Lectura

LA VEJEZ

Por El Abelito de la Tienda · Colombia · Ciencia Ficción

LA VEJEZ
Los años de madurez son tan importantes que de malo poco tienen. Casi todo es positivo, quizás no tanto para su entorno, pero sí para el que poco a poco envejece.
Se van dejando rezagados muchos temores que no son necesarios, porque ahora tienes la potestad de estar distraído; el arrepentimiento desaparece, porque a la altura de los años ya estorba y empobrece; la osadía se convierte en prudencia porque ya no se oye, ni se ve, ni se palpa como antes; el tiempo ya no cuenta mucho porque en un solo día puedes vivir tres, pues despiertas, desayunas, te vuelves a dormir y vuelves a la realidad para almorzar, con la ilusión de que luego podrás dormir la siesta y ya casi entrando la noche comes algo ligero y estás listo para ir a la cama, como si nada hubiera pasado; observas más y mejor todo lo que pasa ante tus ojos y así te olvides a los tres minutos qué pasó, el momento que viviste observando fue supremo porque simplemente te gustó; al cesto se van las fiestas y las reuniones porque se te antoja cambiarlas por otra diversión más callada, menos fatigosa y más cercana, no porque las otras no lo sean, sino porque tu con el cambio te sientes bien; se destruye la costumbre de estar pidiendo permiso y disculpas para y por todo, pues nada de lo que haces está vedado, bien sea porque lo entiendes o porque ya no lo notas.
Mil situaciones que van cambiando, unas para bien y otras para mal, sobre todo cuando te conviertes en una carga, o porque dices las cosas sin pensar, o porque criticas todo lo que hiciste en tu juventud y no lo recuerdas. Ahora eres terco y no quieres que nadie te contradiga, aunque estés equivocado. A tus hijos y nietos los atosigas con "cuidado", "abrígate", "no llegues tarde", "esa persona no te conviene", "no tomes muchos tragos", "no recibas nada de los extraños". No, no, no.
Todos tus sacos y camisas ahora están chorreados con algo y, cuando terminas de almorzar, mucho arroz queda debajo de tu asiento, con el agravante y para mí lo risueño es que ni siquiera te das cuenta.
Así podría pasar mucho tiempo, llenando muchas páginas con mis locos razonamientos, algunos sacados de mi experiencia y otros conocidos por andar observando a diestra y siniestra.
Pero la razón de haber empezado a escribir esto fue un gusanillo que se me coló en el cerebro y me dijo: "Alberto, te estás volviendo viejo". Ja, ja.

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Comentarios

yafrethh

Pues todo bien. Pero creo que la categoría no es precisamente ciencia ficción. Saludos viejales!

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