Tuve una vez un calendario Calendario Zaragoza que iba leyendo cada día. Me interesaba por la colección de santos que ha colocado la Iglesia embutidos en una sola jornada: pueden aparecer doce santos, santas, beatas, beatos, venerables o demoníacos. Y es que tienen tanto tiempo los clérigos que lo emplean en embutir ideas sobre ideas con las que rellenan los canelones que son sus rollos e inventadas teologías.
San Bartolomé es el patrón de mi pueblo y de otros muchos que no sé qué pitan juntos. Dicen que lo asaron y lo desollaron vivo; eso se entiende porque no tenían televisión y algo había que hacer. El cura que inventó esa ocurrencia debió pasarse con el vino, porque nada relaciona a este hombre con el pueblo y los milagros que le atribuyen no los hizo aquí.
Cada 24 de agosto hay fiestas, toros, cenas, música, ruido y fin; a esperar otro año con la misma programación cansina. Además de ser de Nules, es patrón de Cieza, Jerez de los Caballeros, Benicarló, Borriol, Finestrat, Petrer y un sinfín de lugares inconexos.
Van pasando los años y, si los hubieras coleccionado desde niño, cuando ya tienes guardados ochenta calendarios, ya no te importa nada: ni santo, ni cura, ni toros.
Este santo el calor lo debía de soportar bien. Tal vez por eso el cura lo hizo patrón de aquí, que es un sitio donde aprieta la calina y el sol está a punto de llama. Dicen que dijo ese santo que le dieran la vuelta en la parrilla porque ya estaba bien asado por un lado: o era terriblemente cachondo o era muy amable.
A mí sí me interesan las brasas, pero para asar chuletillas y longanizas; y las llamas de leña de naranjo me interesan el domingo para la paella.
B.M.
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