Lectura

"El. calabozo"

Por Salvador Escandell Guerra. · Cuba · Policiaca

Las luces ya se habían extinguido en los pasillos y celdas de la prisión cuando un murmullo, apenas un roce de voces, empezó a crecer en la oscuridad. Fue subiendo, palabra tras palabra, hasta volverse disputa: primero áspera, luego feroz. En el fondo del calabozo, uno de los reclusos exigía el pago de una deuda por unos gramos de polvo. El otro, sin más defensa que la falta de dinero, se negó.
Entonces, el silencio se rompió con el chasquido de la violencia. Varios pinchazos certeros le atravesaron el pecho. El cuerpo se desplomó con un quejido sordo, y la sangre comenzó a extenderse con la lentitud de lo inevitable, deslizándose hasta el pasillo.
Un guardia, en su ronda, pisó aquel hilo oscuro que serpenteaba desde la celda. Al sentir la humedad bajo la suela, alzó la mirada, comprendió, y apretó el botón de alarma. Las luces se encendieron de golpe, como si el recinto despertara de una pesadilla que aún no terminaba.
Los presos, al ver el cuerpo inerte en el suelo, reaccionaron con furia. Estalló la bronca entre bandos: gritos, golpes, venganza a tientas. Los custodios intervinieron, brutales, y arrastraron al asesino hasta una celda aislada, lejos de la escena, lejos de la sangre, pero no del eco que aún palpitaba en los muros.

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