Aunque igual pudiéramos ser solo nosotros quienes estuvieran aterrados. Me acerqué gateando hacia la ventana, aprovechando la oscuridad de la habitación para mirar hacia afuera. No encontré nada, salvo gente tirada en el suelo. Murieron en la estampida de personas. El miedo los hizo correr los unos contra los otros, hemos visto cosas aterradoras en la ciudad, solo que eso era diferente. Siendo México, los asesinatos en vía pública eran comunes, solo que nunca a estas horas. Quién fuera no seguía las reglas de los carteles. Siendo la víspera de Navidad, habría gente afuera trabajando, otros en casa como nosotros pasando la noche hasta poder abrir los regalos. Una gélida noche que se convirtió en un infierno.
Luego de una hora en silencio, mirando hacia nuestros celulares esperando por señal, caímos en cuenta que nuestras familias seguían afuera. Comenzamos el descenso por las escaleras de la casa, mis padres deberían estar todavía en sus oficinas al otro lado de la ciudad, cerca de la capital, demasiados kilómetros para estar en peligro, aun así, quise asegurarme que todo estuviera en orden. Primero iríamos a visitar los padres de mi amigo, por cercanía. En cuanto pusimos un pie afuera, fue la imagen terrible, porque no tuvimos manera de prepararnos para lo que ocurría. Desde arriba, ver esos cadáveres era como de película o videojuegos, sin embargo, tenerlos de frente fue algo totalmente... real. Eso impactó demasiado, cualquier cosa que hayamos imaginado antes, palideció (igual que nosotros) ante cualquier idea, imagen mental o anticipación que hubiésemos conseguido. El paso entre ellos, nos llenó de náuseas. Obligué a mi amigo a tragarse su vómito, antes de expulsarlo, para no llamar la atención. Él tuvo que hacer lo mismo conmigo. Poco a poco fuimos avanzando, algo nos enseñó el estar jugando todas las noches: ser discretos, movernos rápido con sigilo, no usar linternas ni tonos de celular, sobre todo, nunca creer que estábamos fuera de peligro a menos que estuviéramos encerrados nuevamente.
Fuimos creando estrategias mentalmente, ninguno quiso decir lo obvio: estábamos solos hasta que encontrásemos a algún ser querido, teniendo cuidado porque cualquiera de los dos pudiera caer en desesperación ante la situación extraña. Poco a poco llegamos hasta una esquina de la calle principal, la que atraviesa toda la ciudad de norte a sur. Con paso lento, encontramos un campamento improvisado como si todo hubiese ocurrido hace días, alguien paranoide estaría festejando por dentro, consintiendo su espíritu de aventura. La realidad dio la razón a todos esos seres humanos que siempre creyeron en lo oculto, las sociedades secretas como el orden secreto.
De pronto, una figura alta se colocó detrás de nosotros. Nos sentimos como enanos, un hombre de metro ochenta, sosteniendo un rifle mientras nos veía a la cara en cuanto giramos. La ropa de marca, el calzado cómodo, mirada desolada, porte y actitud nos aclararon que era un traficante. Nos sentíamos en problemas sin tenerlo cerca, estábamos aterrados con su presencia. De pie, rápidamente, esperando alguna reacción agresiva nos quedamos callados hasta escuchar su voz carraspina por beber mucho o fumar. No hubo amenaza, sino una advertencia, una ayuda. Nos explicó que, en la ciudad el fenómeno llevaba solo unas cuantas horas, cuando mucho mediodía. Y en otras partes del estado, serian pronto días de lucha continua.
Aun con temor, les explicamos que pensamos en ellos como los culpables. Soltó una palmada en la espalda de cada uno, sonriendo con tristeza, vociferando para sus adentros llamándonos inocentes e ingenuos... se sintió como un insulto, aunque no lo fuese. Preguntamos si era producto de un fenómeno sobrenatural, si alguien en el orden mundial comenzó con la purga, si estaríamos siendo elegidos o algún grupo de alienígenas elegiría los mejores especímenes. No se burló, eso me sorprendió. Siendo el único adulto en la zona, comprendimos su intento por escucharse protector. No quería lastimarnos, tampoco confundirnos, solo resguardar la poca humanidad que quedara en nosotros.
