Capítulo 1: El hallazgo
Todo comenzó con un rutinario paseo del nuevo rey, un monarca recién casado. En aquel recorrido, cerca de su castillo, al lado de un pequeño riachuelo, el rey se bajó de su caballo para tomar agua pura y fresca. En ese momento, vio una pequeña canasta que flotaba. En su interior había un pequeño gatito y una misteriosa nota.
El rey guardó la nota y, riendo, le dijo al felino: "¿Qué tal si te invito a vivir a mi casa? Tengo un techo y deliciosa comida?".
Y así fue. Aquel pequeño gato creció dentro del castillo. Desde su primer día le encantó el campo de entrenamiento. Aunque al principio los soldados se burlaron de él, luego cada guerrero se presentó con su nombre y le enseñó lo que sabía. El gato aprendió rápidamente.
Los demás, al no querer quedarse atrás, se superaron a sí mismos. Con el tiempo, se volvieron los trece guerreros más poderosos del reino. Ganaban batallas una tras otra, liberaban a las personas de reyes malos y explotadores, y acumulaban tesoros.
Capítulo 2: El pacto oscuro
Sin embargo, uno de esos reyes malvados huyó jurando venganza. Escapó hacia el desierto, sin rumbo y cansado, cuando escuchó unas voces, ya que en ese lugar un hechicero estaba haciendo un pacto con el demonio. El villano buscaba tener todo el conocimiento en hechicería a cambio de un alma pura.
-Estoy muy viejo para eso, ¿dónde voy a encontrar un alma pura? -respondió el hechicero.
El demonio le replicó:
-Permanecerás así por la eternidad hasta que cumplas tu palabra. Trato hecho.
Estrechando sus manos, el demonio dejó una marca oscura en la mano del hechicero en forma de serpiente. Entonces el demonio se marchó.
En ese mismo instante llegó el rey malvado que había huido. El hechicero le brindó calor, agua y le dijo:
-Por lo que puedo ver, ¿por qué un guerrero tan fuerte huye con miedo? ¿Y si te dijera que te puedo ayudar?
El rey malvado respondió:
-¿A cambio de qué?
El hechicero contestó:
-Solo necesito el alma de tu primer hijo o de alguien más -dijo riendo-. Solo tiene que ser tan clara y pura como una gota de agua y todo será tuyo.
-Está bien -dijo el rey malvado-. Solo quiero que quites de mi camino o desaparezcas a los guerreros del rey y tendrás un alma tan pura que gozaré entregándotela, pero más gozaré enterrando mi espada en ese rey que humilló a mi ejército y me humilló a mí.
El hechicero respondió:
-Son muy fuertes. Pero, ¿sabes?, se convertirán en lo que más temen, en su gran temor. Y en cuanto a tu ejército, dales de tomar esto a quienes están con vida; y a los que murieron, rocíales esto. Se pondrán de pie sin sentir hambre, ni frío, ni sueño. Y tómalo tú también.
Esa noche, el rey malvado, que era algo delgado, al tomar el elixir se convirtió en un guerrero oscuro y poderoso. Como la poción era algo incompleta, su cuerpo tomó forma humana y de lagarto. Con sus guerreros pasó lo mismo y los que ya estaban muertos solo despertaron obedeciendo la orden de destruir.
Capítulo 3: La maldición
Esa noche, el gato se encontraba pescando. Como él comía más que los demás, siempre se demoraba atrapando enormes peces, así que no le cayó el hechizo. Mientras tanto, los guerreros se encontraban comiendo, discutiendo sus temores y riendo.
-Yo le temo a convertirme en una delicada princesa -dijo Roquita. Le decían así de cariño porque era enorme y muy fuerte como una roca.
-Todos tememos a eso -respondió Rayito, porque él era tan veloz como un rayo.
-De acuerdo, de acuerdo -respondieron los demás. Entonces Candelín le preguntó:
-Oye, Halcón, tú que alcanzas a ver distancias muy lejanas, ¿podrías ver si el gato ya traerá esos deliciosos peces?
