Con los ojos abiertos o cerrados, reconozco la letra de ambos. No sé si será un rescoldo de la guerra, pero los de mi edad no somos dados a exteriorizar los sentimientos. Incluso ahora, estando solo, tengo que teatralizar las situaciones para que me caiga alguna lágrima; tengo que provocar el deseo de llorar. Lloro poco; he llorado muy poco en mi vida porque nunca encontré útil el llanto. Hice "estados gatunos", mirando hacia otro lado, ausente. Hoy aprecio momentos de mi vida que, en el instante en directo, pareció que no iban conmigo; pero sí que iban, porque puedo describirlos en modo cinematográfico, con detalles que solo el mejor guionista podría prever.
Hoy cumple once años mi nieto, Lucas, al que le deseo que sepa aprovechar cada partícula que le favorezca para, con su esfuerzo, exprimir bien sus posibilidades. Que lea, que avance, que vuelva a leer; que mire, compare y tenga opiniones contrastadas. En la vida llegas a la sala de cine que te ha tocado y ves la película, o intentas salir a otra sala si la que te ha tocado no te gusta. Me han dicho que hay tantas salas como libros eres capaz de leer. Hay que saber elegir, porque no se puede volver a la sala anterior. Lo hablé con Caronte y me dijo que no conoció a nadie que lo hubiera hecho, pero que no hay que resignarse: hay que buscar criterio y disfrutar de lo que tienes. La música suena y cada oído escucha lo que fue capaz de aprender y entender de lo que decía esa música.
Muchas felicidades para Lucas y sus padres.
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