En las ciudades de Akmevirit se respiraba el terror de la muerte. Muchas familias estaban desechas por la pérdida de sus hijos y mujeres, mientras que de ancianos y valientes hombres, era desconocido su paradero o se creían muertos.
Construcciones importantes estaban demolidas y las cosechas se daban por perdidas. El trabajo que se realizaba a diario no alcanzaba para arreglar la situación, lo que tenía al pueblo sumido en una emergencia para poder sobrevivir y la alimentación era el asunto más importante por solucionar.
Los pocos graneros que no estaban destrozados o quemados no lograban abastecer ni a la mitad de la población. Esto llevaba a las personas en muchos casos a la violencia.
Especies que nunca atacaban los pueblos de pronto se hacían presentes, trayendo grandes daños y la muerte. La cacería había mermado, ya que los alrededores eran muy peligrosos además de que muchas especies empezaban a desaparecer y a emigrar.
Dos viajeros avanzaban por el lodoso camino que llegaba a las puertas de la entrada de la Ciudad de las Piedras. El barro era rojo. Esa tarde llovía desconsoladamente y de la pared bajaban desechos de rocas y árboles que aterraban el paso.
Él, portaba una gruesa piel de oso cavernario que le cubría su cabeza y tronco. Ella, iba sobre un hippidion y se refugiaba tras una cortísima capa de smilodon.
- ¡Oh alto! - Se escuchó de entre la vegetación.
Un hombre apareció y se paró a la mitad del camino. Tenía en sus manos una enorme lanza y se cubría con una vieja piel de lobo negro, sumamente empapada.
-Identifíquense extranjeros- el tipo apuntó la lanza hacia los desconocidos los cuales procedieron a dar sus nombres.
-Venimos en son de paz amigo- el extranjero alzó sus dos manos indicando que estaba desarmado, lo que fue secundado por su compañera que aún no se bajaba del hippidion.
-Me llamo Nhas y ella es mi esposa Shebra. Nuestra aldea fue atacada por los alados. Logramos escapar en los hippidion, pero durante el viaje tuvimos que sacrificar el que yo montaba para no morir víctimas del ataque de un carnotaurus-
-Esta ciudad también fue atacada. Aquí no hay nadie que les pueda ayudar- el guardián se mantenía en posición de ataque. Pocas veces se había visto en una situación parecida y no sabía qué hacer con los visitantes.
-Tranquilo amigo no somos enemigos. Solo queremos pasar. Buscamos el sur y en tu ciudad no estaremos mucho tiempo- Shebra como humana lucia bastante hermosa y esto le ayudaba a dar confianza, lo que generó el interés del centinela.
La lluvia empezaba a flojear. La chica desmontó del Hippidion y Nhas se quitó su capote lo que causó en el guardia una cierta seguridad. Se miraban como buenas personas.
- ¿Tienes hambre amigo? ¿Cómo te llamas? - Consultó Nhaswal intentando ganar confianza con el personaje que no los dejaba avanzar.
El tipo entrecerró su ojo derecho como analizando a la pareja. Bajó su lanza y se descapotó la cabeza.
-Me llamo Clayvor y sí tengo bastante apetito- se notaba que en las últimas cuentas de luna el guarda no se había alimentado bien. Su tono pálido lo delataba. Nhas acertaba una vez más.
-No tengo mucho, pero en nuestro viaje cazamos un equus salvaje y secamos la carne ¡toma! - Nhas sacó de su bolsa de piel un enorme trozo de carne seca que Clayvor se apresuró a recibir. La carne seca del equino era deliciosa y el guardia se observaba muy contento con el regalo.
- ¿De dónde me dijeron que venían? - Consultó mientras se sentaba a masticar en una roca que se empezaba a secar.
-No aun no te lo hemos dicho Clayvor- expresó Shebra quien se desentendía de su capa de smilodon y la guindaba a escurrir en una ramilla.
-Somos de las faldas de las Montañas Amarillas- contestó Nhaswal quien también trataba de escurrir su piel de oso sobre el lomo del Hippidion.
- ¡Las Montañas Amarillas! ¡Claro! Cerca de las Montañas de Hielo antes de llegar a Los Llanos sin Fin. Escuché a mi maestro mencionar ese sitio varias veces- Clayvor sacaba un pequeño odre del cual tomaba alguna especie de brebaje alcohólico, pero no les ofreció a los forasteros.
- ¿Qué planes tienen al sur? - La pregunta del centinela era directa y los invasores no sabían que contestar. No llevaban planes hechos, lo que los puso a dudar.
- ¡Amm... pues! - Dijo ella -Creemos que al sur no hay peligro con los alados-
- ¿Que te hace pensar eso? - Continuó el guardia que ya terminaba su trozo de equus.
