Lectura

Mi vida con las Putas Una historia de amor

Por Rey Neira Bustamante Admin · Chile · Historia real

Mi vida con las Putas Una historia de amor
Tenia yo doce años con mi familia, mis padres más cuatro hermanos,
vivíamos en una comuna al norte se Santiago.
Con mi hermano menor estudiábamos en la
escuela municipal de dicho lugar, en esa época no eran muy preocupados de la estética de los recintos estudiantiles, el patio sin pavimento y lleno de polvo, era de verdad horrible,
cero estímulo visual para tu educación.
Recuerdo que era un suplicio ir todos los días a la escuelita,
solo la amistad y el cariño a un puñado de compañeras (os) y a un par
de profesores nos ayudaban a sobrellevar la situación diaria, por
ende, cada vez que teníamos oportunidad de faltar a clases o salir
antes era una alegría secreta que luego desbordábamos cuando
ya estábamos lejos.

Un día, pasadas las nueve de la mañana la subdirectora nos
anunció que la profesora se había reportado enferma y que nos
podíamos retirar a nuestras casas, no sin antes hacernos escribir
una comunicación a nuestros padres, que luego ella firmaría una
por una.
Teníamos un grupo de seis compañeros, amigos que íbamos a
todas partes juntos, por lo general nos reuníamos detrás de la
escuela a organizar salidas, juntas y juegos. Dentro de las
juegos recuerdo cuando se nos ocurrió robarnos una caja de
galletas, de esas que nos daban en el desayuno,
eran muy ricas ricas, nos duró solo un día la caja,
la devoramos entre todos.

Pero nuestra distracción favorita, lejos, era ir a bañarnos al
riachuelo que corría entre los cerros de cercanos.
?

El riachuelo era un canal de regadío que tenía una de sus orillas
con mucha vegetación y un poco más de profundidad que en
otras partes, por lo que era ideal para tirarnos de "piquero".

Cada vez que íbamos llegábamos corriendo sacándonos la ropa y
sin miedo nos lanzábamos como "bombitas" al agua. Ese día
cometí el error de lanzarme con las zapatillas puestas, las mismas
que me habían comprado el sábado anterior... por esos días
estaban de moda las zapatillas tigre con punta de goma negra.

Al salir del agua me percaté que se me había salido la zapatilla
izquierda. Di un grito a mis compañeros y de inmediato el Peter
se tiró al agua y la rescató desde el fondo, la adrenalina nos llegó
hasta el cuello, todos gritábamos como locos, y es aquí donde
cometimos el error que me cambiaria la vida para siempre.

Fue tanta la euforia que nos causó ese incidente, que decidimos
seguir jugando, y todos tiramos las zapatillas al agua, para luego
tirarnos a rescatarlas... al final del día serían tres las zapatillas que
nunca aparecieron, entre ellas la mía.
Llegué a mi casa con una sola zapatilla amarrada al hombro, entre
más me acercaba el pánico se apoderaba de mi, mi madre era
una mujer golpeadora, y esto no lo iba a dejar pasar.
Por supuesto cuando me vió, solo bastó una mirada de lince para
darse cuenta que iba sin calzado y sin preguntarme nada me partió
el palo de escoba en la espalda, gritando cosas como, -tú
crees que cago la plata güeón-.

Con su ira cada vez más crecida me agarró del cuello y me lo
comenzó a apretar, fue mi hermana mayor la que literalmente
me salvó la vida, separándola de mi. Esa noche no pude dormir...
a la mañana siguiente tenía claro en mi cabeza lo que tenía que
hacer, buscaría a mi padre.

Dos días me demoré en encontrarlo...
El era un comerciante y cerrajero y tenía con sus hermanos y su
padre varios locales en el Mercado Persa de Balmaceda esquina
Mapocho, este mercado sería el origen de todas las ferias y
mercados persas del país.
Nada más llegué descubrí un mundo muy diferente al cual yo no
estaba acostumbrado, recuerdo con mucho cariño la feria que
bordeaba el mercado y que ocupaba toda la manzana con los
más increíbles y maravillosos objetos, podías encontrar desde
una tuerca hasta un violín Stradivarius. Recuerdo que la semana
se hacía interminable esperando el día de la feria, la recorría
todos los domingos, y todas las semanas era diferente.

Mis padrinos eran dueños del restaurant "Los Palos Quemados".
El local estaba ubicado a una cuadra del Persa, muchos años de
mi infancia los viví en dicho lugar, allí almorcé casi a diario los
mejores porotos con riendas que alguna vez probé, guardo muy
lindos recuerdos de mis padrinos.

