Los médicos también se mueren -he conocido varios casos- y a cualquier edad. Por lo general se cuidan, salvo excepciones poco honrosas como la de aquel forense que bebía por todo el cuadro médico de la comarca.
Una vez oí relatar la historia de un médico de Burriana que tenía gangrena en un pie y se lo amputó él mismo. No puedo certificar la veracidad del lance, pero resulta innegable su vis de película de terror si llegó a consumarse. La calle donde residía sí la conozco; respecto al suceso en sí, acaecido hace ya incontables años, no me hallaba yo por la zona. Lo único fidedigno es que la penicilina ya existía.
Ignoro qué deparará el futuro a la medicina con el advenimiento de la inteligencia artificial, ahora que los historiales patológicos y el vademécum descansan en la nube y la memoria humana a veces flaquea. Me contaba un amigo abogado que en su bufete ya emplean la inteligencia artificial mientras los jueces aún se resisten; dice que los están volviendo tarumbas, a pesar de que son los magistrados quienes ostentan el mazo y la razón, aun cuando no la tengan.
Valoración: 0.0/5 (0 votos)
Comentarios
Aún no hay comentarios. Sé la primera persona en compartir una opinión respetuosa.