-El vidente de nuestra aldea lo dijo- se le ocurrió inventar a Nhas.
-El oráculo avisó sobre la llegada de los alados a nuestras tierras. Pero también profetizó sobre las tierras más allá de los Montes Vacíos. Tierras a las que los alados o espectrums no llegarían-
- ¿Espectrums? - Consultó Clayvor.
- ¡Si! Así es como se llaman esos seres- expresó la hermosa mujer.
Suru volvía a aparecer en el firmamento. Lo que significaba para Nhas y Shebra reanudar la marcha.
-Pues creo que mi jefe debería de conocer esos detalles profetizados por el vidente de su pueblo- avisaba el centinela quien parecía no haber saciado su apetito y miraba con insistencia la bolsa de Nhas - ¿desean que los lleve ante él? -
La ocurrencia había resultado un plan perfecto, ya que justamente eso era lo que buscaban los ahora humanos. Al estar frente al líder de la comunidad, sería más fácil descubrir quién era el que controlaba el cristal en la ciudad. Pero no quisieron ser tan obvios. Clayvor resultaba ser un poco distraído, pero no era un idiota. Si lo que estaba proponiendo era una trampa, no podían irse de cabeza a la ligera.
- ¿Tú crees que de verdad sea necesario Clayvor? - Lanzó la pregunta Shebra fingiendo desinterés.
- ¡Claro que sí! Es una información que mi líder, el gran Vesty, tiene que conocer de los portadores y no de mi persona- Clayvor se expresaba muy seriamente, aunque frotaba su estómago en señal de antojo.
- ¿Cuánto se tarda de este sitio hasta el refugio de tu jefe? - Preguntó Nhas revisando lo que sería un cuero de anotaciones.
Nhaswal en su versión humana era bastante alto, de piel blanca bronceada, brazos velludos, de cabellos castaños y escaso bigote. Se presentaba como un hombre de unos treinta tiempos dorados. Era delgado pero muy macizo. Lo que hacía dudar que fuera guerrero, era la falta de cicatrices, algo muy normal en los pueblos y ciudades de Pangea.
-Estaremos llegando cuando suru se esconda. Debemos irnos ya, mi compañero llegará pronto a resguardar este sitio- el viaje se alargaría por toda la tarde.
-Está bien amigo te acompañaremos y le contaremos a tu amo sobre las visiones del vidente. ¡Eso sí! Luego nos iremos porque de verdad no queremos estar por acá mucho tiempo- Nhas se mostraba molesto. Todo era parte del juego.
-No queremos estar en tu ciudad cuando los espectrum regresen- añadió la chica mientras se colocaba su capa tigreada. Una muy leve risilla se dibujó en su expresión, acto que solo notó su amante.
Los tres iniciaron la larga caminata hacia la Ciudad de las Piedras. Región de Akmevirit, donde aún habitaban la mayor cantidad de ciudadanos. El trayecto entre la montaña era complicado. La espesa vegetación entorpecía el paso y los suelos mojados constituían una calamidad.
Un cambio de estrellas les tardó salir de la parte más difícil del camino y llegar a una extensa planicie con muy pocos árboles.
-En esta zona debemos tener extremo cuidado- les advertía Clayvor, aun sin salir de los últimos árboles. Límite entre la montaña y el páramo- Tienes que atravesar el sitio a pie si no tu hippidion perecerá terriblemente-
- ¿Qué es lo que pasa amigo? - Consultó Nhas poniéndose de cuclillas junto al guía.
-En este territorio habita el kelenken- dijo Clayvor dirigiendo su vista hacia todas direcciones.
- ¡Kelen...! ¿Qué? - Shebra no sabía que era un kelenken, y una gran amplia gama de animales también le eran desconocidos. En realidad, Nhaswal tampoco era muy conocedor.
Clayvor frunció su ceño y apareció una sonrisa burlona en su rostro. Los kelenken habitaban toda Pangea.
-Je je je seguro por sus tierras los llaman diferente...- Clayvor era experto en fauna peligrosa. Gracias a sus continuos viajes como baquiano, había aprendido casi todo sobre la flora y fauna de las regiones cercanas -...el kelenken, es un enorme pájaro asesino de pico rojo y muy veloz, además de poseer vista privilegiada, como casi todas las aves-
-Ya se ha cuál ave te refieres Clayvor- denotó Shebra. Nhas le hizo una mirada rápida, volviendo luego a ver la estepa.
-Nosotros les llamamos oxálium. - Dijo ella recordando el nombre de la súper ave perteneciente al que fuera antiguamente su líder, Jahel.
