Lectura

La iguana y el sapo

Por Norma Beatriz Castillo · Argentina · Humor

La iguana y el sapo
La iguana y el sapo

La iguana Rita tenía un problema.

Bueno, en realidad tenía varios.

Pero el más grave, según ella, era que nadie reconocía su elegancia.

-¡Mírame! -le decía al sapo Ramón-. Tengo una cola espectacular, escamas brillantes y una mirada misteriosa.

Ramón la observó durante unos segundos.

-Tienes una hoja pegada en la cabeza.

-¡Es parte de mi estilo!

Ramón decidió no discutir.

Aquella mañana, Rita había tomado una decisión:

-Voy a convertirme en una celebridad.

-¿Por qué?

-Porque estoy cansada de ser simplemente una iguana.

-¿Y qué quieres ser?

Rita pensó.

-Una iguana famosa.

-Ah.

-Voy a cantar.

Ramón abrió mucho los ojos.

-¿Cantar?

-Sí.

-¿Tú?

-¿Tienes algún problema con mi voz?

-No. Tengo problemas con mis oídos.

Rita ignoró el comentario y comenzó a ensayar.

-¡Aaaaaaah!

Un grupo de pájaros salió volando.

-¡Excelente! -dijo Rita.

-¿Qué parte?

-La que hizo que todos se fueran. Eso demuestra que tengo presencia.

Ramón suspiró.

-Yo podría ayudarte.

-¿Tú?

-Sí. Sé croar.

-Eso no es cantar.

-Depende de cuánto hayas bebido.

Rita lo miró seriamente.

-Ramón, necesitamos un nombre artístico.

El sapo pensó.

-¿Qué tal "Las Estrellas del Pantano"?

-Muy vulgar.

-"Dúo Escamoso".

-Peor.

-"Iguana y Sapo: La Amenaza Musical".

Rita abrió los ojos.

-¡Ese me gusta!

Prepararon un espectáculo para la noche.

Ramón consiguió una caja de cartón para usar como escenario.

Rita consiguió una hoja enorme para usar como vestido.

Y entre los dos consiguieron algo muy importante:

un público.

Aunque no exactamente voluntario.

Había tres hormigas, una libélula, dos caracoles y una rana que estaba allí porque pensaba que repartían comida.

Rita salió al escenario.

-¡Buenas noches, admiradores!

Nadie respondió.

-¡Gracias! ¡Gracias!

Ramón se acercó.

-Nadie dijo nada.

-Es que están emocionados.

Comenzó la música.

Ramón croó.

-¡Croac!

Rita cantó:

-¡Aaaaaaah!

Los caracoles se escondieron dentro de sus casas.

Las hormigas se taparon los oídos.

La libélula salió disparada.

La rana, en cambio, aplaudió.

-¡Otra! -gritó.

Rita sonrió.

-¿Viste? ¡Nos adoran!

-Creo que la rana está sorda -murmuró Ramón.

Entonces ocurrió algo inesperado.

Un fuerte viento levantó la hoja que Rita llevaba como vestido.

-¡Mi vestuario! -gritó.

La hoja salió volando.

Rita corrió detrás de ella.

Ramón corrió detrás de Rita.

La rana corrió detrás de Ramón.

Las hormigas corrieron detrás de la rana.

Y los caracoles...

Bueno, los caracoles siguieron caminando tranquilamente porque no podían correr.

Después de diez minutos de persecución, todos terminaron dentro del estanque.

Rita salió con algas en la cabeza.

Ramón tenía una hoja pegada en la espalda.

La rana llevaba una flor en la boca.

Las hormigas estaban encima de una piedra.

Y los caracoles todavía estaban intentando llegar al borde.

Todos se miraron.

Y comenzaron a reír.

-Creo que nuestro espectáculo fue un desastre -dijo Rita.

-Un desastre enorme -respondió Ramón.

-¿Entonces fracasamos?

Ramón miró al público.

-No sé.

La rana levantó una pata.

-¡Fue el mejor espectáculo que vi en mi vida!

Rita sonrió.

-¡Entonces somos famosos!

-Sí -dijo Ramón-. Pero por favor, nunca vuelvas a cantar.

Rita se quedó pensativa.

-Está bien.

-¿De verdad?

-Sí.

-¡Qué alivio!

-Haré mímica.

Ramón se tiró de espaldas al suelo.

-¡Noooo!

Y desde aquel día, Rita y Ramón recorrieron el pantano con su espectáculo.

Ella hacía mímica.

Él croaba.

Y aunque nadie entendía exactamente qué estaban haciendo, siempre terminaban aplaudiéndolos.

Principalmente porque, al final de cada función, Ramón gritaba:

-¡Gracias! ¡Ahora aceptamos insectos, moscas y lombrices como forma de pago!

Y Rita agregaba:

-¡Los billetes también!

Ramón la miraba.

-¿Qué vas a hacer con los billetes?

Rita levantaba orgullosa la cola.

-No tengo idea.

-Entonces, ¿para qué los quieres?

-¡Para ser famosa!

Y así fue como la iguana y el sapo descubrieron que, en el mundo del espectáculo, no hace falta tener talento.

Solo hace falta tener mucha cara dura... y un buen amigo que aguante los croares.

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