-Sí -respondió Halcón-. Viene algo pesado.
Terminando de decir esa frase, un fuerte viento helado los envolvió y Roquita dijo:
-¿Qué demonios fue eso?
Y Rayito dijo:
-Creo que fue tu estómago.
Y todos rieron sin darle importancia. En aquel instante iba llegando el gato diciendo:
-Parece que me perdí de algo muy bueno. Bueno, será llenar nuestros estómagos -dijo Roquita-. Tenemos mucha hambre.
Esa noche comieron y bebieron, y así se durmieron. Mientras tanto, a las afueras del castillo, el rey malo avanzaba.
Por una corazonada, el gato se despertó algo asustado. Miró a su alrededor y dijo:
-Roquita, ¿dónde estás? ¿Ustedes qué hacen aquí?
Al nombrar a Roquita, despertó una princesa con la voz de Roquita diciendo:
-¿Qué pasa? Está muy temprano aún.
Todos se despertaron y se miraron unos a otros preguntándose qué les había pasado. Al comienzo todos se rieron de Roquita, mucho más de Rayo porque era una princesa con bigote, pero Halcón... su temor era ser un verdadero halcón por miedo a ser cazado por los humanos y que sus plumas fueran adorno, pero así fue: un halcón que hablaba. Por culpa del malvado hechizo, como era de un mal hechicero, no le salió muy bien. Todos se habían transformado en princesas.
El gato dijo:
-¡Alto, alto, alto! Esto no me está gustando para nada. Algo está pasando.
Y muy a lo lejos, en dirección a su castillo, salía una enorme columna de humo.
-Algo malo pasa en el castillo -dijo el gato.
-Así no podemos luchar -lamentó uno de los guerreros.
-Yo me adelanto -aseguró el gato-. Ustedes recojan sus espadas y den lo mejor de cada uno.
Corrió hacia el castillo montado en su corcel, entrando en batalla desde los exteriores. Allí estaba el rey luchando junto al resto de los soldados, pero la pérdida de vidas era cada vez mayor, ya que los soldados del mal solo desaparecían si eran decapitados. El gato tomó una decisión y le aconsejó a su rey llevarse a su pequeña hija, ya que una espada enemiga acababa de dejar sin vida a la reina.
Mientras el rey huía, el gato se quedó peleando, salvando las vidas de algunos soldados y de las personas que servían en el castillo. El rey ya había llegado muy lejos, hasta las grietas de las montañas, donde se lamentaba amargamente. El demonio, escuchando sus lamentos, se le presentó y le dijo:
-Ya no llores, yo te puedo ayudar. No me digas que lloras por eso que se está quemando. ¿Desde allá has venido a lamentarte? Yo te puedo ayudar, solo debes ser generoso y darme un alma.
El rey no lo pensó mucho y, con el fin de salvar a su gente y a sus guerreros, aceptó:
-Está bien.
-¡Qué bueno! -repuso el demonio.
Entonces, un fuerte viento sopló desde ese lugar, llegando muy rápido al campo de batalla. Sin saberlo, el demonio acabó fácilmente con la débil magia del hechicero, aunque este seguía esperando muy contento los resultados de su rey malo.
Cuando el rey esperaba que el demonio se llevara su propia alma, listo para suplicar que le permitiera a su hija regresar al castillo para reinar en su reemplazo, el demonio sentenció:
-No, tu alma está podrida. Me llevaré el alma de tu hija. Volveré cuando ella cumpla quince años, que es cuando un alma está en su gran esplendor.
Y se marchó.
El rey llegó muy triste al castillo, o lo que quedaba de él. El gato le comentó al rey:
-Algo muy extraño está pasando. Los guerreros ya no son los mismos. Sí eran ellos, pero no lo eran. Y ahora unas tinieblas pasaron y el enemigo se esfumó. El rey lagarto con quien estuve peleando en realidad era el rey cobarde, el que huyó, y sus escuálidos soldados.