También ahí estaba el burdel más famoso de esa época, a solo
una cuadra del Mercado Persa, en Hurtado de Mendoza esquina
San Martín, en pleno centro de Santiago,
frente al restaurant El Olímpico...

Debo decir que cuando aparecí en el barrio, mi padre ya tenía
íntima amistad con casi todas las trabajadoras de dicho lenocinio,
me refiero a íntima, por la cercanía y cariño que se profesaban,
pues él jamás fue cliente, inclusive siempre me recomendó que
yo tampoco lo fuera. Yo creo que para él esto era más un asunto
de ego que otra cosa, pienso que él pensaba que era capaz de
llevar a una mujer a la cama sin la necesidad de tener que pagarle
por ello.

Siendo mi padre un hombre al que la apasionaban las mujeres,
en alguna forma pienso que yo para él era un problema, pues por
mi corta edad, cuando salía con alguna chica tenía que dejarme
al cuidado de alguien, y así... y nunca supe de quien fue la idea...
él me dejaba al cuidado de las putas.
La primera vez por supuesto fue de mucho nerviosismo y de
cachetes enrojecidos, esto porque todas las chiquillas que
entraban a la cocina del burdel se sorprendían al ver a un niño
sentado comiendo torta y tomando Coca-Cola. Preguntaban -¿y
este niño de quién es?-, la respuesta siempre era la misma, -es
el hijo del "Chico Neira"-, a lo que ellas exclamaban, -¡¡que
liiiiiindo!!- seguido de un respectivo apretón en mis cachetes...
Sin entender mucho, ya que a esa edad es muy poco lo que uno
puede llegar a saber, estaba ansioso y expectante del momento
en que llegara la noche.
?
Estaba ya terminando mi torta, cuando vi entrar a la mujer más
increíblemente hermosa, linda, rubia y muy alta, que hasta ese
momento había visto...

Me saludó diciéndome, -así que tú eres el hijo del hombrón-
respondí que si, sin entender mucho el significado ni la intención
de sus palabras, me contestó, -hoy es mi noche libre, ¿quieres
dormir conmigo?-.

Mentiría si les dijera que fue lo que le contesté, era demasiada
información para mi edad. Solo recuerdo que me tomó de la
mano, me llevó al baño, me lavó las manos, hizo que me lavara
los dientes, me puso el pijama que mi padre llevó y nos fuimos a
su dormitorio. Me dijo que ese era su dormitorio personal no el
que usaba para trabajar... la verdad es que no entendí nada de lo
que dijo, luego nos acostamos y ella me acurrucó igual como lo
hizo mi madre las pocas veces que durmió conmigo... y sentí algo
como el cariño.

A la mañana siguiente desperté y ella ya estaba levantada, me
dijo que me lavara para ir a tomar desayuno.
Entramos a la cocina, ya estaban varias de sus compañeras
desayunando, me saludaron y me preguntaron si ya había debutado...
todas se morían de la risa.

Muchos años después entendería el chiste.
No fue la única vez que sucedió, de hecho Carla, ese era su
nombre, se ofrecía siempre para cuidarme y debo confesar que
allí siempre me cuidaron muy bien, siempre todas se
preocuparon mucho por mí, recuerdo que eran ellas las que le
daban las gracias a mi padre cuando me iba a dejar.
?
Yo tenía sentimientos encontrados con Carla, a veces sentía que
la amaba y otras veces sentía como si fuera mi mamá, ella de vez
en cuando dejaba que le acariciara sus pechos.
Tiempo después supe que ella había perdido un hijo antes de
nacer. quizás en esos momentos ella me necesitaba como a un
hijo, tanto como yo necesitaba de una madre.
Muchos años después, siendo ya un hombre maduro y con la
capacidad intelectual de entender, comprendí el porqué ellas le
agradecían a mi padre, cuando eran ellas las que en el fondo le
estaban haciendo un favor...
Por la desconfianza, pocas personas se atrevían a confiar en ellas,
y mi padre, no sé si conscientemente o no, lo hacía, confiándoles
a su hijo.
Ellas valoraban eso y a cambio yo recibía el amor más
noble y desinteresado que pudiera existir, y por supuesto los
cariños de Carlita a la que jamás olvidé. Nunca cuestioné, ni
tampoco culpé a mi padre por lo ocurrido en ese tiempo, al
contrario, agradezco esa vida que él me enseño y que me
brindó...


Continuará...
?

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Comentarios

Luna Artly

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