Publicado en Plumagrafito — 10-10-2026 07:11 · 2 min de lectura
Una vez corrí los 100 m en 11 segundos y algo más; claro que aquellos tiempos se tomaban a mano, y además creo que el cronometrador llevaba gafas de Rompetechos. Yo, que gané aquella carrera a contracorriente porque había al menos uno o dos que corrían más que yo, me puse relativamente contento -no mucho-. No hubo color porque, para más inri, me crucificaron descalificándome por haber salido antes de tiempo; el VAR de la época era la manía que me tenía el profesor. Me dio igual, ni tan siquiera un ligero roce en mi armadura moral; no me desmotivó, pero no volví al atletismo. Me pasé al ciclismo, pero como amateur-amateur. Aquello se me dio bien por mi constancia: hice kilómetros para dar y vender y, claro, algo había salido bien. O yo fui mejorando bastante, o los que venían en mi equipo eran malos, o una mezcla de ambas cosas. Al menos hacía deporte y me quedaba la mente en blanco. A mí el esfuerzo continuado me da una especie de relax de alto nivel, y puedo continuar esforzándome al máximo mientras me parece que estoy descansando. Una vez tuve un caballo que hacía paso llano. El paso llano es algo especialmente agradable; yo recuerdo casi dormir yendo a caballo.
Echo de menos eso y montar en bici sin cansarme.
Ahora estoy anotando las referencias a cosas religiosas, taurinas o militares cuando hablamos; ya veréis la cantidad de "palabros" que introdujeron para adoctrinarnos. De tema militar tengo ocho por ahora, de tema taurino una docena, y de tema religioso tengo catorce por el momento. Hay un sustrato latente que las futuras generaciones irán limpiando; al menos eso espero.
Es lo que hay por el momento, y aquí paz y después gloria.
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