Lectura

La estación del cilencio

Por Rey Neira Bustamante Admin · Chile · No Ficción

La estación del cilencio
Él, estudiante de derecho de una familia trabajadora; ella, alumna de sociología de la alta sociedad. Sus mundos corrían por rieles paralelos hasta que convergían en el mismo transbordo del metro, en esa rutina matutina que repetían en dirección a sus respectivas universidades.
Durante semanas, los cruces de miradas se acumularon entre la multitud y el estrépito de los vagones, hasta que una mañana ella dio el primer paso y se acercó a hablarle. La conexión fue inmediata y profunda. Descubrieron que compartían mentes profundamente revolucionarias y un mismo fervor por transformar la realidad. Ambos coincidían en que las estructuras partidistas tradicionales asfixiaban a la sociedad y representaban el verdadero freno para la evolución humana.
Aquel primer intercambio dio paso a un pacto tácito: nunca más volverían a separarse. Desde entonces, el andén del metro se transformó en su punto de encuentro cotidiano. Fuera de ahí, sus pasos también marchaban juntos hombro con hombro en las protestas callejeras, unidos por la convicción férrea de que el mundo podía y debía ser reinventado. Ella aportaba la mirada crítica de la sociología; él, el rigor analítico del derecho.
Los meses transcurrieron entre debates febriles y proyectos de futuro, siempre reunidos cada mañana en el mismo lugar de siempre. Hasta que una mañana, simplemente, ella no llegó.
Él se quedó de pie en el andén, con la vista fija en las puertas que se abrían y cerraban, aguardando el próximo tren. Pasaron cuarenta estaciones y ella jamás regresó.
En los vagones siguientes, los carteles oficiales anunciaban la normalidad de la red y el orden de la ciudad. Nadie preguntó por ella, ningún registro oficial consignó su ausencia y los rostros anónimos de la multitud continuaron su trayecto sin alterar el ritmo. En el silencio de los túneles subterráneos, el vacío que dejó su ausencia resonó como la certeza silenciosa de que las ideas incómodas no solo se silencian, sino que a veces simplemente se borran del mapa.

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