Siempre pensé que hay heridas que no necesitan sangre para hacernos sentir heridos, solo memoria, solo recuerdos...
Cuando el eco de un adiós se disfraza de monólogo, el que se queda carga con el peso de los matices, mientras el que se va trata de disimular el pasado para poder caminar más ligero. Te entiendo en esa necesidad que sientes de buscar un culpable para justificar el desgaste, porque aceptar que el amor simplemente se agota exige una valentía que no siempre abunda. Pero la memoria no borra las horas de espera ni los silencios compartidos que no fueron vacíos, sino refugio.
Quédate con tu versión de los hechos si con ella alivias el peso de las horas muertas. Al final, las lecciones que valen la pena no se evalúan por quién tuvo la última palabra, sino por la verdad silenciosa que cada uno guarda en la penumbra, cuando la sombra de lo que no supimos decir se apaga por fin y solo queda el pulso firme de lo vivido.
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