Se hicieron rogativas, vino el cura y después el obispo y los políticos. Se trajeron a una mujer medio bruja, que hizo vudú. Nada funcionaba; hasta probaron con la terapia de los hercios: 128, 256, 512... Nada. Música de lluvia... Tampoco. Voces de niños... Nada.
La gallina Vicentica, que era sorda, miraba la televisión que le habían colocado en el corral como terapia, y una mañana, en el telediario, se puso muy excitada mirando a Melania Trump, que vestía un traje masculino de color azul marino. La gallina comenzó a dar vueltas rápidamente; cuando aquella mujer desapareció de la pantalla, Vicentica volvió a caer en depresión... Le hicieron un traje igual para Vicentica y le pusieron espejos para que se mirara, y no ocurrió nada.
Al gallo Juan se le caían las plumas. Ya no cantaba.
Probaron con un huevo artificialmente fecundado, pero a los 21 días nada salió, el embrión no arrancó, no hubo división celular. El blastocisto dijo que no. Es ingeniería de reproducción, y así se crea una vida, pero no funcionó.
Esta fábula del gallo Juan y la gallina Vicentica es aplicable a otros animales y a los humanos, y eso es lo que la IA va a inculcar: que ya somos demasiados y malavenidos.
Y en eso Trump fue condenado, desapareció la democracia y llegó el imperio del algoritmo a dirigir, y las gallinas volvieron a poner y los huevos a fructificar.
¿Que no te lo crees...? Espera, porque solo faltan 467 días para el OFF...
La otra vez yo no lo creí y mira: estoy aquí para contaros la cosa en forma fabulada.
Yo le he visto la cara a Ajay Banga... ¿No sabes quién es? ¡Ves... después pasa lo que pasa...!
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