Hay cosas que comprendemos fácilmente y otras que llevan la etiqueta de extrañas y no hay manera, al menos para mí, y me ocurre casi siempre con casi todo. ¿Por qué ponen coches lujosos en los entierros? ¿Qué pasa ahí? ¿Qué necesidad hay?
¡Ponle un coche lujoso al difunto antes de que muera, llévalo a una marisquería y que se atraque de las cigalas que le gustan y dale champán para beber, que al fin y al cabo lo paga él! Pero no: tú racaneando con el dinero ajeno para embolsarte lo más posible cuando no esté.
Después dicen que los viejos son avariciosos, y tú, cuando ya está muerto, gastas para que el vecindario vea que no te duelen prendas. Prendas que sacas de los ahorros del muerto.
Mucha avaricia y mucho aparentar es lo que hay.
Sabiendo que, por no llevarlo a tiempo al especialista -que también pagaba él-, ha muerto porque llegaron tarde a remediar algo que se hizo crónico por tu culpa, por tu dejadez. Y cuando ya murió no insististe ni un minuto en: "¡Lázaro, levántate y anda...!".
Estuviste quieto a su lado vigilando que no se reavivara.
Al final creo que no vale la pena reconocer a nadie; yo hay días que me veo en el espejo y no me reconozco, porque la envoltura ha ido degradándose, aunque el interior parece que va aguantando década tras década.
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