Pasaron los años y, no sé muy bien cuándo ni cómo ni por qué, este buen hombre fue abducido por la pasión política. Y no sólo eso: desde 2018 hasta la actualidad ha sido uno de los únicos tres ministros que han formado parte ininterrumpidamente de los gobiernos de Sánchez Primero el Felón. A lo largo de estos años ha dilapidado casi todo el prestigio y la consideración de que gozaba en la sociedad española. Tanta ha sido su pérdida de credibilidad que su apellido, Grande-Marlaska, ha ido desprendiéndose poco a poco de su primera parte, hasta quedar simplemente en Marlaska. Estaba claro que lo de Grande le venía grande.
Y cómo su grado de descrédito siga avanzando, vaticino que, a no mucho tardar, su nombre definitivo, con el que pasará a la posteridad, será el de Pequeño-Marlaska.
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