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ENCONTRÓ LA INSPIRACIÓN PERO PERDIÓ EL AMOR

Por Javier herrera palma · Venezuela · Amor

ENCONTRÓ LA INSPIRACIÓN PERO PERDIÓ EL AMOR
ENCONTRÓ LA INSPIRACIÓN, PERO PERDIÓ EL AMOR
Javier Herrera Palma

En el bullicioso corazón de Caracas, donde las luces destellaban y los sonidos de la ciudad nunca dormían, vivía una joven llamada Consuelo. Trabajaba como camarera en el Gran Café en el boulevard de Sabana Grande y soñaba con llegar a ser una reconocida fotógrafa. Cada día, después de su turno, Consuelo vagaba por las calles con su cámara.
Capturaba momentos efímeros: un anciano leyendo un periódico en un banco del boulevard, niños corriendo detrás de una pelota en un callejón, una pareja robándose un beso bajo la luz tenue de un farol. Estas imágenes, pensaba Consuelo, eran las verdaderas historias de la ciudad.
Una noche, mientras fotografiaba los grafitis de un mural en el boulevard de Sabana Grande, Consuelo escuchó una melodía cautivadora. Siguiendo el sonido, llegó a una pequeña plaza escondida entre altos edificios. En el centro de la plaza, un joven tocaba un desgastado violín con pasión y maestría. Su música parecía elevarse por encima del ruido constante de la ciudad, creando extrañamente, una burbuja de paz y serenidad.
Intrigada, Consuelo se acercó y comenzó a fotografiar al violinista. Él la notó, pero no dejó de tocar. Al terminar la pieza, se acercó a Consuelo y le sonrió.
-¿Te gusta la música?, preguntó.
-Me encanta, -Respondió Consuelo, aún absorta en la magia de la melodía. -Tu música es increíble. ¿Cómo te llamas?
-Me llamo Calógero, dijo el joven -Toco en esta plaza todas las noches. Es mi refugio. Consuelo y Calógero comenzaron a conversar y descubrieron que compartían una pasión por el arte. Ana le mostró algunas de sus fotos, y Calógero, impresionado, le propuso una idea.
-Deberíamos colaborar, -Sugirió. -Tu talento con la cámara y mi música podrían crear algo diferente.
Durante las siguientes semanas, Consuelo y Calógero recorrieron Caracas juntos. Él tocaba el violín en distintos rincones de la ciudad, mientras ella capturaba esos momentos con su cámara. Sus colaboraciones se convirtieron en una sensación en las redes sociales, con miles de seguidores. Las fotos de Consuelo, acompañadas por la música de Calógero, contaban historias sin palabras, poderosas y emotivas de la vida urbana.

Un día, mientras revisaban sus trabajos, Consuelo tuvo una idea.
-¿Y si organizamos una exposición? -propuso. -Podríamos mostrar nuestras fotos y tu música al mismo tiempo. Sería una experiencia inmersiva para la gente. -Siguió imaginando la joven con ojos brillantes transportada en segundos, como los aborígenes australianos al sumergirse en el mundo de sueños.
Calógero estuvo de acuerdo, y juntos trabajaron arduamente para hacer realidad la exposición. Utilizaron un pequeño local casi escondido en "La Candelaria", sector de la ciudad con muchos restaurantes de comida española, portuguesa e italiana y lo transformaron en un improvisado Café-galería.

La noche de la inauguración, el café-galería estaba desierto, pero con los días, poco a poco, primero un escritor de cuentos que estaba casi terminando su libro que llegaría a ganar un concurso en México "Puro cuento", quedó encantado con el ambiente.
Luego un periodista que solo era conocido por su apodo de "El Catalán" tomo como hábito pulir sus artículos deportivos cada noche, que luego enviaba por correo al diario "La Vanguardia" de Barcelona, y así sucesivamente.
Poco a poco los artistas y bohemios de la ciudad, encontraron un refugio con un ambiente lleno de magia donde las paredes estaban tapizadas de hermosas imágenes de la ciudad y el ambiente de melancólicas melodías arrancadas de aquel viejo violín.
Cualquier día cuatro estudiantes de la facultad cercana de arte de la Universidad "Armando Reverón", llegaron hasta el local. A las pocas semanas se fue corriendo la voz y los integrantes de media facultad, ya no cabía dentro del pequeño recinto.
La primera exposición que hicieron, fue un éxito rotundo. Las fotos de Consuelo, acompañadas por la música en vivo de Calógero, transportaban a los visitantes a los rincones más íntimos, escondidos y vibrantes de su espíritu, pero la guinda del pastel fue el reportaje escrito por "El Catalán", en el periódico de Barcelona, España.

Al final de la noche, Consuelo se dio cuenta de que había encontrado más que una nueva faceta artística; había encontrado su verdadera vocación y en Calógero, sin quererlo, nacía la fuerza de un amor que inevitablemente resultaría imposible.
Consuelo recibió una oferta para exponer en Madrid para instalarse en una galería, cerca de una estación del Metro llamada "Tirso de Molina". Con el tiempo y el éxito, se mudó a una más grande en un mejor sector de la ciudad.
Y así, bajo las luces titilantes ahora en las noches de la ciudad, Consuelo continúo capturando más atención y creando una esencia solo propia de los predestinados a triunfar, esta vez en la Capital de España, demostrando que el arte tiene el poder de transformar realidades.

Calógero, por su lado, los acordes de su violín se fueron transformando emitiendo cada vez con más énfasis, una tristeza infinita, hasta que finalmente el joven cayó enfermo con una depresión y falleció de manera repentina e inexplicable.
La gente que lo llego a conocer, solía decía con frecuencia que quizás tan solo había fallecido producto de esa profunda pena que le produjo el desamor.

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Comentarios

Prof. José Núñez

Javier, recibe un abrazo de hermano y paisano. Gracias por escribir, lo haces muy bien. Me gustan este tipo de historias. Una cosa, no sé si lo haces a propósito, pero note que en una oportunidad llamaste a consuelo con el nombre de Ana. Un abrazo.

Javier herrera palma

Buena observación. Demuestra que lo leiste con deteniomiento. Muchas gracias José.

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