Las fiestas de los pueblos, en sus variantes de barrio, les servían para sacar jornales extra para regalos de cumpleaños y Navidades.
Cuando los quilates de los relatos son de alto nivel o de gran octanaje, hacerlos largos es desesperante; la realidad cruda solo llega a ser conocida por los que vivieron de cerca los hechos o por aquellos a quienes se los contaron en primera persona: los sujetos agentes.
Llevarlo al cine no mejoraría la perspectiva; leerlo, tal vez, te hace aprender que merecen un gran respeto aquellas gentes.
Hay que recordar que, cuando Ulises volvió a Ítaca, solo le reconoció Argos, su perro. Yo me convierto en Argos para reconocer la valía y el sacrificio de aquellos hombres galgo que no hicieron sino hacer avanzar a sus gentes con su sacrificio anónimo y desinteresado.
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