(Rafael Carvajal).
Tiene mucha razón mi amigo Rafael cuando así opina sobre la imaginación y yo me solidarizo con su punto de vista. Pienso que quienes nos atrevemos a escribir sobre cualquier tema o pretendemos armar un poema, la gran mayoría de las veces echamos mano de esa generosa herramienta que nos permite ir más allá de lo real.
El romanticismo, la sensibilidad, la elocuencia, el atrevimiento literario y la fantasía se vuelven cuento, historia, poema o narración cuando se han cargado de una buena dosis de imaginación.
Nada más bonito para un escritor que dejarse llevar por ella, volar hasta el infinito y regresar en poco tiempo, trayendo a la mente una inspiración nueva o un motivo generoso para sentarse a escribir. Claro que no todo lo que se escribe es fantasioso. Solo me refiero a ese estilo, como una enorme opción que tenemos para contagiar a nuestros lectores, invitándolos a soñar gracias a lo que somos capaces de dibujar con letras, y disfrutando de la lectura tanto o más de lo que pudo armar el escritor.
A mí me encanta meditar, imaginar, soñar, inventar y construir mis relatos y episodios, que casi siempre llegan bien a mis lectores. Eso me dicen en sus generosos comentarios.
No hay límites para la imaginación. Gracias a sus mensajes que nos proveen de tantos y tan generosos temas y fantasías para llenar los renglones que publicamos como si todo fuera fruto de nuestra imaginación.
Bueno, sentido y comprendido. Me gusta el pensar, el sentir suyo. Ahora, cuente más; nada complicado. ¡Muéstranos a través de tu relato (perspectiva) cómo ves lo que pasa por el frente de la tienda!