Me llama la atención porque ilusión no tienen; un poco de apego al dinero, sí, y una especie de cariño a los hijos o hijas, de los que tampoco esperan nada.
Estas gentes se han forjado en la sospecha de que los demás no les querían bien y no han confiado en nada ni en nadie, nunca.
Oyen noticias que les llueven sin discriminar y son seguidores de pautas simplistas sin que lleguen a contrastar nunca nada. Si fueran lectores -que no lo son ni lo serán-, cada uno leería su propia novela o la de otro, pero interpretando lo que le viniera en gana. Son cortos de diccionario, así dice Batiste, que afirma que nunca ha leído un libro de más de cinco hojas. Creo que da igual porque, para la vida que les ha tocado vivir, poco hubieran avanzado. A los 12 años ya iban al campo; eran tiempos de guerra. Mucha terapia individual para aguantar todo esto habría que hacer.
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