Si los planes de estudio -tras el adoctrinamiento que sufrimos en España la generación del baby boom con el nacionalcatolicismo, la LGE, el BUP, el COU y toda esa sarta de asignaturas orientadas a embaular a la gente en los planes de la patronal- hubieran sido abiertos y más europeos, ahora los mandamases no tendrían que preocuparse por si nos meamos andando por la calle, en misa mayor -si es que alguien va- o en el pleno del ayuntamiento para protestar por lo que sea.
Tras décadas de supervivencia, nos queda el sano rechazo a cuadrarnos ante nada ni nadie, a genuflexionarnos o a regalar "señorías", "excelentísimos" y otras garambainas a simples conatos de persona humana, si es que llegan a ello.
No sé si todo esto es carne de denuncia; pero, si lo fuera -que perfectamente puede serlo-, que les den, si es que están receptivos. Aunque me declaro más partidario de pagar con ignorancia al ignorante de formas, maneras, besamanos y lo que se tercie.
Ayer fue el patrón del pueblo, ya os lo conté. La presencia popular fue escasa, como siempre que descartas a los que acuden por obligación. Hoy el periódico local publica una reseña desmedida, tan aséptica que no dice nada -una faena de aliño, usando el argot taurino-; un escrito insípido que bien podría colarse en agua hirviendo y tomarse como infusión.
La prensa, cuando se paga, ni es prensa ni es nada.
¡Ay, quién pudiera resucitar a Quevedo -aun siendo de derechas- con su afilada pluma!
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