- Personas muchacho, personas hicieron esto. - Se miró las manos, como buscando la forma correcta de decirlo, he visto ese gesto en mis padres. - Son tan capaces como nosotros, aunque crueles hasta un extremo peligroso. Han renunciado a su propia consciencia. No los atormenta el recuerdo ni les quita el sueño. -
Mi amigo y yo nos quedamos en silencio, no supimos cómo responder. Sonaba preocupado en verdad, con un toque de miedo. ¿Sus pesadillas se hicieron reales? No cuestionamos cuando nos ordenó seguirlo, quizá fue una sugerencia, no importaba. Entendimos tres cosas: él siendo el único adulto cerca capacitado para cuidarnos, estábamos perdidos en una ciudad destruida, incluso si fuera peligroso no intentó asesinarnos. Seguiríamos con vida, es el punto importante. Agachamos la cabeza cuando nos dijo, corríamos a su indicación, sostuvimos la respiración cuando lo hizo, y nos cubrimos donde señalase. Paso a paso, cada instrucción como si nuestra vida dependiera de ello, y quizá así fue.
Llegamos hasta una vieja estación de gasolina, abandonada, donde la tienda de autoservicio dio paso a un refugio improvisado para vagabundos, solo que ahora encontramos traficantes de su mismo grupo esperando para formar filas. El plan existía, también el conteo contra reloj.
- Los mercenarios matan por dinero. - Comenzó a explicar mientras sorbíamos el café que nos ofrecieron. - Nosotros, vendemos drogas y armas por dinero. Nos mueve el poder, la influencia y la lealtad. -
Se calló, como considerando continuar o callar por el resto del día. Levanté la mano como queriendo preguntar algo, mi amigo, que parecía tener pensamientos claros a comparación de mí, me pidió quedarme en silencio y solo esperar. Me señaló mi café, luego tomó del suyo. Repetí su gesto. Segundos después, nuestro... ¿rescatista? ¿Salvador? ¿Apoyo? Siguió con su discurso.
- Miguel Ángel, me llamaron mis padres, dijeron que sería un ser de bien. - Nos miró, como imaginando cosas. - ¿Qué dirían si se enteran que he matado personas con mis manos? Agradezco a Dios por darme la fuerza que tengo y por permitir que mis padres fallecieran hace años. - Su mirada de nuevo se perdió.
Escuchamos cuchicheo desde otra parte del refugio, entendimos que ese punto se formó como un punto de salida para tráfico de drogas y en ese momento, lo usarían para trasladar gente, lejos de cualquier amenaza. Nos comentaron que salieron en nuestra búsqueda, porque no quedamos solos, otros jóvenes que perdieron a seres queridos, como amigos o profesores. Los padres que lograron sobrevivir, estaban siendo atendidos de heridas. Nos llevarían ahí.
- Estos desgraciados solo quieren ver sangre correr por las calles. - Tomó de nuevo su rifle. Dio señales con unos pocos gestos, guiando a decenas de hombres y mujeres. - Otrora fueron mercenarios, los contratamos para eliminar a la competencia. De primero parecían eficientes, donde sea que fueran dejaban todo "limpio". En una misión hacia una ciudad, acabaron con todos, incluyendo a niños y niñas. Dejamos de contratarlos. -
Otro de los traficantes se acercó a preguntar detalles de nuestros nombres, edades, hogares, dirección y escuelas. Dijeron que nos ayudarían a encontrar a nuestros padres o alguien que supiese de nosotros. Obedecimos nuevamente, confundidos aun por la situación. Pensé que las respuestas generarían preguntas nuevas, algunas quedándose sin respuesta. Ayer, viendo fotos de jóvenes guapas en el celular, pensando en dejarme la barba y ahora, preguntándome si terminaría con vida la semana porque unos dementes se pusieron a asesinar por gusto.
- El ejército viene en camino. - Lo miramos sorprendidos hasta que suspiró. - Hemos comprado gente en muchos niveles. Nuestro contacto nos informa que están enterados de la situación. Los soldados en el estado no pueden salir de sus bases sin arriesgarse a morir. Atacarán desde afuera. Nosotros, solo los contendremos. -
Alcancé a murmurar un "porqué", mientras nos guiaron hacia los túneles. Me abrazó. Dijo que no es cruel, ni un monstruo, que tiene familia propia y aunque nunca ha sido honorable, valora la vida. Comprendimos que hay personas malas y monstruos. Él nos estaba salvando de los segundos. ¿Teníamos opción? No. Ni él tampoco. Tener gente asustada corriendo por las calles crearía mayor caos. Siendo demasiados los muertos al momento. Comprendí que en crisis, las personas pueden olvidar los bandos para ayudarse, también, las personas pueden convertirse en bestias sedientas de sangre.
Escuché la voz de mi madre al fondo del túnel.
Valoración: 0.0/5 (0 votos)
Comentarios
Aún no hay comentarios. Sé la primera persona en compartir una opinión respetuosa.