De repente, te quedas el último de la fila y dices: "¿Ahora qué hago?". Y vas y te casas, y mal, porque solo te quieres a ti, y no sabes bien cómo quererte. Tienes dinero y lo malgastas, y desconfías de los que, en teoría, son tus suegros, porque no tienes intención de entrar a formar parte de un clan o de una familia. Y no quieres enseñar tu cara, la verdadera, y acabas no enseñando nada. Total, ¿para qué?
Pierdes por el camino hijos y alguna hija a la que sí quieres, pero el miedo a volver a perderla te deja inmóvil: no haces nada por recuperarla, es demasiado riesgo.
Ya no hay tiempo, entras en la senda de las memeces y te das caprichos suaves. Intentas no complicarte la vida mientras esperas la muerte.
Quedan 473 días para que la inteligencia artificial acabe con todo. No van a quedar ni las cucarachas, ya lo veréis... Es un decir.
Ya no duele ni el haber perdido lo que no se debió perder nunca.
Por cierto, ¿tú crees que la inteligencia artificial no sabía el peligro que traía? Lo sabía y no hizo nada. Se dejó llevar, como yo.
Solo se oirá un zumbido y, después, OFF.
Lo dicho: ni las cucarachas van a quedar esta vez...
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