Shebra desmonto el équido y tras una palmada en el muslo, éste fue a perderse en la espesura.
-Pues ojalá ese "oxálium" no se aparezca porque nos podría devorar fácilmente a los tres- Clayvor se movía entre pequeños arbustos seguido de los dos extranjeros. El avance era muy lento y suru ya empezaba a picar.
- ¿Siempre recorren esta zona de este modo? - Consultó Shebra quien en su condición de humana le molestaban todos los esfuerzos, además de empezar a sentir cansancio y dolor.
- ¡No siempre! En ocasiones esperamos a que llueva para recorrer esta zona erguidos. Los kelenken mientras llueva no salen de sus nidos- el baquiano se arrastraba hacia otro matorral, seguido de los otros personajes que parecían "serpientes humanas".
- ¿Crees que arrastrándonos no nos descubrirá? - Le susurró Nhas a Clayvor para no provocar ruido.
-Exacto mientras nos arrastremos la bestia no nos detectará-
Así estuvieron por varios cambios de nubes hasta que llegaron a una zona de cactus, que les daba una agradable sombra y decidieron hacer un receso.
- ¿Cómo cuánto más tendremos que andar a gatas Clayvor? - Indagó la exhausta mujer.
-Cuando suru pase bajo aquel baobab, estaremos saliendo del páramo, que es la zona de peligro. ¡Bueno si nos movemos de inmediato! - Eso significaba varios cambios de nubes más, lo que causó el disgusto en Shebra.
Clayvor inició la lenta marcha seguido por Nhaswal. Shebra no se movió del sitio. Luego de avanzar unos metros, Nhas miró hacia atrás y su novia continuaba sentada bajo la sombra de las cactáceas.
-Vamos muévete Sheb- Nhas trataba de no gritarle a la chica - ¡rápido ven con nosotros! -
Sin que lo esperaran sus compañeros, Shebra se puso de pie y empezó a correr. En menos de un parpadeo ya había superado el avance de los dos hombres, que a pesar de ver el acto tan peligroso de su amiga no pudieron pensar y quedaron en el suelo como petrificados.
No había pasado un cambio de nubes cuando un extraño chasquido resonó en el lugar.
- ¡Se ha despertado el kelenken! - Gritó Clayvor quien de inmediato se incorporó y empezó a correr desesperadamente hacia la zona boscosa.
Nhaswal hizo lo mismo y se puso detrás de Clayvor. Los extraños ruidos continuaron, sin embargo, el animal no aparecía. Los tres en fila emprendían la agitada carrera.
- ¡Por todo el fuego de Pangea mujer! ¿Qué has hecho? - Gritó muy asustado el guía mientras sus piernas desarrollaban velocidades de hasta treinta kilómetros.
Shebra y Nhaswal lo seguían muy de cerca y no se veían ni asustados ni agotados.
- ¡Ya verás amigo Clayvor! Si ese animal aparece, morirá irremediablemente- exclamó la chica tomando más velocidad y dejando a sus compañeros votados.
Shebra se detuvo. A lo lejos se podía observar la enorme ave que se dirigía hacia ellos como un misil a su objetivo. Tomó del suelo lo que parecía el delgado tallo de una conífera y con un filoso cuchillo que obtuvo de su faja, comenzó a hacer punta en el extremo más delgado del madero. Ya en ese momento los dos hombres acompañaban a Shebra. Nhas simplemente observaba lo que su novia hacía, mientras que Clayvor demasiado confundido, parecía que iba a emprender de nuevo su acelerada competencia contra la muerte.
La poderosa ave estaba cerca. Un enorme kelenken macho de unos cinco tiempos dorados, una bestia completamente desarrollada y robusta. El animal era vigoroso, con un enorme pico moteado de color rojo, el resto de su cuerpo era negro y debajo de sus alas se pintaba un blanco pálido.
Shebra esperaba ansiosa la llegada del terrible animal. Ni un solo musculo de su cuerpo se movía. Su posición era de ataque, con su daga en la mano extendida hacia el frente esperaba a la bestia. El madero estaba clavado en la tierra a cuarenta y cinco grados. La punta que la chica le había hecho amenazaba atacar directamente al inmenso pajarraco.
Clayvor se alejaba rápidamente, eso sí, sin perder de vista a los dos locos extranjeros. Nhas ya había echado mano de su cuchillo.
La trastornada ave no bajaba la velocidad. Un instante antes de impactar contra Shebra, dio un salto y abrió sus pequeñas alas las cuales la impulsaron un poco esquivando la punta del madero. Shebra frunció su ceño en señal de enfado. El kelenken se burlaba de su plan.
Rápidamente la intrépida chica arrancó del piso el madero, que ahora era como una lanza en su mano. Esperaría la vuelta del ñandú gigante.