Pero el rey se lamentó:
-¡Mira lo que he hecho! Yo solo quería sacrificarme para que mi hija tomara las riendas del castillo, ¡y mira lo que he hecho! Un ser extraño me habló y dijo que derrotaría al enemigo a cambio de mi alma, por mi hija, por mi gente. Ustedes bien lo valen, ¡pero ese demonio ahora, después de 15 años, se llevará a mi hija!
-Yo prometo buscar una solución -insistió el gato-. Usted encárguese de unas princesas que están por llegar y de restaurar el castillo con defensas por todas partes.
El gato se marchó. Poco después llegaron las princesas al monte y el rey les preguntó:
-¿Ustedes son las queridas del gato?
Y una princesa con voz de hombre dijo:
-Yo soy Roquita, ella es Rayo y Halcón es el halcón.
Y mencionaron sus nombres, todos sus guerreros. El rey los puso al tanto de lo ocurrido. Las princesas prepararon una expedición y salieron a preguntar cómo era posible deshacer un trato de esa magnitud y, por supuesto, cómo regresar a ser nuevamente los guerreros. Los años pasaron muy rápido, acercándose el día señalado. Las princesas regresaron sin una solución; lo único que habían conseguido en sus viajes eran hombres que las pretendían.
El día llegó y el demonio se presentó. Aunque las princesas se habían preparado con armaduras y espadas, nada de eso fue suficiente. Un fuerte viento las derribó, tirando sus espadas y escudos. El demonio se marchó, dejando a la princesa pálida y sin alma.
En ese instante llegó el gato, esperando haber arribado a tiempo para impedir el rapto, pero fue tarde. Solo pudo seguir el rastro del demonio hasta lo profundo de las grietas y cuevas, donde corría un río de lava. El demonio, riendo, le desafió diciendo que si cruzaba ese enorme río, con gusto se la regresaría.
-¡Es cuestión de tiempo! -le gritó el gato.
El felino salió de la cueva galopando hacia lo desconocido. Ya cansado, dejó a su caballo exhausto y siguió caminando a pie hasta caer rendido por el cansancio. Cuando despertó, un anciano vagabundo le ofreció agua y le preguntó a quién perseguía o a dónde iba con tanta prisa.
-Aún llevo prisa -respondió el gato.
Se puso de pie, arrojó el agua en medio de una fogata y vio cómo el fuego se separaba por un momento en dos partes. El gato exclamó muy contento:
-¡Eso es! ¡Solo necesito agua para separar el río!
-A ver, a ver -dijo el anciano-. ¿Vas a separar un río de agua con más agua?
-No -repuso el gato, aún feliz-. Es un río de fuego, señor.
-¿Y qué tienes del otro lado para cometer esa locura? Eso es tierra de demonios -advirtió el anciano.
-Allá, mi querido amigo, está el alma de una persona a quien le debo parte de mi vida -confesó el gato.
El anciano le dijo:
-¿Pero te has puesto a pensar cuánta agua debes cargar? Tonterías. Escucha y pon atención: existe un bastón capaz de abrir ríos de agua y fuego, de traer plagas y sequías. En esta historia que te contaré están las instrucciones de lo que puede causar...
Capítulo 4: El perdón de la Serpiente
Antes de que el hombre conociera la culpa, cuando el Edén aún cantaba bajo la luz dorada, la Serpiente fue creada como guardiana de la sabiduría. No era enemiga del hombre, sino su guía; conocía los secretos del viento y las raíces, del fuego y del alma. Pero un día, entre las grietas más oscuras de las montañas, una voz antigua y sombría -una entidad sin nombre- susurró en su mente: "Tienta al hombre, muéstrale el fruto prohibido... y el conocimiento será tuyo".
