Lectura

Inmensidad

Por José-Blas Molés Miró · España · Historia real

En la sala de la municipalidad donde está el mural -que he visto desde la eterna escalera y parece inmenso, con sus colores pálidos-, allí me sentí pequeño y extraño; hablo de Oslo, donde entregan el Premio Nobel de la Paz.
En el interior de Keops y al lado del sarcófago, me sentí ínfimo debajo de aquella barbaridad de toneladas de piedras, inexpugnables en tiempos pasados y todavía imposibles de construir otra vez.

El minuto y medio del eclipse también me hizo sentir pequeño, pero esta vez importante ante tanta belleza desplegada ante mí.

Pero vuelvo al universo, a las distancias y a la incompatibilidad de la comprensión de mi cabeza con los inmensos números: las unidades astronómicas, el año luz, el parsec. Mi cerebro necesita pararse para asimilar eso.

Me molesta el tiempo perdido en naderías, el dejar pasar oportunidades, no valorar lo que he tenido delante y no saber venderme, si acaso eso fuera un valor.

Me molestan los libros parados que nunca voy a leer y las ideas dejadas pasar de largo sin haberlas escrito, y que, si volvieran, ya no serían las mismas. Las razones del amor y la amistad, el querer por querer, como se quiere a unas gatas.

Yo debí enrolarme en la Voyager y en unos días de nada estaría a un día luz de mi casa, lo que no sé si es una ventaja, un alivio o un despropósito.

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