Lectura

Decisión

Por Delphina · Uruguay · Drama

Decisión
La mujer se miró al espejo antes de salir del dormitorio. Se peinó, acomodó su ropa y trató de arreglar un poco su cara. Quería disimular los golpes y las lágrimas.
Su marido se quedó acostado sin mirarla, solo con esa sonrisa desprecistiva. Se miró unos segundos más y, como hacía todos los días, dibujó una sonrisa en su rostro.
Tenía mucha práctica en eso.
Sabía esconder la tristeza. Sabía hacer como si nada pasara. Sabía sonreír cuando por dentro tenía ganas de llorar.
Salió del dormitorio y fue hacia la cocina.
-¡Quiero la comida en media hora! -gritó su esposo desde la habitación.
Comenzó a cocinar. Preparó la comida, puso la mesa y dejó todo pronto. Lo hacía rápido porque sabía que cualquier demora podía convertirse en otro motivo para discutir.
En automático, de memoria realizaba las tareas tratando de no cometer el mínimo error.
Llevaba 10 años practicando, desde que se había casado.
-Ya es tarde. Te dije que quería comer hace más de diez minutos.- gritó su esposo sentándose en su silla.
Ella no respondió.
Bajó la mirada y siguió acomodando los platos.
Ya estaba acostumbrada a tener que pensar dos veces antes de decir algo. Estaba acostumbrada a vivir pendiente de su humor y a tratar de que todo estuviera en orden para evitar problemas.
Durante años se había repetido que debía aguantar por su hijo.
Que algún día las cosas iban a cambiar.
Pero ese día algo fue diferente.
Su hijo de seis años estaba sentado a la mesa. No decía nada. Solo miraba a su madre.
Ella levantó la vista y se encontró con sus ojos.
Entonces lo vio, vio en los ojos de su pequeño lo que tanto quiso ocultar, ese sentimiento que conocía muy bien; miedo, terror.
En ese momento sintió algo muy fuerte dentro suyo.
Había pasado tantos años pensando en proteger a su hijo que no se había dado cuenta de que él también estaba viviendo con miedo.
Y entendió que ya no podía seguir así.
Tenía que hacer algo.
Esa noche, cuando su esposo se quedó dormido, ella se levantó con cuidado.
Debajo de la cama tenía una pequeña maleta que había preparado hacía varios meses. Había ido guardando algunas cosas de a poco: ropa para ella y para su hijo, documentos, algunas fotos y un poco de dinero que había logrado ahorrar sin que nadie lo supiera.
Se acercó a la cama del niño y lo despertó suavemente.
-Mi amor, vamos. Tenemos que irnos.
El niño abrió los ojos, todavía medio dormido.
-¿Adónde vamos?
Ella lo abrazó.
-A un lugar donde vamos a estar tranquilos.
El niño tomó su mano.
Los dos salieron de la casa en silencio. Como sabían en puntitas de pie.
Cuando cerró la puerta, ella sintió que le temblaban las piernas. Tenía miedo. No sabía exactamente qué iba a hacer al día siguiente, dónde iban a dormir ni cómo iba a empezar de nuevo.
Pero sabía que tenía que irse.
Caminaron hasta la calle, dudando levantó la mano para detener el primer taxi que pasó.
Cuando subieron, abrazó a su hijo y miró por la ventana.
Mientras el taxi avanzaba, pensó en Clara.
Clara era una amiga de muchos años. Ella sabía que las cosas no estaban bien, aunque nunca había conocido toda la historia.
Unos meses atrás, después de verla llorar, Clara le había dicho:
-Cuando llegue el momento de irte, llamame. No importa la hora. Si necesitás ayuda, voy a estar.
Ella sacó el celular que su amiga le había dado y la llamó.
Clara atendió enseguida.
-¿Hola?
Ella tardó unos segundos en poder hablar.
-Me fui.
-¿Estás con tu hijo?
-Sí.- susurraba por si él escuchara y la pudiera alcanzar.
-¿Están bien?
Ella miró al niño y lo abrazó.
-Sí. Tengo miedo.
Clara respiró aliviada.
- Vengan para casa. Los espero.
Cuando llegaron, Clara en la puerta.
No le hizo preguntas. No le dijo "yo te lo había advertido". No le preguntó por qué había esperado tanto.
Simplemente la abrazó.
-Ya está. Ahora estás acá -le dijo-. Vamos a ver cómo hacemos, pero no estás sola.
Adentro había leche tibia, café caliente y una cama cómoda para descansar.
Durmió abrazada a su hijo. Ya no con miedo, ahora con esperanza.
Los primeros meses no fueron fáciles.
Por momentos sentía que su esposo llegaba .
Una asistente social y un programa especial para mujeres en situaciones vulnerables la ayudaron a lograr su divorcio y un lugar seguro para su hijo y ella.
Clara siempre a su lado apoyando.
Un trabajo nuevo, una casa... A veces dudaba.
Pero cada vez que tenía dudas miraba a su hijo.
Él estaba cambiando.
Volvió a jugar tranquilo. Volvió a reírse. Dejó de sobresaltarse cada vez que alguien levantaba la voz. Por las noches dormía sin miedo.
Eso le daba fuerzas para seguir.
Se dio cuenta de que, poco a poco, estaba volviendo a ser ella misma.
Todavía tenía miedo algunas veces. Todavía había recuerdos que dolían y cosas que le costaba olvidar. Pero ahora sabía que podía seguir adelante.
Había aprendido algo importante: pedir ayuda no era una vergüenza y empezar de nuevo tampoco.

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Comentarios

Prof. José Núñez

..."Todavía había recuerdos que dolían y cosas que le costaba olvidar. Pero ahora sabía que podía seguir adelante"...
¡Me gusta! Esos son los traumas que los niños deben superar y lo más difícil de enfrentar. Gracias por compartir. Un abrazo.

Delphina

Muchas gracias a ti por leer y comentar. Saludos cordiales.