Lectura

2 La ciudad capital

Por Pablo Manrique Sánchez · Costa Rica · Ciencia ficción

2 La ciudad capital
2- La ciudad capital. Manrique Sánchez
La Ciudad de las Piedras era la metrópoli de la gran Akmevirit. Una localidad construida
con ostentosas cavernas de muchas habitaciones y sólidas cabañas de madera, bahareque y bambú,
donde se comerciaba todo tipo de artículos y consumibles. Sitio para el desarrollo de los negocios,
principalmente el trueque, que se gestaba día a día.
Durante las mañanas los habitantes salían a realizar los distintos trabajos desarrollados en la
región. Dentro de los más importantes estaba la recolección de frutas, semillas y raíces, la
carpintería, el lavado de pieles y la cacería.
El grupo de los cazadores era bastante amplio, se movilizaban a las mejores zonas para la
obtención de carnes y pieles, que luego negociarían en el mercado. Otros equipos se quedaban
trabajando en los talleres en el mantenimiento de armas y la fabricación de municiones, para usar en
próximas expediciones por los bosques.
Durante esa época del año, las intensas tormentas apagaban las hogueras comunes. Por lo
que el tema del fuego quedaba relegado solo para los que ingeniosamente habían construido una
chimenea dentro de su cueva o choza.
A pesar de que el avance en muchos temas era grande, el fuego aún les daba problemas a
los habitantes de las localidades. Los más viejos contaban historias sobre la muerte por
congelamiento de hasta una familia entera, por no poder alimentar su fogata durante alguna fuerte
tempestad o una larga nevada.
Las funciones de los más pequeños también eran de mucha importancia. Al cumplir los
cinco tiempos dorados, inician las clases de colocación de trampas y construcción básica de
herramientas para supervivencia. Luego de un tiempo y conociendo los dotes de cada pequeño, se
les asignan lecciones que los llevarán al máximo conocimiento del área para la cual muestran tener
mayor capacidad.
Los trabajos son buenos y muy bien remunerados, cocinero, panadero, herrero, también los
curanderos y los soldados, las lavadoras de pieles y por supuesto los carpinteros, todas labores muy
importantes.
Los tambores, las conchas y los yidakis sonaban por las calles más importantes de la
ciudad, creando una atmósfera muy agradable. Todos trabajaban en sus funciones muy contentos.
Era una época de mucha paz. Las diferentes poblaciones habían logrado trazar sus límites y eran
respetados. Los ataques de animales salvajes habían mermado bastante, gracias a la distribución de
inmensas cercas bien acordonadas, que no permitían la entrada de los más peligrosos carnívoros.
Los extremos climas en la región de las piedras hacían necesario poseer prendas de mucha
calidad, situación completamente resuelta ya que en todo Akmevirit se había logrado perfeccionar
los tratamientos a cueros por medio de sales naturales.
Abundaban los talleres donde trabajaban en vajilla y utensilios para casa y trabajo. Se
trabajaba a partir de arcillas especiales, maderas y piedras, sin embargo, ya conocían como
manipular el hierro negro, aunque de forma muy básica. Lanzas y cuchillos ya habían salido al
mercado de excelente calidad y eran bastante cotizados.
El concepto de familia era el más usado y se realizaba una gran fiesta para nuevas uniones.
Música, bebidas y muchas danzas acompañaban rituales para unir a esas nuevas parejas que
enlazarían su vida. Lo mismo sucedía cuando decidían desvincularse. Debían de visitar al hechicero
mayor y este realizaba un acto público, donde por medio de mejunjes y quema de cascaras y resinas
se desligaban de su juramento de amor. La infidelidad, la violencia, el abuso de sustancias y la
vagabundería eran motivo para solicitar los servicios del brujo. Mientras que la violación, el
asesinato, la intimidación y el robo quedaban en manos del gobernador, líder de los batallones de la
ciudad.
Suru aparecía en el cielo majestuoso y machacante. A lo lejos un viajero llegaba a la ciudad.
Protegía su cuerpo del poderoso astro con una capa de piel de algún tipo de lobo gigante, con
grandes entradas de aire para no sofocarse. Cubría sus pies con botas hechas de un grueso cuero de marmota. Llevaba un bulto y un lindo cayado de avellano. Apenas acababa de entrar a la metrópoli,
cuando dos guardas con enormes lanzas fueron a su encuentro.
- ¿Que buscas aquí forastero? - Exclamó uno de los guardas de aspecto muy joven.
Blop indicó con su mano hacia una lujosa caverna incrustada en la ladera de la montaña.
- ¡Ese es el cubículo de nuestro líder Gabus! - Puntualizó el otro guarda. Un tipo mucho
más viejo que Blop, y de piel roja como una manzana.
- ¿No tenemos indicaciones de que nadie lo va a visitar o sí? - Corroboró con su compañero.
- ¡No! - Respondió el joven.
-Pues en ese caso- dijo el visitante -te pediría que por favor le fueras a decir a tu jefe que
Blop, necesita hablarle sobre algo de mucho interés.
-Un momento ¿tú eres Blop, el desertor? - El viejo guarda se sobresaltó al saber la identidad
del extraño.
