Tal es así que rebuscando en un archivo ha llegado ante mis ojos una película de hace 30 años; he leído su argumento y he visto la película con interés, no sé si es un peliculón o casi, pero la he visto con atención inusitada: Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto, cine negro y drama como algunas vidas lo son.
El guion es una fantasía y refleja la sensación de que, cuando muramos, no habrá huella alguna de nuestro pasado por el mundo y a la sociedad no le importará nada lo que hayamos podido decir o hacer. Desapareceremos o nos harán desaparecer sin que nadie reclame nada de nosotros. Sic transit gloria mundi.
Las cosas son importantes en su momento preciso, ni antes ni después de ese futuro incierto, y después llega un pasado olvidado o casi olvidado.
Una lata de berberechos carísimos importan en el momento de comerla; no interesa más que el presente, el instante de comerte el mar.
Ni un atisbo de preocupación porque no se nos tenga en cuenta ni se nos recuerde: lo que no se ve no existe, lo que no importa, no es, y solo se es ante la importancia que te da otro, tú no cuentas.
Y aunque contaras, sabes que nadie hablará de nosotras cuando estemos muertas.
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