Lectura

*Una boda*

Por José-Blas Molés Miró · España · Aventura

Unas coordenadas: 40° norte, 0° este, cabalisticamente dan mucho de sí; eso es en término de Cabanes, en España.
Estuve hace unos meses en una boda civil que me pareció algo rara por la forma que tuvo de tratarme la novia en un apartado que hizo conmigo en una habitación. Yo la atendí porque creía que estaba mareada, pero, cuando se quitó la ropa, supe que no era mareo lo que tenía. Me defendí en un principio, pero después ya no pude contra su ímpetu y deseo vital. Yo a ella no la conocía demasiado hasta ese momento; ganó ella y, en ocho minutos, ya estaba otra vez atendiendo a los demás invitados de forma muy cordial. Me comí un trozo de tarta y bebí champán y

volvimos a coincidir después en el salón. Me presentó a su hermana, que también quiso llevarme a ver otra habitación. No pude resistirme; fui porque me parecía que no ir era hacerle un desprecio que no se merecía y, si alguien se daba cuenta de nuestra ausencia, la afrenta era menor, porque ella no era la novia, aunque su marido había oficiado la ceremonia como alcalde del pueblo.

Dos días estuvimos celebrando la boda. Yo visité cuatro habitaciones; en una de ellas conocí a la que más tarde fue mi suegra, pero eso es otra historia.

Lo que quería contar, en verdad, es que allí asistí al nacimiento de un avestruz. No sé si lo has visto alguna vez: el avestruz es un ave y no veas tú el lío que tiene para romper ese huevo, que es de cáscara gordísima. Allí estábamos reunidos ayudando al nacimiento: el novio, la novia, la hermana de la novia, mi suegra y su hija -a la que allí no conocí bíblicamente, pero su madre sí que me dio una buena bienvenida a la familia-. Al avestruz le pusimos de nombre Magdalena, como a la novia de Jesús, la del cuadro de La Última Cena, porque también era bastante puta la joven... Aunque el amor lo limpia y lo perdona todo.

Mi suegra y yo nos llevamos divinamente, y mi cuñada también... Tienen delirios de inmobiliaria: están empeñadas en enseñarme habitaciones cada semana.

Esto de ser católicos, al menos en apariencia, y confesarte y volver a empezar de nuevo es un invento divino; yo me libero mucho con la confesión...y es que soy débil.

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