Lectura

*Dia mundial de los ancianos*

Por José-Blas Molés Miró · España · Historia real

Dicen... Dicen... Dicen... que hoy es el Día Mundial de las Personas Mayores. Madre mía... eso puede ser un buen título para grafitear una pared o un vagón de tren.
Yo te explicaré, si pones atención y tienes el respeto que se debe tener a los mayores, lo que sería el primer Día Mundial de esas personas, pero de verdad. Olvidad la merienda que queréis darnos hoy y que nos visite el alcalde o quien sea para tentar la situación respecto a los votos que dentro de poco necesitaréis. Votos que queréis cosechar de nuestra mano, y poneos a trabajar en serio en varias cosas que no estáis capacitados para ver por vosotros mismos, por eso os las dictaré: quitar la cita previa a partir de la jubilación para todos los sitios de la administración. Limpiar las calles y los basureros y poner policía de barrio que acompañe con su sonrisa y su proceder a los que os precedieron, quisieron enseñaros, pero nada habéis aprendido porque no sabéis lo que es el respeto.
Habría que hacer un zumo con el caldo que atesoraran varios libros que son las Biblias o los Coranes para las gentes del mundo y los que no leyeron o no se enteraron al leer las distopías que llevan como ropaje: Ensayo sobre la ceguera, El hombre en el castillo -distopía o ucronía cogidas de la mano-, Un mundo feliz, con su sociedad enfermizamente consumista y separada en clases sociales, como las que tenemos ahora, todo real, 1984 y Rebelión en la granja, El cuento de la criada -libro que no entiendo cómo no lo leen a las mujeres desde niñas- y, finalmente, Fahrenheit 451.
Dejad los mandos de los televisores, apagad el Wi-Fi, esconded los teléfonos y poneos a leer esos siete libros, y después obrad en consecuencia si no es que vuestros cerebros ya no están revestidos de materia gris y estáis todavía contando la calderilla atesorada que creéis que os hace ricos, eventuales como sois en un mundo que desprecia a los que os originaron.
Tal vez deberíais contemplar también un cuadro de Rembrandt, un retrato de un anciano en meditación donde no hay milagros ni santos, solo el tiempo posado en la frente, las manos trabajadas y la luz natural de una ventana iluminando la dignidad de quien ya lo ha visto todo.
Un día, ya tarde, descubriréis que el amor y el amar van por un camino de dos direcciones.
No os volquéis a querer nada en demasía, que no os lo vais a llevar con vosotros a ninguna parte, descreídos, que sois unos descreídos.
El cielo ya anuncia con truenos su poderío mientras yo me tomo una Gilda y un vaso de sidra... Veremos cómo nos va esta vez con la alarma roja.

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