No habrá trompetas, ni espacios a la derecha de ningún Dios Padre, ni juicio final, ni infierno, ni gloria; solo unos movimientos, unas órdenes a laboratorios, unas noticias globales de que es mejor morir que vivir... Y mansamente todos seguiremos haciendo lo propio hasta ahora: discutir y llevar la contraria, insultar y querernos mal. Y nos apagaremos sin remisión, porque los alimentos, los medicamentos y el agua estarán alterados para apagar los motores internos de cada individuo. Sin llanto ni crujir de dientes, sin ascensiones ni venidas de mesías o mensajeros.
Los oráculos no intervendrán; los políticos ni se van a enterar, porque van viviendo en su mundo. Puede que haya partido el fin de semana e incluso corrida de toros o mitines y emisiones de televisión insultando a unos y a otros. Los noticiarios dirán que hay que poner coto a la IA, pero la IA ya les habrá pasado por la derecha como si estuvieran parados.
La lógica sería gastar todo lo ahorrado, todos a la vez, y dar una sensación de bonanza económica global: comer bueno y beber mejor, tomar whisky y fumar Cohibas para reactivar la economía de Cuba; tirar todas las bombas de golpe y conducir al doble de la velocidad permitida; salir todos de viaje a todas partes a gastar todo, incluso créditos gordos, mientras la IA nos inducirá en el sueño eterno. Cosa que no es verdad, porque vendrán otros tiempos geológicos que dejarán en nada esta miseria de tierra que hemos estropeado y no quedará ni el apuntador para contar qué pasó aquí. Ni las cucarachas se salvarán esta vez. Ya lo verás.
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