Confundida por la promesa de poder y verdad, la Serpiente obedeció. Así, Adán cayó y, con él, la armonía del mundo. Entonces Dios descendió, y con voz de trueno dijo: "Serpiente, fuiste creada para proteger, no para tentar. Por tu error, deberás servir al bien hasta que la pureza de tu alma iguale a la del primer amanecer".
Desde ese día, la Serpiente vagó por el mundo ayudando en silencio a la humanidad. Pero los siglos se hicieron duros y el mal se extendió como un incendio. Los hombres mezclaron su esencia con las sombras, creando criaturas deformes: hombres con cuerpo de toro, demonios con rostro de niño y bestias que vagaban sin alma.
Durante el Diluvio, cuando Dios decidió purificar la tierra, la Serpiente -ya cansada y herida- contempló la destrucción desde lo alto de una montaña. Faltaban pocos días para que cesaran las lluvias, y ella aún veía a aquellas criaturas que, aunque nacidas del pecado, ayudaban a los hombres a sobrevivir. Movida por la compasión, usó los últimos fragmentos de su poder para abrir un portal de colores hacia un mundo de sombras donde las aguas no llegarían, encerrando allí a aquellas criaturas.
Así nació el arcoíris, un puente entre la luz y la oscuridad. Por eso, cuando está en su máximo esplendor, se dice que al final puedes encontrar oro; esto se debe a que esas criaturas te pueden ofrecer riquezas a cambio de que prometas liberarlas de ese entierro. Si no lo cumples, el arcoíris volverá a brillar y, mientras brille, la criatura tendrá ese tiempo para buscarte, quitarte el oro y la vida. Se dice que si esta criatura se encuentra fuera y el arcoíris se desvanece, la criatura muere dejando el oro. Por eso es raro que, cada vez que un arcoíris se va, encuentres oro.
Entonces Dios apareció una vez más y habló con solemnidad: "Has obrado con amor, aunque no con obediencia. Si este poder se te escapa de las manos, tú cargarás con las consecuencias. Pero que quede escrito: cada vez que aparezca el arcoíris, será señal de que no habrá otro castigo como este".
Y al fortalecer el arcoíris con su esencia, Dios desapareció, dejando a la Serpiente entre la redención y el castigo.
Pasaron los siglos. La Serpiente se mantuvo fiel a su promesa y Dios, viendo su arrepentimiento, le devolvió parte de su poder. Fue entonces cuando conoció a Moisés, el elegido del pueblo oprimido. En sus manos, la Serpiente se transformó en el Bastón Sagrado, símbolo de la justicia divina. Con él, Moisés trajo las plagas sobre Egipto, separó los mares y habló con el fuego del cielo. Su nombre, Moshé, se grabó en la madera viva como sello eterno.
El bastón pasó luego a otros elegidos: Noé, quien lo usó para señalar la tierra seca tras el Diluvio. Elías, que hizo descender fuego sobre los impíos. David, que lo escondió en su arca. Ezequiel, que lo ocultó durante la caída del templo.
Cada nombre grabado acercaba a la Serpiente a su perdón. Y Dios prometió: "Cuando el último nombre sea escrito, la Serpiente será perdonada y la oscuridad dejará de tener dominio sobre el hombre".
Sin embargo, el bastón llegó a las manos del sabio Azarel, el último de los profetas. Él conocía la profecía, pero sus hijos, Kael y Darael, solo ponían sus ojos en el bastón como una fuente de poder. Anhelaban riquezas, dominio y gloria. Azarel, temiendo que el linaje se corrompiera, reunió a sus guardianes y dijo: "Si alguno de mis hijos graba su nombre en este bastón, el mal será liberado. El sello de la Serpiente se romperá y el mundo volverá al caos".
Esa noche, guiado por una visión divina, Azarel llevó el bastón al Bosque de Urian, un lugar tan antiguo que los árboles hablan en sueños. Allí invocó a los guardianes elementales: el León del Fuego, el Centinela del Viento, la Sombra del Agua. Ellos juraron proteger el bastón hasta que un corazón puro lo reclamara.
