-- ¿Y se puede saber? -pregunté.
Eustaquio se alzó de su sillón con humos de gran conquistador.
-- Las chinchetas, amigo mío, son mis conquistas amorosas... -hizo una pausa señorial-. Como ve, he tenido amores, y muchos, en cada departamento.
Entonces me detuve a mirar con más atención. Conté las chinchetas de un departamento: once amores en Cuscatlán. Y éste era un promedio, aunque San Miguel era el más poblado.
Justo entonces apareció lo que no puede pasar inadvertido: en Sonsonate había una sola chincheta.
-- ¿Y por qué solo una?
Eustaquio, ahora, se sentó con aires de un señor de familia.
-- Verá, mi amigo, mi esposa es de Sonsonate... Y yo a mi esposa le soy fiel.
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