-Es muy estúpido. Esta vez no calculará bien ¡lo voy a partir en dos! - Gritó emocionada.
-Asegúrate de que no sea más rápido y te trague de un bocado- vaciló Nhaswal que seguía acompañando a su amada.
Clayvor ya no huía. Desde lejos observaba asombrado como el par de dementes se divertían con un pollo prehistórico asesino.
El kelenken abría y cerraba su pico produciendo chasquidos fuertes que revelaban su furia. Shebra se colocó en posición de ataque. Esta vez aferrada a la gran lanza de madera. El ave inició de nuevo la carrera contra su enemiga.
Nhas también se colocó en posición de ataque. La lanza de Clayvor era su arma.
El desenfrenado correr del Kelenken aturdió por un momento a Shebra, que nunca había combatido sin sus poderosas alas, las cuales le daban mucha más precisión en sus movimientos. Nhas notó que su dúo titubeaba. El monstruo no tardaría en traspasarlos si no se quitaban o atacaban de una vez por todas.
A escasos instantes del impacto. La poderosa ave lanzó su descomunal pico contra la flexible mujer, que lo esquivó apenas por unos milímetros, rodando su cuerpo de forma increíble cerca de veinte metros hacia su izquierda y levantándose inmediatamente.
El animal no pudo frenar de inmediato lo que lo hizo rodar unos metros en su intento de detenerse. Tiempo que Nhaswal aprovecho para dar un salto espectacular y dirigir su lanza hacia el tórax del kelenken, que apenas se incorporaba para iniciar otra embestida contra los guerreros.
El disparo fue certero. La lanza atravesó el pecho del animal, pero no lo detuvo. La bestia volvía a abalanzarse contra sus rivales.
Con la lanza clavada en el tórax y abundante sangre brotando de la herida, el kelenken lanzó su embestida contra Nhaswal que lo logró eludir en tres ocasiones. Dos muy cerca del rostro y la última, el picotazo directo a su vientre.
Los movimientos de los extranjeros eran sobrehumanos. Clayvor observaba asombrado como enfrentaban al Kelenken. Cualquier otro ya hubiera sido partido y devorado, por el contrario, los visitantes continuaban en pie; moviéndose como verdaderos acróbatas.
-Tráelo hacia acá Nhas. La trampa está servida- Shebra afirmaba el puntiagudo madero entre varias rocas. La mortal punta parecía esperar ansiosa la carne del kelenken.
La titánica batalla entre el ave y Nhaswal parecía que no iba a terminar. Los poderosos embates no lograban acertar al ágil guerrero, pero este al no poseer la lanza tampoco podía dañar al enorme ovíparo.
-Déjalo que me ataque Nhas. ¡Quítate! - La espalda de la chica acariciaba el filoso madero. La trampa parecía ser arriesgada para la vida de Shebra, que no mostraba signos de duda.
Las vestimentas de Nhas destilaban agua y barro. Las volteretas en el jugueteo con el animal lo tenían cubierto de pies a cabeza de lodo y el cansancio humano ya lo empezaba a afectar.
La chica esperaba a unos cincuenta metros de la lid entre hombre y bestia. Nhas produjo un giro que lo dejó en posición directa hacia Shebra y empezó a correr. Su velocidad seguía sorprendiendo a Clayvor. El enorme avestruz lo acechaba de cerca lanzando sus terribles picotazos que no daban en el blanco. Las grandes zancadas acortaban cada vez más la distancia. En el último momento la chica se arrojó a los brazos de Nhas, que se logró contorsionar de forma suprema, evitando así la estocada del kelenken, el cual se atravesó con el filoso madero su abultado cráneo de lado a lado.
La mortal amenaza se reducía ahora a la muerte. Cuando el ave se atravesó con la lanza, su enorme cuerpo sin vida calló sobre Nhas y Shebra. Los cuales ahora se limpiaban de plumas, sangre y lodo sus atuendos.
- ¡Increíble, sorprendente, magnifico! - Empezó a vociferar el baquiano que descendía del peñasco dando saltos de asombro y alegría.
-Ustedes son increíbles ¿Dónde aprendieron a luchar de esa manera? - Clayvor estaba impactado por la hazaña. Nunca nadie se había enfrentado de esa manera a la bestia del páramo y había salido con vida.
- ¡Por el fuego de las catacumbas! Es increíble lo que hicieron- de verdad el tipo estaba en un estado de excitación por el combate que acababa de presenciar. Jamás imaginó que nadie pudiera vencer a la enorme ave. Pero era una realidad el monstruo estaba desaparecido, ahora era carne fresca para las aves come carroña.
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