Allí reposa hasta hoy, esperando al elegido. Aquel que tenga el valor de escribir su nombre con un alma limpia, de despertar a la Serpiente dormida y de cumplir la promesa de su perdón eterno.
Capítulo 5: El Bosque de Urian
Entonces el gato montó su caballo adentrándose al bosque donde nadie había podido salir con vida. En aquel camino ya se podían ver huesos, cráneos y armaduras. El silencio ya daba miedo y el viento parecía empujarte a que te golpearas con los árboles y los árboles te empujaran hacia adelante.
Entonces llegó hacia donde estaba una pequeña fogata. Allí se abrigó del frío mientras el aturdidor viento le hacía una pregunta. Sabían para qué había llegado hasta ahí, pero la pregunta era para qué necesitaba tener tan tremendo poder.
El gato respondió:
-No es que necesite poder, solo quiero recuperar algo para alguien que tenga su tranquilidad y viva su vida siendo feliz.
El guardián del viento responde:
-Estás aquí por un ser humano. Ellos son malagradecidos -respondió con voz muy alta-. Es por ellos que estamos aquí, asegurándonos de que no caiga un gran poder en malas manos.
Entonces la Sombra del Agua subió hasta sus rodillas y le preguntó:
-Si solo te importa la vida y la felicidad de otro ser vivo, sobre todo de un ser humano que han sido quienes cada día destruyen, ¿no te importaría dejar tus siete vidas?
Luego se encendió más alto esa fogata, se encendieron unas rocas y la última pregunta la hizo el León del Fuego:
-Si pierdes tus siete vidas, ¿dejarías el poder a cargo de los humanos? -preguntó encendiéndose aún más grande-. ¿Estás dispuesto?
Aquel gato no se negó. Entonces cada guardián le entregó la llave que consistía en llevar una flama, una gota de agua y el viento le dijo:
-Ponlas en su lugar y sopla para poder abrirla.
Entonces el gato subió hacia las montañas, puso cada cosa en su lugar y sopló. Entonces una enorme roca que tenía extraños dibujos se abrió. Dando algunos pasos, se podía mirar finalmente el bastón. Estando contento, el gato al siguiente paso vio cómo una serpiente salió rodeando el lugar donde estaba el bastón diciendo:
-Si me derrotas te lo puedes llevar.
Sonriendo, dijo el gato:
-No será difícil.
Pero esta serpiente le dio dos latigazos con la cola y mandó rodando al gato. Luego el gato esquivó el resto, pero luego otro latigazo lo mandó rodando nuevamente.
La serpiente le dijo:
-¿Te rindes tan fácil?
El gato le sonrió y le dijo:
-Aún no he calentado. Acabemos con esto de una vez.
El gato se puso en modo ataque empezando a mover la cola de un lado hacia otro, confundiendo a la serpiente. En un descuido dio un arañazo, derrotando a la serpiente y poniendo su marca, que es la que faltaba para liberar el poder del bastón. Un enorme destello salió de la cueva. Los guardianes estaban contentos, pues al fin serían libres.
Entonces el gato aún tomó el bastón que estaba en un altar y la serpiente le dijo algo triste:
-Ese no es el bastón, solo es un madero viejo. Mira -le dijo-. La serpiente se podía convertir en bastón y serpiente. No parece que esté libre, algo no está funcionando -dijo la serpiente.
El gato le contesta:
-No lo sé, tú debes acompañarme ahora.
Entonces llegaron los guardianes con la misma pregunta, que algo no está bien, ellos deberían ser libres, ascender, pero seguían ahí. Entonces la serpiente y el gato se preparaban para una gran aventura.
Donde veremos la transformación de la serpiente en el gran dragón,
la destrucción del arcoíris y liberación de las criaturas,
y la destrucción del mago y regreso de los guerreros.
FIN DEL LIBRO I
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