- ¡Es correcto soy Blop! - Respondió el intrépido investigador, con voz firme y sin titubear
-Vengo de lugares alejados y con un conocimiento que cambiará de forma muy positiva el estilo de
vida de por acá. Lo de desertor lo comprendo, pero me gustaría que nuestro líder escuchara mi
versión de los hechos- Blop solo pedía una oportunidad de entrevista. Si era rechazada por Gabus,
debería ser juzgado por su crimen de deserción.
- ¡Claro ya te recuerdo! - Observó el viejo guarda -Has cambiado mucho con esa abundante
barba y esos cabellos largos. Pero aun conservas la mirada altiva y orgullosa que siempre ha
caracterizado a los de tu linaje. Igual que tus tíos y tu padre- el venenoso guarda parecía guardar
rencor contra la familia de Blop.
- ¿Por qué pierdes el tiempo hablando? Deberías estar informándole a Gabus, que Blop lo
necesita para asuntos importantes - dijo con autoridad el hombre de la piel de lobo.
- ¡No creo que nuestro líder quiera hablar de algo con un desertor! - Gritó el joven guarda,
con acento despreciativo y sonrisa burlona. Su compañero le había transmitido el veneno que
muchas veces brinda el poder.
-Hace varias vueltas que te largaste de aquí ¿por qué regresaste? ¿Acaso no te fue bien en tu
viaje más allá de las fronteras? - Nuevamente los guardas se plantaban ante Blop y le cortaban su
paso.
-Las respuestas a cualquier pregunta se las concederé únicamente a Gabus. Creo que entre
nosotros no hay más que hablar. ¡Preséntenme con nuestro líder! - El tipo conocía bien las reglas y
costumbres del pueblo, por lo que hablaba sin temor alguno. Los antipáticos guardas no tuvieron
más remedio que ceder. Cualquiera podía solicitar una entrevista con Gabus, si su sangre era
Akmevirit.
Blop seguía de cerca a los centinelas. La ciudad en ese momento de la mañana se
presentaba muy pintoresca. Los talleres de pan y galletas eran los primeros locales en abrir sus
puertas a los clientes, por lo que se miraban llenos de hambrientos trabajadores. Las tiendas de
armas era el otro negocio que no podía permanecer cerrado, decenas de pescadores y cazadores
llenaban estos lucrativos almacenes, donde podían conseguir desde anzuelos hasta espadas y lanzas.
Los mercados de pieles, las tiendas de frutas y huevos, los comerciantes de metales y hasta los
brujos y videntes llenaban las calles con servicios cada vez más modernos y especializados. Los
niños corriendo, las muchachas luciendo flores en sus largas cabelleras y los músicos ambulantes,
terminaban de colorear la visión del lugar.
Los aposentos de Gabus eran muy innovadores. Ya no dormía en cama de paja como
cualquier ciudadano de Akmevirit. Usaba un moderno colchón de plumas forrado en piel de
cordero. Su mesita de noche era fabricada en jade con fino acabado. Las paredes estaban adornadas
con dibujos de grandes cacerías de búfalos y bisontes, piedras vidriosas y en una esquina gran
cantidad de vasijas de barro cargadas con excelentes bebidas de la región. Además, un sistema de
caños hacia posible la llegada de agua potable en todo momento hasta su lavadero.
- ¡Quédate aquí desertor! Primero le preguntaré a Gabus si desea recibirte- fueron las
palabras del joven guarda antes de entrar a las estancias de su líder. Gabus era un tipo de más de cincuenta tiempos dorados, bastante fuerte. Su cabello y barba
eran matizados entre blancos y negros. Sus ojos eran grises y una cicatriz adornaba su ceja
izquierda, su pómulo derecho y bajaba por su mejilla, la había obtenido en una de las grandes
cacerías. Vestía un pantalón hecho de fibras bastante lujosas y sus botas eran de cuero de bisonte.
Portaba un báculo para caminar en la montaña.
El joven guarda al encontrarse con Gabus procedió a dar un saludo muy respetuoso e
informó sobre la situación.
-Señor un tipo de nombre Blop acaba de llegar a la ciudad. Se dice que es un desertor y pide
hablar con usted ¡no nos ha dicho la razón! -
- ¡Blop! - Dijo con asombro el líder - Lo recuerdo hijo de mi gran amigo Mikem. Pues dile
que pase Vort.
-De inmediato señor- el muchacho dio media vuelta y salió de la cueva.
Afuera esperaba Blop junto al mal humorado guarda. Vort se aproximó a su compañero y
muy levemente al oído le dio la noticia. Una expresión aún más amarga se dibujó en el rostro del
guarda, quien no pudo disimular su enfado.
- ¡Tienes suerte desertor! Nuestro jefe ha aceptado recibirte. Sin embargo, estaremos cerca y
te advierto que la más mínima ofensa o intento de ataque, será motivo para atravesarte el corazón
con mi lanza de metal- el tipo hablaba desde su irritado estómago enfermo por tanta chicha de maíz
-ya una vez un imbécil desertor como tú intentó matar a nuestro líder y yo mismo me encargue de
darle su merecido. No dudes que lo haré otra vez-
Blop solo lo miró y no dijo nada, su rostro no expresaba sentimiento alguno.
Momentos de silencio fueron precedidos y luego rotos con la voz de Vort, que disgustado
invitaba a Blop a pasar dentro de la cueva de Gabus.

Valoración: 0.0/5 (0 votos)

Comentarios

Aún no hay comentarios. Sé la primera persona en compartir una opinión respetuosa.