar por si aparecía una crisis. Antes de hacer un plan pensaba cómo iba a estar mi cuerpo ese día. Y antes de disfrutar algo, una parte de mí ya estaba imaginando cómo sería si el dolor aparecía y me obligaba a detenerlo todo.
El dolor no solamente te enseña a reconocer sus señales. También puede enseñarte a tener miedo de los días en que todavía no ha aparecido. Y eso es algo que tardé mucho tiempo en entender.
Porque puedes estar teniendo un día bueno y, aun así, no sentirte completamente libre. Puedes estar riéndote y pensar cuánto durará. Puedes estar disfrutando de un momento y preguntarte si mañana podrás repetirlo. Puedes mirar algo hermoso y, en lugar de simplemente vivirlo, empezar a calcular cuánto tiempo te queda antes de que tu cuerpo te obligue a volver a casa.
Es extraño. El dolor puede ocupar espacio incluso cuando no está.
Durante mucho tiempo confundí escuchar a mi cuerpo con obedecerle en todo. Si tenía miedo, no hacía algo. Si dudaba, cancelaba. Si sentía que podía doler, prefería no arriesgarme.
Y no puedo juzgarme por eso. Había razones para tener miedo. Mi cuerpo me había enseñado que el dolor podía aparecer sin aviso.
Pero en algún momento tuve que hacerme una pregunta incómoda:
¿Cuánto de mi vida estaba decidiendo el dolor y cuánto estaba decidiendo yo?
No tengo una respuesta perfecta. Todavía estoy aprendiendo.
Porque escuchar mis límites sigue siendo necesario. Hay días en que descansar es exactamente lo que necesito. Hay días en que decir que no es cuidarme. Hay días en que mi cuerpo simplemente no puede.
Y eso también merece respeto.
Pero aprendí que cuidarme no significa dejar de vivir. Significa aprender cuándo escuchar al cuerpo y cuándo decirle: Hoy vamos a intentarlo.
Quizás no caminemos tan lejos. Quizás tengamos que parar. Quizás mañana necesitemos descansar. Pero hoy vamos a salir. Hoy vamos a mirar el mar. Hoy vamos a escuchar música. Hoy vamos a escribir. Hoy vamos a reírnos. Hoy vamos a vivir.
Porque no quiero pasar el resto de mi vida esperando sentirme perfectamente bien para permitirme disfrutarla.
No sé cuánto dolor habrá mañana. No sé qué días serán fáciles y cuáles volverán a ponerme a prueba. No sé si algún día dejaré de tener miedo.
Pero sí sé algo que antes no sabía:
No quiero volver a entregarle al dolor todas las decisiones sobre mi vida.
No elegí este cuerpo. No elegí esta enfermedad. No elegí muchas de las cosas que me tocó atravesar.
Pero todavía puedo elegir qué espacio quiero darle dentro de mi vida.
Y quizás esa sea una de las formas más silenciosas de recuperar algo que creí perdido: no recuperar a la mujer que era antes del dolor, sino empezar a conocer a la mujer que aprendió a vivir con él.
Una mujer que todavía tiene miedo. Que todavía se cansa. Que todavía tiene días malos. Pero que también mira hacia adelante.
Y camina.
A su propio ritmo. Con sus pausas. Con sus límites. Con sus grietas.
Pero caminando.
Porque escuchar a mi cuerpo no significa dejar de vivir. Significa aprender a vivir con él.
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Comentarios
Voy a tener que empezar a pensar un poco más en mi, gracias
Rey gracias a ti por compartir algo tan personal. ? Creo que muchas veces aprendemos a ignorar esas pequeñas señales porque la responsabilidad, el trabajo y la vida cotidiana parecen tener siempre prioridad. Y quizás necesitamos llegar a ese momento de sentarnos en la orilla de la cama para entender que el cuerpo también tiene algo que decir.
Me alegra mucho saber que mis escritos te hacen pensar. Para mí, escribir está siendo justamente eso: poner en palabras cosas que durante mucho tiempo no supe cómo nombrar. Y qué bonito cuando esas palabras encuentran a alguien al otro lado y terminan hablando también de su propia historia.
Gracias por leerme y por compartir la tuya conmigo. ?
Tiempos de Brisas ?, ojalá puedas hacerlo. ? A veces pensamos que preocuparnos por nosotros mismos es egoísmo, cuando en realidad también es una forma de cuidarnos y seguir adelante. Gracias por leerme y por dejarme estas palabras. Me alegra mucho saber que algo de lo que escribo pudo hacerte detenerte un momento y pensar en ti. Un abrazo. ?
Es increíble como vivimos sin poner atención a pequeños mensajes que nos da la vida, cuantas veces me senté en la orilla de la cama para in a trabajar, sin tener ni ganas ni fuerzas para hacerlo y la responsabilidad le gano al carácter para no volver a dormir por mucho tiempo...
Siempre me dan que pensar tus escritos, gracias por esa claridad...