Lectura

Disociación

Por Juan Alberto · España · No Ficción

Disociación
La escritura de no ficción dispone de una ventaja con respecto a la de ficción: no necesita ser verosímil. Su principal restricción consiste en que ha de ser verídica, esto es, ha de ceñirse a los hechos; pero a menudo estos son tan extraños y disparatados que resultan casi imposibles de creer (como reza el título de una novela de Daniel Sada: "porque parece mentira, la verdad nunca se sabe"). El escritor de no ficción se limita a contar lo sucedido de la mejor manera que sabe. Una vez hecho esto, el lector goza de entera libertad para darle o no darle crédito. Una narración real puede incluso parecernos inconcebible como tal; esto es, concebible sólo como fruto de una fantasía desbordada. No hay ningún problema con eso: forma parte del bagaje de la experiencia humana. Todos hemos sentido alguna vez una evidente disociación entre lo que existe y lo que sería esperable que existiera; entre el extraño y a veces mágico mundo real y el monótono y siempre previsible mundo de lo razonable. Y no creo andar muy errado si afirmo que esta disociación es especialmente acusada en el caso de España. Repasemos algunas anécdotas recientes de políticos españoles que nos daría mucho apuro incluir en una obra de ficción, debido a su inverosimilitud.

La inefable vicepresidenta del gobierno de España, Yolanda Díaz, completamente enfurecida y desmelenada por los abusivos precios de los alquileres de la vivienda, realizó recientemente estas declaraciones durante la fiesta del PCE: "Si hay que movilizarse, como dicen Pacheco y Pepe, contra el gobierno de España, pues contra el gobierno de España". Finalmente, creo que no llegó a movilizarse.

El charnego Gabriel Rufián se integró tanto en los círculos nacionalistas catalanes que consiguió un escaño como diputado en Las Cortes españolas por ERC. No sé si empezó entonces la cosa o le venía ya de lejos, pero es innegable que aquí en Madrid ha bordado el papel. Me refiero a su personaje de chulito. No sé cual será su fuente de inspiración. Tal vez Pichi, el chulo que castiga, de la zarzuela "Las corsarias". Tal vez otra zarzuela. No sé. Si hacemos caso a los mentideros de la Villa, Rufián disfruta mucho de la noche madrileña. Quizá se le hayan pegado las formas insolentes que se gastan por estos pagos. A veces se extralimita y su chulería deviene puro macarrismo, pero la gente se lo perdona: es tan guapo... Y, además de chulo y de guapo, es un "echao palante", alguien que se pone el mundo por montera. Como es de sobra conocido, fue uno de los principales propulsores (y me atrevería a decir que artífices - presuntamente, claro - ) del intento de golpe de estado en Cataluña. Le tenía sin cuidado, pues, poner en riesgo la convivencia pacífica entre españoles con tal de que su querida Cataluña se independizara de la malvada España. Pues bien, resulta que últimamente, aprovechando su tirón en las redes sociales, este político de rompe y rasga se está dejando querer por las fuerzas españolas de "izquierda a la izquierda del PSOE", mientras baraja la idea de postularse como candidato de una coalición de todas ellas en las próximas elecciones generales. Ver para creer.

Recientemente, el presidente Sánchez se ha sentido muy dolido con el desahucio de una vecina del barrio de Retiro. Poco antes de participar en la Asamblea General de Naciones Unidas, pronunció estas palabras: "El desahucio de Maricarmen es una tragedia social que no podemos aceptar como país". Lo que no dijo Sánchez es que el promedio anual de desahucios por impago de alquiler se ha situado en 27.381 durante su presidencia. Y tampoco que los desahucios anuales en este periodo no han bajado de 19.676 (valor alcanzado en 2023). Pero, vete tú a saber por qué, el desahucio de Maricarmen le ha afectado especialmente. Estas cosas pasan. Tanto le ha afectado, que no ha tenido ningún reparo en valerse de la ola de solidaridad nacional que ha provocado el caso (y cuyo momento cumbre ha sido la acampada de la Puerta del Sol) para hacer de la lucha por una vivienda digna su principal reclamo propagandístico en la recién iniciada campaña electoral. No todo el mundo vale para esto. Sobre todo teniendo en cuenta que, durante los últimos ocho años, los gobiernos de Sánchez no han hecho prácticamente nada en materia de vivienda. Hay datos demoledores. El porcentaje de viviendas de alquiler social en España se sitúa en torno al 1,6%, en comparación con un promedio estimado para la Unión Europea del 6,5%. Además dicho porcentaje ha decrecido considerablemente: desde el 2,5% correspondiente a 2017 al mencionado 1,6%. Hace falta tener cuajo.

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