Lectura

*Radio Station*

Por José-Blas Molés Miró · España · Aventura

Según la habitación de mi casa en la que esté, veo el mundo de una forma u otra. Por los rumores de las noticias -ya que no veo la televisión ni leo la prensa diaria-, me entero de la poca enjundia que venden en sus portadas los periódicos y las cadenas televisivas. Tuve la experiencia de lo que es el cultivo y reparto de noticias durante mi estancia de diez años dirigiendo una radio privada local. La cuestión es económica: según quién paga, se cocina la noticia; y el cerebro que la recibe puede comprarla y comérsela sola o con patatas, y creerse a pies juntillas lo que le dicen la COPE, la SER, Jiménez Losantos, Carlos Herrera, Intxaurrondo o todos los demás. Los cerebros planos que reciben las noticias van canturreando las consignas que les dictan y, como borreguitos con pulsera, se siguen unos a otros.
Me importa un comino lo que digan, lo que pase y lo que hagan. Mi amigo Vicente Ramón dice que, si aquí fuera legal comprar armas, antes del verano que viene -si nadie lo remedia- habría una escabechina a noventa años vista de la guerra. Dejando estas minucias de lado, me ha venido a la memoria el día que estuve en la cárcel Crumlin Road de Belfast, en la que encerraban al IRA y al Sinn Féin; me impresionó casi tanto como la vez que me harté de vodka y caviar en Petrossian, en la Séptima. Y es que la memoria guarda lo que le viene en gana, sin que tú le digas qué debe hacer y qué no. Ese reventar en la boca de las bolitas del caviar y, de pronto, un sabor diferente a todo, salado, junto a un sorbito de vodka o de champán, que de todo había en aquel lugar.

Las verdades y las mentiras saben al adobo que les ponen las derechas, las izquierdas o los dueños del capital, que son los amos de los océanos de cerebros planos, con el permiso de los dicasterios de los obispados que aún reinan por aquí.

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Comentarios

Martin German

Me ha parecido un muy buen relato y muy cierto sobre todo