Lectura

Elogio de la risa

Por Bernardo Suárez · Argentina · Ensayo

Elogio de la risa
Hay una risa. Hay muchas risas. Hay una risa que se goza en soledad, que se descubre y que retumba por todos lados. Hay una risa que es social, que es contagio, como una ola de carcajadas imposibles de contener, que inunda. La risa es un lugar seguro, es el lugar de la descarga. La risa da cuenta de la seguridad del niño que reconoce el rostro familiar y descarga la angustia en risa. La risa es paradoja que se oculta detrás de la mueca triste en el rostro de un payaso. Hay una risa que es reflejo, una respuesta casi animal, como la de algunos primates y las hienas. Sin embargo, para algunos filósofos como Aristóteles o Pitágoras, la risa es una particularidad de lo humano. Bergson agrega que el hombre es el único capaz de hacer reír. Habría entonces distintos tipos de risa. Está por ejemplo la risa atávica que florece en medio de los saturnales. Pero hay otra más cercana a la sonrisa, que se carga de reflexión, que revela, devela y condena, que es la del humor. La risa es transversal, atraviesa la historia de la humanidad.
En la Antigüedad, la risa era pública, pero en otros períodos especialmente en aquellos más oscuros o rígidos, como la Edad Media, la risa fue declarada diabólica y confinada al ámbito de lo secreto. La novela de Umberto Eco, El nombre de la rosa (1988) ficcionaliza acerca de la búsqueda del libro que Aristóteles habría escrito sobre la comedia y que se encontraría extraviado. Un fraile franciscano sigue la pista en una abadía medieval y allí tiene el siguiente diálogo con el guardián de la biblioteca. El monje Jorge de Burgos afirma: "Nuestro Señor Jesucristo nunca contó comedias ni fábulas..." Un reflexivo Guillermo de Baskerville le contesta: "le pregunto por qué rechazáis tanto la idea de que Jesús pudiera haber reído". Jorge, visiblemente molesto, enfatiza: "La risa sacude el cuerpo, deforma los rasgos de la cara, hace que el hombre parezca un mono". La respuesta del fraile, trayendo episodios de la vida de los santos como prueba, no se hace esperar: "Los monos no ríen, la risa es propia del hombre. Es signo de racionalidad. Cuentan que cuando los paganos sumergieron en agua hirviendo a san Mauro, este se quejó de que el baño estuviese tan frío; el gobernador pagano puso estúpidamente la mano en el agua para probarla, y se escaldó" (113-115). La risa también es selectiva, no reímos de las mismas cosas. Pero todos reímos. Como comemos, dormimos o amamos. La risa es necesidad. Hay una risa. Hay muchas risas.

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